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Vecinos y comerciantes

Los afectados por el incendio de un edificio okupado de Ourense vuelven una semana después: «Foi un impacto grande, o psicolóxico é o peor»

Una rápida actuación de emergencia permite regresar a casa a los moradores del inmueble contiguo al arruinado por el fuego. Quedan reformas por hacer en las viviendas tras los daños del humo. La farmacia reabre tras volcarse con entregas a domicilio

Vecinos afectados por el inmueble charlan con el personal de la botica "La Pontina".

Javier Fraiz

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Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

Antes de pedir los medicamentos, todos los clientes saludan con efusividad y se interesan por el estado anímico de Cristina Cuquejo y Alba García, las farmacéuticas y cotitulares desde 2024 de la botica 'La Pontina'. Este sábado por la mañana, la presencia de personas era constante en este establecimiento del barrio ourensano de A Ponte. «Sentimos mucha alegría en la vuelta; la respuesta del barrio ha sido increíble», agradecen. Algunas clientas celebraban la reanudación de la normalidad con un abrazo con las profesionales, tras días duros. Una semana después del virulento incendio que arrasó un inmueble okupado, los desalojados y afectados del edificio de al lado inician el camino a la normalidad. Las farmacéuticas han reabierto el local tras afanarse, en las jornadas de cierre obligado, con gestiones, preparación de pastilleros y entregas a domicilio. Los residentes en el número 3 de Vicente Risco tienen tarea por delante, también muchas ganas de volver al hogar. Se enfrentan a labores de limpieza, pintado y reparación de estragos por el humo del incendio, aunque sin daños personales más allá del susto, que persiste. «Aínda esperto de noite e vexo as imaxes, isto non pasa tan pronto, porque foi un impacto moi grande. Ves como quedou isto, entras na casa, e cae a alma aos pés. O psicolóxico é quizais o peor», expresa Esperanza López, una de las vecinas afectadas, residente del segundo piso.

«Conto con que mañá poidamos polo menos vir durmir; estamos desexando volver», dice la señora sobre el propósito para el domingo. Han tenido que pasar estos días en un hotel. Su marido, Francisco Lorenzo, valora que tras una semana puedan regresar a su vivienda, aunque queden arreglos por hacer. «Como a casa non che hai nada», resume el señor.

A él el incendio lo sorprendió cuando estaba en la ducha. Al ver que faltaba la luz, salió del baño y se dio cuenta de que el inmueble de al lado, con problemas de okupación desde hacía al menos un año, se encontraba en llamas. Fue evacuado por los bomberos, con una mascarilla de protección contra el denso humo. Otras tres personas en el número 3 salvaron su vida gracias a su rápida reacción y a la intervención profesional de los bomberos. Una de las rescatadas fue la madre de Francisco, una señora de 94 años con movilidad reducida y alzhéimer. Ha pasado unos días hospitalizada. Recibió el alta hace unas jornadas. Permanece temporalmente en una residencia de mayores.

Esperanza y Francisco, en el portal apuntalado por seguridad para permitir la vuelta a casa.

Esperanza y Francisco, en el portal apuntalado por seguridad para permitir la vuelta a casa. / Iñaki Osorio

Este viernes por la tarde el Concello de Ourense otorgó a los afectados —tanto a los residentes como a las farmacéuticas— los permisos para la vuelta. Después de una actuación de emergencia en el portal —un acceso compartido entre los dos edificios, que sufrió un derrumbe parcial del forjado que lo hacía inestable—, el bloque del número 3 de Vicente Risco cuenta con las medidas básicas de habitabilidad para que los residentes retomen su vida en el edificio en condiciones de seguridad.

En el segundo y el tercer piso viven un total de seis personas de la misma familia. Quedan por delante arreglos en las viviendas, así como los trámites con las compañías aseguradoras. Pero el paso fundamental para recuperar la normalidad está dado, con suma celeridad, acortando el plazo inicialmente previsto de al menos quince días de espera. Han sido menos de siete.

«A miña cuñada ten todo o piso enteiro afectado, negro. Ten que sacar todo o papel e pintar, da cima ao fondo. O noso ten partes afectadas: a entrada, unha habitación, e despois houbo danos pola desconxelación das neveiras e o arcón, ademais da limpeza que haberá que facer», describía Esperanza este sábado, antes de una cita acordada con el perito del seguro.

«El primer suministro que recuperamos fue el de la luz, el martes. El miércoles por la mañana nos dieron internet, porque también se había quemado la instalación de fibra. Lo que permaneció intacto fue la receta electrónica. Tras la recuperación de los servicios nos pusimos con las tareas de limpieza y revisión, y el parte al seguro», explica Alba García.

El agua empleada en las tareas de extinción se filtró por una puerta compartida con el portal de ambos bloques. También entró humedad por la arcada y los muebles de esa pared de la farmacia. Cuando accedieron al local tras el incendio el suelo de la farmacia estaba completamente gris, por el efecto del humo y los restos de ceniza.

«Para todo lo que pasó, el balance es bastante bueno», opina Cristina. La respuesta de los vecinos y clientes, ese calor humano tras el suceso, reconforta a las trabajadoras. «Mucha gente viene y nos dice que ha estado esperando a que abramos para retirar la medicación. Han mostrado una preocupación constante por nosotras. Hace que la vuelta sea más llevadera», valora Cuquejo.

Las farmacéuticas cotitulares de 'La Pontina', Cristina Cuquejo y Alba García, junto a un trabajador.

Las farmacéuticas cotitulares de 'La Pontina', Cristina Cuquejo y Alba García, junto a un trabajador. / Iñaki Osorio

Al lado, en el número 1, llama la atención el esqueleto del inmueble okupado que el fuego destrozó por completo. Aún se aprecia el olor a humo. Las fachadas de Avenida das Caldas y Vicente Risco están apuntaladas por seguridad. Una valla prohíbe el acceso por este tramo de acera y afecta a una parte de la senda ciclista.

«Dos días después del incendio, en esta misma calle, en el número 6, intentaron entrar okupas, de nuevo. Allí se actuó de forma inmediata y está tapiado», cuenta Cristina. En el vecindario llevaban tiempo quejándose de la situación, llamaron varias veces a la Policía —los agentes no tenían margen legal para poder acceder— y temían un suceso como el que finalmente ocurrió el último sábado de mayo en el edificio okupado. Cuquejo subraya que «este es un problema que nos afecta a todos. Necesitamos un cambio de leyes, porque las actuales amparan estas situaciones», afirma. Esperanza coincide.

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