Viana do Bolo
Altruismo y trabajo en equipo para recuperarse tras la riada: «É difícil pero hai que afrontalo»
Continúan las labores de retirada de toneladas de material arrastrado, los vecinos se ayudan para limpiar los bajos de las casas y la respuesta a la emergencia une a las administraciones. «Non ten sentido se non declaran a zona catastrófica», insisten en A Bouza, la zona cero de los daños
Cruz Roja abrirá una cuenta para ayudar a los damnificados

Brigadas de la Diputación de Ourense y vecinos cooperan en la limpieza y retirada de material acumulado en A Bouza, Viana do Bolo. / FDV

Benjamín Carballo siente la necesidad de volver a dormir en su casa este sábado, en A Bouza, la zona cero de la destrucción por la riada en Viana do Bolo. Las últimas tres noches las ha pasado a unos pasos, en la vivienda de su madre. Cerca sobrecoge un gran boquete en una pared del domicilio de su hija. La fortísima riada que atravesó este núcleo de viviendas puso en peligro al sexagenario, que logró escapar de la planta baja junto a su hijo, a través de una ventana, al límite, en el estrechísimo margen entre salvarse y contarlo, o morir. Los desperfectos en sus propiedades y en buena parte de la aldea —el torrente de lodo, piedras y madera arrasó cuatro bodegas, alpendres y el horno comunal, donde horas antes había vecinos reunidos elaborando pan— se unen al impacto emocional de los duros acontecimientos. «Algo vas recuperando, pero vai tardar moito ata quitar isto de encima», dice Benjamín sobre el peso psicológico de los hechos. El vecino urge un paso burocrático que, creen en A Bouza, sería decisivo para movilizar y acelerar las ayudas que permitan volver a empezar. «Non ten sentido se non declaran a zona catastrófica», subraya. Mientras tanto, y hasta primera hora de la tarde de este sábado, «peritos dos seguros, por aquí non veu ningún».
El golpe aflora el sentido de comunidad, acentúa la solidaridad y el altruismo. Los afectados se afanaron en retirar lodo y escombros de sus casas, en limpiar todo lo posible, y también en aunar fuerzas para colaborar con los demás. «Hai xente que repartiu polas aldeas carretillas e pas, tamén hai mozos voluntarios que axudan. O luns, a Cruz Vermella abrirá unha conta para poder axudar os afectados», avanza el alcalde de Viana do Bolo, Germán García-Ávila. Hay algún residente en A Bouza que ya ha requerido ayuda psicológica, por la carga emocional de la catástrofe, complicada de digerir. «Isto é dificil psicoloxicamente, pero hai que afrontalo», empatiza el regidor. Según confiesa, encadena días sin apenas dormir.
El Concello tendió 300 metros de mangueras para restituir el suministro de agua en A Bouza, tras los daños por el arrastre y depósito de toneladas de material en la aldea. Además, el Ayuntamiento ha repartido agua potable en botellas. Para facilitar la evacuación de la escorrentía en caso de que vuelvan las lluvias se abrió una zanja entre los escombros. El plan fue dejar margen para que los peritos de las aseguradoras acudieran a la aldea, evaluasen los desperfectos y levantasen acta para resolver las coberturas. El objetivo es retirar cuanto antes el material que colapsa la localidad.

Un hombre colabora en la limpieza tras la riada, este viernes en Pradocabalos. / Rosa Veiga/EP
El Ayuntamiento, la Diputación y la Xunta así como la empresa Tragsa —por delegación de la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil— colaboran para liberar caminos, carreteras y el cauce del río de la amalgama de madera, vegetación y piedras que la tromba arrastró corriente abajo. Este sábado aún quedaban carreteras colapsadas, como la que une la OU-533 con O Castro, así como la vía de comunicación entre A Bouza y Pixeiros. «As administracións están respondendo, non están dicindo quen ten tal e cal competencia, senón que están a traballar coordinadamente», valora el alcalde.

Operarios de la Diputación y vecinos, en estrecha colaboración. / FdV
Las brigadas de la Diputación, prestas a ayudar desde el inicio tras el suceso, siguen actuando, en estrecha colaboración con los vecinos. En A Bouza, Pradocabalos y Pixeiros los operarios se afanan para restablecer las comunicaciones —los accesos a estos núcleos se encuentran ya abiertos—, y para ayudar en la retirada de las toneladas de tierra, piedras y árboles. El esfuerzo da sus frutos: facilita el camino de vuelta a la normalidad de los perjudicados, y recupera puntos de comunicación como la OU-0903, de nuevo disponible, con precaución.
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