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El auge del turismo social en Ourense revela la necesidad de más alojamientos

Turoperadores incluyen Ourense en sus paquetes turísticos, impulsando las visitas de grandes grupos, aunque su impacto económico es moderado

Un grupo de turistas vascos visita las cubiertas de la catedral de Ourense

Un grupo de turistas vascos visita las cubiertas de la catedral de Ourense / Iñaki Osorio

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Ourense

«Insólito». Así de concisa, a la par que reveladora, era la valoración de Pablo Becerra sobre su visita a Ourense por el momento. Procedente de San Sebastián ha llegado a la ciudad de As Burgas con un numeroso grupo proveniente del Club de Arte Catalina de Erauso, para «visitar capital y provincia con carácter monográfico». Estos últimos días habían visitado los parajes de Celanova y Baixa Limia, como el monasterio de Santo Estevo, Aquis Querquennis o la iglesia de Santa Comba, y llegaban este lunes para conocer la catedral de la región. Su impresión al subir a las cubiertas, y poder contemplar desde allí el esplendor de la ciudad, confirmaba lo que habían visto hasta ahora: «Tiene un patrimonio, aparte de paisajístico, sobre todo histórico-artístico, que es insólito. Ya habíamos estado en la zona litoral de Galicia, pues esta comunidad es tradicionalmente promocionada, pero este interior, que muchas veces se deja de lado, son de una calidad extraordinaria», cuenta.

Un patrimonio altísimamente valorado

Como su caso, son cada vez más los que deciden visitar Ourense como parte de un gran grupo, y también crecen los que se sorprender por un conjunto histórico del que habitualmente nada sabían. Lo confirma Rosa Dorado, quien trabaja como guía oficial de turismo en la provincia desde el año 2004: «Co patrimonio que temos non dan crédito, ademais atráelle moito que poden atopar espazos moi diversos, pois o que se ve en Allariz non ten nada que ver co que hai no Ribeiro, na Ribeira Sacra ou na capital», explica.

Un grupo de turistas sigue a un guía por el Casco Vello

Un grupo de turistas sigue a un guía por el Casco Vello / Iñaki Osorio

Esta magia y diversidad que ven los visitantes no ha pasado desapercibida para los turoperadores, pues en los últimos años ha aumentado exponencialmente el número de empresas mayoristas que incluyen a la provincia de Ourense en sus paquetes turísticos. En otras palabras, y como explica Dorado, que cada vez sea más habitual ver la Praza do Trigo o do Ferro con un magno círculo de personas rodeando a un guía —incluso fuera de verano o fechas festivas— no es indicativo de que haya más visitantes, sino de que se vuelven más visibles: «Sempre houbo grupos en Ourense, pero practicaban un turismo máis cultural. En cambio, os turoperadores apostan por grupos moi grandes, moitas veces de viaxes sociais ou Imserso». Sin embargo, que sean más manifiestos por las calles no quiere decir que su impacto económico sea mayor. De hecho, muchas veces al contrario, pues este perfil de turista suele llegar con paquetes «todo incluido», con el que rara vez hace alguna comida fuera del hotel, no se contempla visitar aquellos lugares para los que se necesite entrada —como la propia catedral— y no se acostumbra contar con guías certificados. «Teñen un gasto máis moderado, e que non supoñen tanto beneficio directo para os traballadores da cidade», detalla Dorado. No es el caso del grupo vasco, que practica el denominado como «turismo cultural», algo más holgados a la hora de vaciar el bolsillo para probar lo mejor de cada casa y que, según los profesionales del sector, dejan más retorno en la provincia.

Eso sí, Rosa incide en que en Ourense tiene cabida todo tipo de turismo, y de hecho, lo que está evidenciando este auge de las visitar en grandes grupos es la falta de alojamiento turístico en la ciudad, que está haciendo batallar a las agencias del turismo social y cultural por las plazas disponibles. «Fanlle falta un par de hoteis máis, pero non do de máis gama. Podemos ter un de tres estrelas para o turismo máis social, e despois actualizar algún de catro para agradar a eses grupos culturais con máis poder adquisitivo». Destaca Dorado que esta futura planificación de nuevos recursos turísticos tendría que estar equilibrada, pues «non podemos agora pretender ter 15 apartamentos para vernos invadidos, os que vivimos en Ourense queremos ver unha cidade de ourensáns». Fuera de la ciudad, este nuevo turismo social ha impulsado a hoteles comarcales, como los de O Carballiño y Celanova, pero aún aquí también se hace presente la falta de alojamiento. «En Ribadavia non hai hotel, é unha pena».

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