Una ciudad intercultural
De Ecuador a Ourense: El refugio gallego donde las familias mantienen vivo el quechua 25 años después
La comunidad de ese país andino, más de un centenar de personas asentadas en la ciudad, trabajan en la limpieza, en empresas o en tiendas de comercio o de artesanía ambulantes y celebraron su primera Inti Raymi, una bella Fiesta del Sol, de raíces prehispánicas

Grupo de ecuatorianos durante su primera Fiesta del Sol celebrada en Ourense, el Inti Raymi / F. C.
Alma quechua y el corazón un poquito gallego. Así es Alfonso, 25 años después de su llegada a Ourense desde el lejano pueblo de Otavalo, en los Andes ecuatorianos. Un periplo migratorio en el que decidió finalmente asentarse en la ciudad gallega. «El clima, tan parecido al nuestro, y el cariño de la gente me animaron a quedarme», explica. Aquí conoció a su mujer, Elena, también ecuatoriana, y aquí nacieron sus hijos.
Han aprendido a cultivar en su vida la integración a las costumbres de su tierra de acogida y la socialización, sin perder el apego a sus raíces: «Aunque amamos Galicia, seguimos hablando quechua en casa. Nuestros hijos, que nacieron aquí, también lo conocen y lo entienden», explica. Esta misma semana la comunidad ecuatoriana, laboriosa y silenciosa, celebró en el Campo da Feira de Ourense, con el apoyo del Concello, su primer Inti Raymi. Esta «fiesta del sol», que bebe de su cultura prehispánica, convirtió el recinto ourensano en un auténtico crisol de música, el colorido de trajes típicos y su gastronomía. «Ha sido muy emocionante para todos, porque fue recordar nuestra cultura y, además, nos encontramos con otras familias llegadas de zonas como O Carballiño, ecuatorianos que desconocíamos que estaban viviendo en Ourense».

Otros grupo de participantes con sus trajes de inspiración andina / F.C.
Al preguntar a Alfonso por los motivos que llevan a un ecuatoriano a elegir Ourense, ni se lo piensa. No fue solo una cuestión laboral; de hecho, estuvo en otros lugares. «Mi primer hijo nació en Madrid, pero el segundo ya nació en Ourense, y además el propio día de Santiago, patrón de Galicia», indica con orgullo. Fue una conexión profunda con la tierra y sus gentes. «Yo, personalmente, le aseguro que a mí me encantó Galicia cuando vine de Ecuador y fue instantáneo, lo de pensar en vivir aquí en Ourense», relata Alfonso con una sonrisa. Para esta comunidad, el norte de España ofrece un refugio climatológico y humano muy similar al de sus tierras altas andinas.
«El clima es más o menos similar al nuestro y me gusta. En primavera es como en Ecuador, y las costumbres me han gustado. Aquí la gente es acogedora. Eso me agradó, y por eso ya me he quedado aquí». Esta percepción es compartida por el resto de sus compatriotas que residen en la provincia: «He estado hablando en la fiesta con más personas de Ecuador y la conclusión es que uno se acostumbra a vivir aquí». Los ecuatorianos en Ourense se han integrado plenamente en el tejido laboral de la ciudad. Aunque algunos se emplean en el sector de la limpieza o en medianas y pequeñas empresas locales —como la conocida casa Iveco—, el verdadero motor económico de este grupo es el comercio independiente. Son rostros habituales y queridos en las ferias y mercadillos de la provincia, donde ofrecen esas coloridas prendas étnicas y artesanías que tanto llaman la atención de los ourensanos.

Comunidad ecuatoriana con sus trajes típicos en su Fiestas del Sol / F.C.
«La mayoría de los que vivimos aquí en Ourense nos dedicamos al comercio. Tenemos por ejemplo, unas tiendecitas, pero sobre todo nos dedicamos a los mercadillos y a estas ferias», explica Alfonso. Su integración ha sido modélica, basada en una premisa fundamental que Alfonso comparte con orgullo: la discreción y el respeto de su pueblo. «La verdad es que hay que ser tranquilo. Hay que adaptarse a donde uno vive. Ser sociable es lo principal. Nuestros padres también nos han enseñado a ser buena gente y saber integrarnos y comportarnos allí donde vayamos. Tienes que acostumbrarte a la ciudad o al país en el que vivas, adoptando también sus costumbres». Tesoro lingüístico Uno de aspectos más fascinantes de esta comunidad es su compromiso inquebrantable con la preservación de su lengua nativa, el quechua.
A diferencia de otros procesos migratorios donde el idioma materno se diluye con las generaciones, ellos lo protegen como su mayor tesoro, uniendo de forma invisible los Andes con Galicia. Para ellos forma parte de su identidad cotidiana, equiparándolo de manera muy acertada con la realidad bilingüe de Galicia «Hablamos quechua y español; es decir, es como hablar gallego y castellano, lo que hacen ustedes aquí. Nuestra obligación es aprenderlo y mantener ese idioma madre de nuestra tierra, tan antiguo, pues el español ya nos lo dan en el colegio», sonríe Alfonso. Mantener este legado a miles de kilómetros de distancia es un reto que Luis Alfonso y Elena sostienen en su tierra de acogida, mientras se preparan para una segunda «fiesta del sol» el próximo año, de inicio del verano, tras el éxito de la primera edición.
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