Selectividad
1.363 estudiantes arrancan la PAU en Ourense con Rosalía y polémica en el examen de Historia
La CIUG implementó detectores de tecnología para prevenir el uso de inteligencia artificial y garantizar la equidad en las pruebas.

David Alján
Caía Rosalía, pero no la De Castro, y aunque para muchas su último disco fue un halo de «Lux» en meses de gran exigencia académica, este martes todos llevaban sus nervios «malamente». Un texto sobre el cambio de sonidos urbanos al beat clásico de la cantante catalana fue lo primero que vieron los 13.441 estudiantes que este martes comenzaban la PAU en Galicia. De ellos, 1363 alumnos y alumnas se examinaron en Ourense; una gran mayoría de 1229 probaron suerte en el campus de la UVigo en As Burgas, mientras que los 134 inscritos de Valdeorras, Trives, Viana y la comarca luguesa de Quiroga lo hicieron en IES Cosme López Rodríguez de A Rúa.
Las pruebas reunirán estos tres días en la provincia a 116 estudiantes más de los que se examinaron en 2025, mientras que el monto total de aspirantes a universitarios en la región termal supone el 10,14% de los que se presentan en Galicia.
Buenas sensaciones en Lengua
Tras nueve meses de preparación para este momento, el pistoletazo de salida lo daba uno de los dos únicos exámenes que serán comunes para absolutamente todo el alumnado: el de Lengua Castellana y Literatura. Aparte del texto de Rosalía, del que se debía elaborar un comentario crítico y varios ejercicios de reflexión lingüística, tocaba escoger entre «El lector de Julio Verne» o «La Fundación» para disertar sobre las temáticas de las obras que tuvieron que leer durante el curso, y cerrar la prueba con la pregunta de historia de la literatura, con opción sobre Unamuno o Machado. Dos autores de la generación del 98, la más deseada por los alumnos en este apartado, que ponían el broche a un examen del que se prevén buenos resultados: «O texto de Rosalía era algo enrevesado, pero tiñas un montón de sitios por onde collelo», valoraba Xoel, alumno del IES Chamoso Lamas (O Carballiño). Coincidía su compañera Mara, que al mediodía lo valoraba como «mellor que o outro que fixen, con bastante diferencia».
El segundo y último examen de la mañana, en el que tocaba elegir entre Historia de España o Historia de la Filosofía dejaba sensaciones mucho más encontradas según las materias. Entre los pensadores cayó Simone de Beauvoir o Aristóteles para el comentario filosófico —la pregunta que más contaba—; hubo que abordar a Aristóteles o Platón en la temática explicativa; y elaborar un texto relacionando la obra de Kant con el sesgo cultural de la inteligencia artificial. «Lo esperable», se comentaba entre alumnos y profesores, y los lamentos o resignaciones solo llegaban entre aquellos que habían tenido un mal día o dudaban de sus conocimientos sobre el tema.
Algo muy diferente a lo que pasó en el sector histórico, donde el descontento era prácticamente generalizado: «Una mierda, indignados todos», sentenciaba en corto una estudiante del IES de Allariz. La furia se desencadenaba por el segunda de los cuatro apartado, una pregunta sobre socialismo y anarquismo, una cuestión que, según las propias indicaciones de la CIUG, no debía ser incluida en esa sección, sino en la tercera pregunta. Es decir, los estudiantes se para realizar un comentario de texto con documentos históricos sobre esta temática, no para tener que explicar las diferencias entre ambos movimientos, como acabaron haciendo. «Foron a pillar, preguntaron cousas que supostamente non ían a entrar», comentaba un alumno del IES Lagoa de Antela.
Pitido constante con los detectores
Más allá de «perlas» e indignaciones, el principal protagonista de esta PAU no estaba en los folios, sino en las manos de los profesores que controlaban las aulas: la CIUG se puso las pilas para evitar que se usara la Inteligencia Artificial para hacer trampas —ya hay gafas, calculadores o bolígrafos que lo permiten— y se equipó al personal con detectores que pitaban ante cualquier tecnología que pudiera trasmitir datos, así como más potestad para revisar el material de los alumnos. Todas las clases pudieron ver como, en medio del examen, se pasaba el escáner por todas sus pertenencias, y aunque en general esto no supuso grandes contratiempos, sí resultó perjudicial para los alumnos del IES de Allariz: «Había alguén que tiña na mochila un cargador ou algo así, e o detector pitaba cada vez que o pasabas por diante do dispositivo. Claro, ti imaxínate o cacharro ese soando todo o rato. «pi, pi, pi...» mentres intentabas escribir sobre Unamuno, dábanche ganas de tiralo pola ventá», explicaba Nicolás.
La jornada inicial de la PAU sirvió también para aligerar los nervios generados por nueve meses de alta intensidad que se decidían en este momento. Y aunque estos alumnos escucharan todo el curso aquello de que «la PAU no es el fin del mundo», todo aquel que pasó por ella sabe que, en el meollo, ningún consejo es capaz de aliviar la tensión: «Onte meus pais tivéronme que sacar á forza da casa para dar unha volta, estaba nerviosa a máis non poder», confesaba Amaia, también del IES Allariz. Las conversaciones sobre las horas de sueño se intercalaban como si el que menos acumulara ganara una subasta, y a la hora de entrar al aula, no eran pocos los que estaban al borde del infarto. Sin embargo, al más puro estilo del mito de la caverna, el desenlace fue similar al que tuvieron otras tantas generaciones antes de ellos: los malos nervios se calmaban al empezar a escribir, el «no fue para tanto» se repetía a la salida y todo quedaba preparado para hacer este miércoles —cuando se examinarán de Inglés, Biología o Historia del Arte— hacer una entrada «Con Altura».
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