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Morir de viejo en el albergue, sin ser adoptado

Hasta cinco abandonos de mascotas al día en Ourense: «Un animal no es un juguete, la mayoría son por causas que no se justifican»

La presidenta del albergue de animales del Concello de Ourense alerta de que «nos critican porque no podemos acogerlos, pero no llegan las jaulas para tenerlos en cuarentena, y la mayoría de las causas -que se van de vacaciones o cambian de piso- no están recogidas en el protocolo de acogida»

Area Cid, presidenta de Progrape, con dos de los canes que llevan años en el recinto sin ser adoptados

Area Cid, presidenta de Progrape, con dos de los canes que llevan años en el recinto sin ser adoptados / Iñaki Osorio

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El albergue de animales del Concello de Ourense está viviendo uno de sus momentos más difíciles. El número de abandonos de animales no para de crecer «y tenemos días de cuatro, cinco o más, pero no por razones de peso, sino por cambios de vivienda, porque se lo compramos a la abuela y ahora es un cachorro que no puede atender; porque ahora se murió, porque cambio de piso y en la nueva vivienda no me lo quieren. Es lamentable; ¡si cambias de piso elige otro que admita mascotas!; no son juguetes» afirma Andrea Cid.

Ella es la presidenta de Progape —la asociación encargada de gestionar el servicio de albergue de animales municipal—, y lamenta que llegan personas o nos llaman pidiendo abandonar a su perro o gato, por motivos que no tienen que ver con el protocolo estricto que marca la administración, y que no tiene que ver con el capricho de gente que solo quiere deshacerse de ellos, explica.

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Un trabajador atendiendo a canes acogidos en el albergue de animales de la ciudad / Iñaki Osorio

El albergue tiene en la actualidad entre 120 y 130 perros, además de una importante colonia de gatos, pero «el flujo de entrada es impredecible y desborda las infraestructuras. «Recogidas se hacen al día, a lo mejor cuatro, cinco, seis», explica Cid, quien aclara que, aunque algunos poseen microchip y son recuperados por sus propietarios, el ritmo de ingresos desvirtúa las directrices teóricas de la instalación: «Recibir entre cuatro y cinco abandonos al día no responde a los criterios bajo los cuales se estructuró el protocolo del albergue».

Protocolo de aislamiento

La normativa interna del albergue dictamina que todo animal recién ingresado debe someterse a un periodo estricto de observación en solitario para garantizar la seguridad sanitaria del recinto. Sin embargo, la capacidad arquitectónica actual hace imposible sostener este procedimiento ante el volumen actual de abandonos.

«La normativa dice que para poder recoger a un animal tiene que estar un tiempo en cuarentena», argumenta la presidenta de Progaape. El centro cuenta únicamente con una hilera de 11 jaulas individuales destinadas a este propósito. «No hay más», asevera Cid, añadiendo que el resto de las instalaciones corresponden a patios cuyos habitáculos deben cerrarse de forma obligatoria durante la noche para evitar que los animales «se puedan matar toda la noche cuando no estamos aquí».

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Aleza, enferma y condenada a morir en el albergue, tras 13 años sin ser adoptada / Iñaki Osorio

La falta de espacio físico impide expandir el recinto de forma directa debido a la propia orografía del terreno circundante. La dirección advierte de que forzar la capacidad máxima del centro no es una opción viable sin poner en peligro la integridad de los animales que ya residen en Vilar das Tres.

Pretextos para el abandono

«La gente no lo entiende y se enfada, pero si sigo recogiendo animales, pongo en riesgo a los que ya viven aquí, porque tengo que empezar a juntar perros que no conozco. Eso es lo que no puedo hacer».

Desde la asociación ven un cambio drástico en las motivaciones de la ciudadanía a la hora de deshacerse de sus mascotas, pasando de situaciones de fuerza mayor debidamente documentadas, a pretextos meramente logísticos. Tradicionalmente, el centro atendía de forma muy puntual casos excepcionales: personas dependientes, desahucios o fallecimientos sin herederos.

«Ahora es por menos de nada». El pretexto del cambio de piso a otro que no admite mascotas «es como si tú tienes tres hijos y te mudas a un sitio a una urbanización donde no se permiten menores y entonces los dejas». Asimismo, la entidad critica que se intente utilizar el albergue público como un recurso vacacional o de conveniencia personal ante viajes de última hora. «Este es un centro de recogida de animales perdidos o abandonados. Tu perro contigo, de tu propiedad, no es un abandono. Eso no es un motivo justificado», concluye de forma tajante.

Adopciones a la carta: solo canes jóvenes y pequeños

A la problemática del incremento de ingresos se suma la dificultad para dar salida a los animales adultos. Cid recuerda que hace más de una década la tipología de entrada habitual incluía de manera frecuente camadas y perras gestantes, lo que agilizaba las adopciones, ya que «la gente se llevaba siempre los cachorros».

Ese criterio de selección actual de personas que buscan «adopciones a la carta» perpetúa la estancia de los perros de mayor edad en el centro. «Si había un perro con un año, ya no salía. Pero si hay cachorros, no se llevan el de un año».

Morir de viejo en el albergue

Esto genera casos como el de Aleza, más de 13 años en el albergue; Pituca y tantos otros, a los que todo apunta que les va a tocar morirse en un albergue al que llegaron hace tantos años.

La dirección del albergue apela directamente a la corresponsabilidad social, para plantearse a quién y con qué intenciones se compra un perro, para luego tratar de abandonarlo al primer escollo, «porque son la mayoría perros comprados, no adoptados, los que quieren abandonar» indica.

Y a veces del modo más burdo, dejándolo de noche y con alevosía en las puertas del albergue. Advierten de que «hay cámaras en el exterior del albergue y su entorno y ya se ha identificado por el coche muchas de estas personas, se ha ido a juicio y la Xunta les ha impuesto fuertes sanciones» indica Andrea, que pide campañas para un cambio de mentalidad social.

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