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Lucha contra el fuego

Desactivan la Situación 2 del incendio de Boborás tras dos días de lucha contra el fuego: «Esto tenía que suceder tarde o temprano»

Un rayo en una noche de tormentas se convirtió en la causa más probable del primer gran incendio de la temporada, que sigue activo tras arrasar 250 hectáreas

Los vecinos de Becoña de Arriba, la aldea más próxima a las llamas, denuncian la falta de limpieza en los cortafuegos

El fuego ya come 230 hectáreas en Boborás, con previsiones de «estabilización»

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«Esto tenía que suceder tarde o temprano». Con esta mezcla de resignación y amargura, los vecinos de Becoña de Arriba, una de las aldeas del concello de Boborás más castigadas por las llamas, resumían este lunes lo vivido en las últimas 48 horas. Lo que comenzó como un resplandor en la cima del monte durante la noche de tormentas del sábado se transformó el domingo en una «jornada catastrófica» que muchos en la zona no dudan en calificar como un escenario que «no recordábamos en décadas». El primer gran incendio del verano en la provincia ha devorado 250 hectáreas - según las estimaciones comunicadas este martes- y obligó a activar la Situación 2 por proximidad a las viviendas hasta la tarde de este lunes cuando después de más de 30 horas de extinción se alejó el peligro y se desactivó la emergencia. Sobre las 21.30h del lunes se dio por estabilizado.

Sobre la causa del incendio, los testigos locales coinciden: la naturaleza prendió la mecha. «Nosotros estamos seguros de que fue un rayo. En esa zona es monte, monte, todo maleza, zarzas, tojos, helechos... Aunque quieras entrar a hacer una fechoría no eres capaz y, además, precisamente a esa hora había una gran tormenta eléctrica», dice Aurelio Pérez, uno de los vecinos de Becoña que más cerca vio las llamas, «a pocos metros, porque las pavesas volaron y llegaron a quemar un pino que está en los márgenes prácticamente de casa», cuenta.

Al iniciarse de noche, los medios aéreos no pudieron actuar de inmediato, lo que permitió que el incendio cogiera fuerza en una zona de «orografía compleja», como describe la regidora municipal, Patricia Torres. Esa orografía, sumada a las rachas de viento que alcanzaron los 47 kilómetros por hora, dificultaron las tareas de los medios desplazados durante la jornada del domingo. Así, aunque por la mañana parecía estar caminando hacia la estabilización, por la tarde en solo dos horas la cifra de hectáreas arrasadas ascendía de 50 a 150, concluyendo el día con la perdida de más de 200.

Este lunes volvieron a trabajar sobre el terreno los efectivos de la Consellería de Medio Rural, a los que durante la jornada dominical se sumaron efectivos del Ministerio para la Transición Ecológica con 3 aviones anfibios y 1 helicóptero— trabajando de forma coordinada con el dispositivo de la Xunta—, así como la BRIF de Laza.

Pero la situación ya no se parecía, «hoy está mucho más tranquilo», celebraba a pie de monte la agente forestal Begoña García, quien destacaba que, «tras una noche de trabajo intenso en la que el descenso de las temperaturas facilitó las labores al operativo» las tareas de la mañana se concentraron en «liquidar» el perímetro para «sellar» antes de las horas puntas de calor de la tarde, para evitar una nueva reactivación.

«Estamos trabajando en los puntos más conflictivos refrescando el perímetro para que no quede peligro en la zona», señalaba mientras coordinaba el avance de las motobombas en el flanco más próximo a las casas, horas antes de que se desactivase la situación operativa de emergencia, que obligó a desplazar desde Medio Rural a 4 técnicos, 25 agentes, 51 brigadas, 31 motobombas, 3 unidades técnicas de apoyo, 4 palas, 6 helicópteros y 10 aviones.

Esa calma técnica contrastó con lo que se vivió 24 horas antes, «había un foco en el monte y a los 15 minutos me llamaron diciendo que el fuego ya llegaba a Becoña», ilustraba el presidente de la comunidad de montes, Jovito Pérez, que este lunes acudía al puesto de mando a informarse de los avances de los medios de extinción a los que les agradecía «la rapidez con la que llegaron y se pusieron a trabajar porque no hablamos de víctimas ni de daños, más allá del paisaje natural, gracias a ellos, si no aquí podríamos estar hablando de pérdidas de viviendas, que estamos muy próximos», aseguraba.

La misma línea mantenía Aurelio Pérez, vecino que relataba que «un bulldozer se metió entre el humo e hizo una faja de protección que apagó el fuego cuando ya estaba cerca, si no es por esa máquina arde la casa». De hecho, Aurelio se metió en una vivienda anexa, de suelos de madera y deshabitada porque «una pavesa había llegado hasta allí y prendió en un cacho del balcón. No pasó nada más que se quemase un poco la zona, pero porque estuvimos atentos que se veía el humo, si no...».

Todo ello en la jornada del domingo, aunque por la noche tampoco reinó la tranquilidad, «ya a las doce de la noche fuimos a dar una vuelta con las linternas y nos encontramos algún que otro tocón de pino prendido que fuimos apagando, porque, sino al soplar el viento podría haber lanzado más pavesas y serían un riesgo y si llegan a caer en un tramo de mimosas peor aún, porque eso sí que no hay quien lo apague», cuenta Aurelio, mientras que Jovito pasó «la noche en vela, muy pendiente». Ambos tienen en común la valentía, porque pese a todo «miedo ninguno».

Prevención y limpieza

Los dos residentes de una aldea que conforman 24 habitantes coinciden no solo en la ausencia de pánico durante las horas en las que las llamas se acercaban a sus viviendas. También lo hacen a la hora de apuntar que podría haberse evitado el incendio o, por lo menos, reducir su magnitud con un ejercicio de prevención a lo largo del año: «mantener despejados de maleza los cortafuegos».

«Esto tenía que suceder tarde o temprano, llevan diez años sin repasar los cortafuegos, que son la primera barrera para frenar el avance de las llamas si están limpios, pero no lo estaban», valora Pérez. Como vecino que recorre esos senderos cada día, asegura haber sido testigo de cómo la maleza ha ido ganando terreno: «había cuatro o cinco pistas próximas y ahora están llenas de maleza, así no hay forma humana», insiste.

La crítica de los residentes de Becoña apuntan directamente a una acumulación de combustible que convirtió el monte en un polvorín perfecto tras la caída del rayo. «Los cortafuegos eran una alfombra de tojos, zarzas y helechos de los gruesos», de los de años y años que aunque mueren cada temporada, se quedan acumulados en el suelo formando una capa seca altamente inflamable», sostienen.

Lejos ya del peligro el análisis de los vecinos es que «lo que se ha tenido que gastar en el despliegue de medios para poder apagar seguro que ha sido mucho más que lo que se hubiesen gastado en años manteniendo limpias las pistas pasando de vez en cuando unas máquinas por unos caminos que ya estaban hechos».

A esta falta de limpieza pública suman la frustración por las fincas privadas que lindan con las casas: «el período para tener todo limpio remataba el 31 de mayo, aquí hay casas cuyos propietarios no residen aquí, pero saben que las tienen y que hay que tener las fincas limpias, si no pueden venir tienen que mandar a alguien, pero algo tienen que hacer, porque no nos pueden poner en riesgo a los que tenemos todo limpio», lamenta Pérez quien reconoce que pese a la aparente tranquilidad tras el fuego, «dejé el coche fuera del garaje y colocado hacia la salida por si la situación iba a peor y había que hacer una huida de emergencia poder salir rápido».

No hubo que lamentar daños ni materiales ni personales y eso es algo que ensalzan todos los vecinos y también la alcaldesa, Patricia Torres, que después de dos días de lucha contra el fuego alababa el «comportamiento ejemplar» de la ciudadanía que mantuvo los perímetros de las viviendas mojados «no solo el propio, también el de las casas donde o no vive nadie o las personas no podían hacerlo». Así lo avala el presidente de la comunidad de montes quien, como experto en el territorio, destaca que «la suerte» es que es una zona «con agua abundante» y eso «jugó a favor». Aunque reconocen que acabó bien, pero «estar la cosa estuvo fea».

Un incendio lal margen

Durante la tarde se desactivaba la Situación 2 en el incendio de Boborás, sin embargo, desde el propio concello trasladaban una noticia negativa: otro foco que nada tenía que ver con el fuego entre Gabián, Feás y Becoña.

En un terreno anexo al centro escolar, en pleno corazón de Boborás, apareció un conato que tuvieron que extinguir los medios aéreos que ya se encontraban sobrevolando el municipio. En este caso no hubo tormenta y las sospechas se reducen a la mala intención: «todo apunta a que fue intencionado, pero habrá que analizarlo», decía la alcaldesa, Patricia Torres, recordando que «hay una distancia de kilómetros, una pavesa no vuela tanto» y descartando así la conexión con el incendio que tuvo en vilo a las parroquias del alto del Paraño.

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