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Medio ambiente

Del fuego a la inundación, las secuelas de los incendios: «Un solo queimado facilita unha riada; os lumes agravan o risco»

Serafín González, investigador del CSIC, afirma que «nun terreo espido aumentan sen ningunha dúbida a escorrentía e o caudal punta», pero también pone el foco en la prevención de las llamas: «Máis do 90% dos incendios son por causa humana; aí é onde hai que actuar»

Madera talada del monte quemado acabó arrastrada por el torrente de agua, tras la tromba del pasado miércoles en Viana do Bolo.

Madera talada del monte quemado acabó arrastrada por el torrente de agua, tras la tromba del pasado miércoles en Viana do Bolo. / Rosa Veiga/EP

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Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

El doctor en Biología Serafín González es una de las voces más prestigiosas y autorizadas en el ámbito medioambiental. Este experimentado edafólogo, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), preside la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN). Las riadas en Valdeorras y Viana do Bolo del pasado miércoles, en zonas asoladas por el fuego el pasado verano, han suscitado una reflexión en los últimos días, entre vecinos y autoridades, sobre los efectos a medio plazo de los incendios forestales, cuyo daño permanece más allá de los días críticos de la emergencia. «Un solo queimado é máis escuro, polo cal quece máis rápido e evapora a agua antes, polo que podería axudar a que se forme unha treboada», expone González. «Se nun solo queimado se danou moito contido de materia orgánica, pérdese unha gran capacidade de almacenar agua, a escorrentía vai máis rápido, co cal facilita a riada e o caudal punta».

Con la cautela que requiere una respuesta a sucesos inmediatos, González indica que «non sei se a riada se produciría se non houbera os lumes, pero está claro que estes lumes agravan o risco e a probabilidade de treboadas, e nun terreo espido aumentan sen ningunha dúbida a escorrentía e o caudal punta», indica. «As circunstancias apuntan a que agravou a magnitude das riadas. Ten toda a lóxica», añade.

Daños en la planta baja de una casa de A Bouza. La corriente torrencial inundó y daños varias construcciones en la aldea.

Daños en la planta baja de una casa de A Bouza. La corriente torrencial inundó y dañó varias construcciones en la aldea. / Brevebretema

El experto participó en el estudio de un incendio forestal registrado en Laza en 2010. «Catro anos despois, os cinco primeiros centímetros da capa superficial do solo perderan a metade da súa capacidade de almacenar a agua».

Para evitar estos daños acumulados durante meses o años tras un incendio, técnicas paliativas como el mulching, es decir, el acolchado con paja en áreas con pendiente —más expuestas a la erosión— ayudan pero no son una solución mágica. «É imposible actuar co alfombrado de palla nunha superficie queimada tan enorme. Aínda que só houbese que intervir no 10% da extensión queimada, serían arredor de 12.000 hectáreas, o que multiplicado por 2,5 toneladas de palla por hectárea elevaría a necesidade de material a 30.000 toneladas. Iso son 1.000 camións. O mulching competiría coa propia demanda de alimento do gando», expone el especialista.

Los incendios, que llegan a ser monstruos con un poder devastador cuando se unen condiciones extremas de calor, humedad y vegetación acumulada, se alimentan de la emergencia climática, con veranos cada vez más cálidos. Con todo, Serafín González recuerda un factor clave y evitable: «En Galicia máis do 90% dos lumes acontecen por causa humana. Aí é onde temos que actuar».

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