Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Intercambio entre dos rurales

El viaje más dulce de Esther: de Ourense a los Andes para asesorar a apicultoras del Cusco peruano

La veterinaria gallega y presidenta del Consello Regulador de la IXP Mel de Galicia, viajó al Quispicanchi, en Peru para 125 conocer empredimientos apícolas liderados por mujeres

El viaje de vuelta lo hizo con mieles de aquel país andino, que serán analizadas en el Campus de Ourense

La presidenta del Consello Regulador de Mel de Galicia, con las emprendedoras apícolas de Cusco en Peru.

La presidenta del Consello Regulador de Mel de Galicia, con las emprendedoras apícolas de Cusco en Peru. / Cedida

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Ourense

Esther Ordóñez es veterinaria apícola y conocida coloquialmente como «la veterinaria de las abejas», unos seres minúsculos pero vitales para el futuro del planeta. Además, preside el Consello Regulador de la Indicación Geográfica Protegida Mel de Galicia.

Acaba de regresar de uno de los cometidos «más dulces» de su carrera: un viaje desde Ourense hasta los Andes para asesorar a una comunidad rural de Quispicanchi (Cusco, Perú). El objetivo era conocer y apoyar 125 emprendimientos apícolas liderados por mujeres y jóvenes, lo que supone para esa comunidad una forma de ingresos añadidos a la economía agrícola, otorgando además una nueva función laboral y recursos a estas mujeres.

Una auténtica expedición de intercambio entre dos entornos rurales separados por cerca de 10.000 kilómetros: el de esta comunidad del rural andino y el de Ourense, que cuenta con una distribución y economía de minifundio similar a la que tuvo Galicia. Ordóñez visitó los colmenares, brindó asesoramiento y les habló de las mieles gallegas.

ourense

En un colmenar, con una de las apicultoras de las explotaciones andinas / Cedida

El Taller de Solidaridad y la Asociación Jesús Obrero-CCAIJO han tejido este proyecto conjunto en los Andes de Cusco, una colaboración entre dos territorios que creen que el conocimiento gana cuando viaja. Para Esther Ordóñez, esta ha sido una labor de intercambio bidireccional, ya que se ha traído muestras de abejas, panales y mieles andinas para analizar en la Facultad de Ciencias del campus de Ourense de la Universidade de Vigo. Además, regresa convencida de que «hay mucho que aprender de la apicultura andina».

ourense

Una de las apicultoras de la zona andina de Cusco con sus panales de miel / cedida

«Nos abrieron las puertas de sus casas y sus colmenares», explica la veterinaria gallega sobre un intercambio del que señala regresar con la mochila más cargada de experiencias humanas y profesionales.

Su labor allí consistió en revisar colmenas a nivel sanitario —con controles de varroa en cría, en abejas y con fondos sanitarios—, participar en extracciones de miel, recoger muestras para análisis físico-químico, ayudar con el manejo frente al cambio climático y elaborar un herbario de las cinco localizaciones de la provincia.

Mujeres y jóvenes «con ansias de aprender»

Destaca con pasión que en cada encuentro que llevó a cabo con aquella comunidad rural se encontró con lo mismo: «Mujeres y jóvenes muy animados, con muchas ansias de aprender y también con muchos conocimientos ya en la materia».

Este proyecto, que en su segunda fase cuenta con el apoyo de la Xunta de Galicia, articula 125 emprendimientos apícolas familiares en seis distritos de la provincia andina. Sostenidos en su mayoría por mujeres y jóvenes, la iniciativa avanza hacia la mejora de la calidad, el desarrollo de nuevos productos y la apertura de nuevos mercados.

En cuanto a las abejas andinas, Esther llegó con algún prejuicio técnico que la realidad desmontó rápido. «A mí me decían que las de allí eran agresivas. Las de aquí de España son mucho más agresivas, con lo cual, gratamente sorprendida.». Por lo que respecta a la varroosis —la principal amenaza sanitaria para las colmenas en Europa—, la situación en los Andes es todavía mejor que en Galicia: «Están bastante bien con respecto a la infestación de varroa...»

La pregunta que más le rondaba a Esther antes de ir era cuánto se parecería aquella apicultura a la suya. La respuesta la encontró donde menos la esperaba: no tanto en las colmenas como en las personas. «A lo mejor ahí sí que se parece un poco más a Galicia: el minifundio, la combinación de actividades... Con la apicultura, los cuyes y algo de agricultura, todo en conjunto, pueden tener una renta digna y poder seguir viviendo en el campo». En Quispicanchi, como en el rural gallego, nadie vive de una sola cosa. La apicultura no es el centro, es la pieza que puede cambiar la ecuación.

Las abejas y la biodiversidad: guardianas del planeta

Además, Esther Ordóñez aprovecha la oportunidad para recordar la importancia de esos seres minúsculos pero imprescindibles. De hecho, la Apis mellifera «es responsable del 90% de la polinización a nivel mundial». Sin ella, desaparecen los frutos, las semillas y los pastos que alimentan la ganadería; buena parte de lo que llega a nuestra mesa. La miel, el polen, la cera, el propóleo y la jalea real son los productos más visibles de su trabajo, pero la polinización, aunque invisible, es el más vital, explica. En Quispicanchi, las colmenas no solo producen miel, sino que ayudan a mejorar unas cosechas que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad ya están poniendo a prueba.

Por eso, la veterinaria, presidenta de la Agrupación Apícola de Galicia con sede en Barbadás, Ourense incide una vez más en «la importancia de estos seres vivos que son indispensables» y añade que «cada vez más deberíamos pensar como abejas: ser menos individualistas y pensar en el bien común de la sociedad». Y es que cuidar a las abejas es cuidar la vida. En Galicia y en los Andes, afirma, la lección es la misma.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents