¿Tradición o exceso?
Juicio a un cigarrón del Entroido de Verín acusado de herir con el látigo a una mujer embarazada: «Se lo recriminé y no mostró arrepentimiento»
«Fue intencionado», sostiene la víctima, que tenía a su hijo de cuatro años al lado. «Non tiven problema con ninguén; ao correr de cigarrón non pensas en facer dano», defiende el denunciado, que llevó la zamarra al juicio para ilustrar su versión. El fiscal pide la absolución: «No podemos convertir esto en un juicio al carnaval»

A la izquierda, un desfile de cigarróns en Verín. A la derecha, el joven denunciado da su versión, zamarra en mano. / FDV

«Fue una agresión intencionada, no algo fortuito. Se lo recriminé, le dije que estaba embarazada y que tenía a mi otro hijo a mi lado, y no mostró arrepentimiento ni un signo de preocupación en el rostro. Por eso sé que lo hizo intencionadamente». Una mujer acusa a un joven de causarle una lesión en el muslo con el látigo —o zamarra— del cigarrón, la figura identitaria de la tradición del carnaval en Verín. El incidente ocurrió el Martes de Entroido, el 4 de marzo de 2025, tras el multitudinario desfile, en uno de los días grandes de la fiesta. «No es normal ampararse en el anonimato y la impunidad para agredir a personas», afea la perjudicada. El joven niega su implicación: «Non tiven problema con ninguén, ninguén me dixo nada. A intención nunca é dar un latigazo mal; saes a lucirte e a que te vexan», expuso el chico, un estudiante. «Ao correr de cigarrón non pensas en facer dano e, se o fas, sínteste mal e pides perdón», expresó. El fiscal pide la absolución, aun en el caso de que se probase que el denunciado fue el autor. «No podemos convertir esto en un juicio al carnaval. Una persona que se pone delante de un cigarrón tiene que asumir que le pueden dar un golpe en la pierna», entiende el ministerio público. «Sería acabar con la fiesta y las costumbres que se siguen desde hace muchísimos años. La costumbre también es fuente del derecho», expresó el fiscal, Miguel Ángel Ruiz. La acusación particular solicita una condena de multa de 900 euros, por un presunto delito leve de lesiones. La defensa quiere la absolución. La decisión en esta causa inhabitual, con un protagonista del Entroido en el banquillo, en la tierra donde el carnaval es religión, queda en manos de la jueza de la plaza 2 de Verín.
La denunciante se encontraba en la Plaza del Cigarrón, uno de los epicentros de las celebraciones del Entroido. Estaba junto a su pareja y a su hijo, de cuatro años entonces. El niño estrenaba ese día el traje que su padre llevó con la misma edad. La mujer dice que, cuando se disponía a sacarles una foto, cerca de la estatua del centro de la plaza, el denunciado «partió en una carrera muy enfurecida a mi lado, ya me llamó la atención». Tras un recorrido por las inmediaciones, «volvió, finalizó la carrera mi lado, saltando, y me asestó un golpe por detrás». El latigazo la alcanzó en la parte delantera del cuerpo, en el muslo.
Pese a que llevaba una malla y un disfraz de peluche, el impacto le dejó marca. «Sentí mucho calor y me asusté, porque estaba embarazada de tres meses», expresó la denunciante. «Si me llega a haber dado en la tripa igual estábamos hablando de una historia diferente», planteó. «Además pudo darle al niño en la cara. Fui a reprocharle su actuación y a él le dio exactamente igual», lamenta. En la vista renunció a ser indemnizada. «El tema económico no me interesa, sino que esta persona no puede quedar absuelta cuando se ha amparado en el anonimato y en la impunidad del traje», considera.
Tras sufrir el zamarrazo, la mujer no perdió de vista al cigarrón y le hizo una fotografía en cuanto se quitó la careta. Tiene «clarísimo» que el joven juzgado este miércoles es el autor de los hechos. Que no mostrase arrepentimiento ni le pidiese perdón fue el detonante final para denunciar.

Durante el interrogatorio, el denunciado se explayó en explicar cómo se comporta el látigo del cigarrón. / FDV
El chico se reconoce en la foto, pero niega el incidente. «Ninguén me recriminou nada», sostiene. Dice que se enteró «cando estaba en clase, en Santiago, e me chamou a Garda Civil». El marido y el padre de la mujer rebaten su versión. Cuando le afearon el hecho, su respuesta fue «eu pego así», según la pareja de la denunciante. «Veu expresamente a darlle», cree este hombre. Su hijo estaba «a metro e medio dela», añadió el testigo, que también es cigarrón. «Se fas dano e che veñen recriminar, o normal é pedir perdón», cree.
«No paraba de decir: 'yo pego así, yo pego así', de manera altiva y sin arrepentimiento». El padre de la denunciante afirma que el joven se manifestó en esos términos después de que le reprochasen su acción. Su hija le contó que había sido golpeada «adrede». Su nieto, «con cara de angustia, me dijo: 'Abu, pegaron a mamá», relató el testigo. En cambio, un amigo del chico, uno de los que iba también de cigarrón aquella tarde, corrobora la versión exculpatoria: «No vi recriminación».
En el juicio, el denunciado y su defensa incidieron en que las características de su máscara y de su traje no eran exclusivas sino compartidas por numerosos cigarróns. Aunque el joven no reconoce ser el autor del latigazo, alega además que la careta no permite ver bien más que en línea recta y a distancia lejana. «A única forma de ver un neno é que estea lonxe, se está cerca é imposible», declaró. Con la zamarra en mano en varios momentos del interrogatorio —llevó el objeto al juicio—, el joven fue respondiendo a las preguntas.

El defensor, que también es cigarrón, recurrió igualmente a la exhibición del látigo para ilustrar su argumento. / FDV
El Entroido de Verín da al cigarrón autoridad en la fiesta, como figura ancestral. Con un traje de entre 15 y 25 kilos, la zamarra en alto durante el avance y el sonido de las seis chocas al unísono —las campanas pesan unos 8 kilos—, su presencia produce un característico estruendo que anuncia la presencia. «Todo o mundo aparta porque a figura do cigarrón é o emblema oficial do Entroido de Verín, o que pon orde», describió un veterano artesano propuesto como perito. Quien no se aparta puede recibir un zamarrazo, que se dirige de cintura para abajo, para minimizar el daño. «A min téñenme mancado, pero é un costume e unha tradición ancestral, que todo o mundo que vén a Verín sabe», defiende el experto.
Posturas de las partes
El fiscal ya se opuso a que el caso llegase a juicio. Fue sobreseído por el juzgado instructor, pero la Audiencia Provincial de Ourense ordenó la reapertura. «No está acreditada la autoría. Parece muy difícil que, con la plaza llena, se pueda identificar al cigarrón. La confusión resulta muy fácil, porque la golpeó por detrás y las máscaras son muy parecidas», expresó Miguel Ángel Ruiz, representante del ministerio público en este caso.
«Aun en el caso de que quedase acreditada la autoría, no podemos convertir esto en un juicio al carnaval y a las costumbres del cigarrón. Una persona que participa voluntariamente en la fiesta tiene que asumir riesgos». El fiscal subraya que no se trató de un latigazo «desproporcionado», y además recuerda que la presencia del cigarrón se percibe por el ruido de las chocas, lo que descarta que se tratase de un acto sorpresivo.
«Existió un ánimo doloso, una intención de causar lesiones», considera Gabriel Lama, abogado de la perjudicada. «Fue algo buscado, intencionado, un exceso voluntario amparado en una situación de fiesta», argumentó el letrado. La manera del joven de mirar a cámara cuando le hacen la foto es sospechosa, cree este profesional. «Sabía que había hecho algo malo».
Frente a la versión que defienden la Fiscalía y la defensa, el letrado de la acusación recalca que «en el Entroido también hay excesos». Lama citó los siete días de perjuicio que sufrió la víctima tras el golpe. «No fue un golpe cualquiera ni liviano», subraya.
Enrique Jar Varela es el abogado defensor. También es cigarrón. Al igual que el fiscal, el letrado del joven pide su absolución. Cree que la posibilidad de recibir un golpe de un cigarrón «es un riesgo aceptado al ir a la fiesta», de manera que existe «consentimiento» de la víctima cuando decide participar en el Entroido. Además, el abogado dice que no hay pruebas de que el autor de las lesiones fuese su cliente.
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