Sacerdotes del siglo XXI en una diócesis envejecida
Carlos, Fran y Jaime, tres veinteañeros de Ourense que se convierten en curas
«Uno de los retos que tenemos es animar a los jóvenes a que se sumen a la Iglesia. Hoy en día hay más inquietudes que nunca y muchos jóvenes están encontrando la alegría en Cristo», valoran

Carlos, Jaime y Fran, preparándose poco antes del acto de ordenación, este sábado. / IÑAKI OSORIO

Carlos Barreira, de 24 años; Francisco Blanco, de la misma edad, y Jaime Vales, de 25 años, se incorporan al colectivo de sacerdotes en Ourense, una diócesis con 735 parroquias, apenas 155 curas en activo y una media de edad elevada, incluso más acusada que el perfil poblacional en la provincia más envejecida de España. Los tres nuevos curas aportan su grano de arena al relevo generacional en un sector que necesita más vocaciones para sostener la atención pastoral. La ordenación como sacerdotes se celebró este sábado en el Seminario Mayor de Ourense, en un acto con numerosos religiosos. El obispo, Leonardo Lemos, presidió la eucaristía. «Ver nacer a nuevos sacerdotes es un momento de alegría y esperanza para toda la Iglesia local», destaca la diócesis.
«Tengo muchos nervios pero también mucha ilusión», decía momentos antes Carlos. «Hoy es el día culmen de nuestra formación y el inicio de una etapa hermosísima de seguimiento de Cristo», valora este joven nacido en Ourense, con raíces familiares en la comarca de Verín. «Sentí la llamada del Señor para ser sacerdote», afirma.
Por ahora no administrará ninguna parroquia; antes completará los estudios de Filosofía en la Universidad de Pamplona. «Después volveré, a lo que me manden», dice con disposición este veinteañero del 2001, un cura del siglo XXI. «Se ve cierto renacer entre los creyentes laicos», valora Barreira. «Hoy en día hay más inquietudes que nunca y muchos jóvenes están encontrando la alegría en Cristo», completa.
Jaime Vales nació en Lugo en el año 2000 pero lleva en Ourense desde muy pequeño. «Me empujó a ser cura el ejemplo de otros sacerdotes, sentirme acompañado por ellos en todo momento, saber que esta es la vocación a la que Dios me ha llamado», describe. Vales ejerce en la actualidad como formador en el Seminario Menor.
«Uno de los retos que tenemos hoy en día es animar a los jóvenes a que se sumen a la Iglesia», comparte este religioso. «Creo que es fundamental predicar con el ejemplo: no podemos decir una cosa y hacer otra totalmente distinta», subraya. «Es fundamental que nos vean contentos, alegres, cercanos; importa el trato diario», defiende Jaime.

Los tres nuevos curas de Ourense, junto al obispo, Leonardo Lemos. / IÑAKI OSORIO
Según los últimos datos de la diócesis, en la actualidad hay 230 sacerdotes, pero uno de cada tres ya se ha retirado. La cifra de curas en activo es de 155, en un territorio eclesiástico de 5.281 km2, en el que residen 260.000 personas, con un total de 735 parroquias en 12 arciprestazgos.
Entre los 230 sacerdotes, el 37,8% —87 religiosos— supera los 75 años. Hay 46 sacerdotes que se encuentran en la franja de 76 a 85 años, mientras que 41 han alcanzado edades aún más avanzadas, entre los 86 y 95 años. En el grupo de 66 a 75 se encuentran 40 curas en la diócesis, más del triple de los que componen la nueva generación: 12 curas tienen entre 25 y 35 años. Este pequeño colectivo crece con la incorporación de Carlos, Fran y Jaime, que bajan la media de edad.
Solo hay 27 sacerdotes en Ourense en la franja de los 36 a los 45 años, mientras que un total de 38 curas tienen entre 46 y 55 años. Hay 26 entre los 56 y los 65. «Afronto la tarea con mucha responsabilidad, para intentar hacer las cosas de la mejor manera posible, para responder y continuar lo que los sacerdotes mayores han comenzado en esta diócesis, trabajando a lo largo de toda su vida», expresa Jaime.
Con 24 años, Francisco Blanco (Verín, 2002) cree que un sacerdote del siglo XXI debe ser «como a lo largo de estos 2.000 años de historia; preocupado por sus fieles, alejado de todo aquello que divida y siendo fiel a la doctrina de la Iglesia». En la actualidad, mientras prosigue sus estudios, presta ayuda en una parroquia de Madrid, donde «lo que funciona es lo de siempre: la eucaristía, la confesión, la adoración eucarística y la formación. Hacemos de lo de siempre algo bueno cada día», reivindica este cura recién ordenado, con vocación desde niño.
«Hoy es un día de un cambio serio, de verdad en la vida; ontológico», reflexiona Fran. Cuando finalice su etapa formativa en Madrid regresará a Ourense, para desempeñar la función pastoral que el obispado ordene.

Oficio religioso en el Seminario Mayor de Ourense, este sábado, en el que fueron ordenados los tres nuevos sacerdotes. / IÑAKI OSORIO
«Incorporar tres nuevos sacerdotes no es fácil en estos tiempos»
José Ángel Feijóo Mirón (Os Peares, 1960) es el rector del Seminario, deán de la Catedral de Ourense y delegado de Cáritas. Desde su experiencia y gran ascendencia en la diócesis, el religioso valora la importancia de la ordenación de tres sacerdotes a la vez, un hecho inhabitual por la situación demográfica de Ourense y la falta de relevo generacional en la profesión de cura. «Es un día muy especial para ellos y para toda la iglesia diocesana. Incorporar tres nuevos sacerdotes no es fácil en estos tiempos», admite.
«Son chavales jóvenes con muchas cualidades y que han decidido entregar su vida a Dios. Es algo llamativo en estos tiempos, pero es la prueba de que Dios sigue llamando y convirtiendo en plena la vida de las personas que son capaces de entregársela a Él», subraya Feijóo. Numerosos sacerdotes de la provincia y de otras diócesis participaron en el acto. Familiares y allegados de los nuevos curas acudieron a la cita. La iglesia del Seminario se llenó.
Para convertirse en cura es necesario estudiar cinco años en el Seminario y, con posterioridad, pasar un año como diácono, la etapa intermedia en la que la formación se centra en la actividad pastoral. Cumplido ese periodo llega la ordenación por mandato del obispo. La máxima autoridad diocesana —en Ourense, Leonardo Lemos— decide las tareas y los destinos de los nuevos curas. En la realidad demográfica actual, es habitual que los religiosos se enrolen en unidades de atención pastoral, que permiten a dos o tres sacerdotes gestionar un gran número de parroquias.
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