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Violencia machista

Condenado en Ourense un maltratador que perseguía a su expareja y la sometía a amenazas e insultos como «matabebés»

«¿Quieres la pesadilla que se avecina?», la intimidó tras la ruptura. La amedrentó pasándose una navaja por el cuello o simulando con la mano un disparo en la sien. El acusado evita ir a prisión si no delinque en dos años, respeta el alejamiento y realiza un curso de igualdad. La sentencia lo priva durante tres años de la patria potestad de la hija menor

Una concentración feminista en Ourense.

Una concentración feminista en Ourense. / Brais Lorenzo

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Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

Es un maltratador psicológico que controlaba, hostigaba, amenazaba e insultaba de forma habitual a su expareja, a partir de la ruptura definitiva de la relación, en agosto de 2021. Un acuerdo de conformidad entre la Fiscalía, la acusación particular y la defensa impone a un ourensano, sin antecedentes penales, una condena por los delitos de maltrato habitual, amenazas y coacciones. La primera de estas infracciones penales conlleva un año, nueve meses y un día de cárcel, pero la pena de privación de libertad queda suspendida tras el pacto entre las partes.

En la sala de vistas, la magistrada de la Sección Penal (plaza 1) de Ourense advirtió al acusado de las consecuencias si incumple los requisitos aceptados. No puede cometer ningún nuevo delito en los próximos dos años, tiene prohibido comunicarse y aproximarse a menos de 200 metros de la víctima, y debe realizar un curso en materia de igualdad de trato y no discriminación. Además, la sentencia, que ya es firme, impone a este maltratador 138 días de trabajos en beneficio de la comunidad, la privación del derecho a la tenencia y porte de armas durante seis años y medio, así como la inhabilitación para el ejercicio de la patria potestad con respecto a la hija menor de edad de ambos.

Según los hechos probados, desde la ruptura de la relación «y de modo frecuente, reiterado y dilatado en el tiempo», este maltrador sometió a la víctima a continuos insultos, como «puta, mala madre, matabebés». La mujer sufrió amenazas y control del varón, y episodios de violencia. «Este clima de control y hostigamiento permanente y prolongado se mantuvo hasta noviembre del año 2023», afirma la sentencia, que cita varios hechos de alcance penal.

El 24 de agosto de 2021, con la ruptura reciente, el acusado envió un mensaje de audio en el que intimidaba a la mujer: «¿Quieres la pesadilla que se avecina?, pues aún no has vivido nada; lo peor es lo que queda por llegar». El maltratador perturbó la tranquilidad de la víctima. «Te estoy diciendo y avisando, no es una amenaza, pero esto no es nada con lo que viene. ¿Quieres arreglar las cosas? Es que tú no te haces ni idea de todo lo que te puede pasar», amedrentó él.

El 10 de septiembre de ese año, el acusado profirió otra amenaza, en esta ocasión gestual. Cuando su expareja y la hija en común se iban a meter en el coche, el individuo hizo con la mano el gesto de una pistola en la sien.

El 13 de diciembre de 2022, la víctima acudió al domicilio del acusado para llevarle una cosa a la menor, que estaba con el padre. Cuando bajó a la calle, el varón sacó una navaja e hizo el gesto de pasársela por el cuello, mientras le decía a su expareja: «Muerta». El 1 de febrero de 2023, se pasó el dedo por el cuello en señal de que iba a matar a la perjudicada. La mujer sufrió una crisis de ansiedad y tuvo que acudir al centro sanitario.

Tuvo más comportamientos violentos y machistas. Desde la ruptura en agosto de 2021, intentó acercarse a la víctima y comenzó a vigilarla y a perseguirla. Frecuentaba los lugares a los que ella acudía con su hija, como el parque al que iba a jugar con sus amigos, el supermercado o los bares.

Ella se vio obligada a modificar sus rutinas ante el temor y desasosiego que le provocaba la actitud vigilante del acusado. Le pedía a su padre que la acompañara a recoger a la menor, cambiaba la zona de aparcamiento, alteraba sus recorridos habituales y limitaba sus salidas al exterior para evitar encontrarse con el maltratador. Este comportamiento del acusado causó a la víctima estrés postraumático y sintomatología ansiosa y depresiva. Le han quedado secuelas psíquicas. En la vista, la mujer renunció a ser indemnizada.

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