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Sociedad

El «remedio» que Ourense tiene y el médico aún no receta: por qué un balneario y el termalismo pueden curar más que algunas pastillas

El doctor Juan Gestal defiende la integración de la balneoterapia en la sanidad pública como herramienta médica frente a enfermedades crónicas y como aliado contra la despoblación rural

Mónica Fernández, Juan Gestal, Rafael Melero y Javier Labandeira antes de las ponencias en el Liceo.

Mónica Fernández, Juan Gestal, Rafael Melero y Javier Labandeira antes de las ponencias en el Liceo. / Iñaki Osorio

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Ourense no es solo la capital del termalismo en España; es, en palabras del doctor Juan Gestal, director de la Cátedra de Hidrología Médica de la USC, «una de las primeras de toda Europa en este ámbito». Sin embargo, a pesar de esta riqueza natural extraordinaria, la realidad administrativa todavía no acompaña al potencial del subsuelo.

«Mientras que en países como Francia, Alemania, Italia o Portugal la cura balnearia está plenamente integrada en la medicina oficial y en los sistemas nacionales de salud, en España este recurso quedó relegado históricamente al ámbito social o de ocio», lamentó Gestal durante el ciclo «A saúde é o que importa», unas jornadas celebradas ayer en el Liceo de Ourense para acercar a la ciudadanía los beneficios terapéuticos de los balnearios.

En este foro, el especialista insistió en la necesidad de incorporar la balneoterapia al sistema sanitario y defendió que esta reivindicación va mucho más allá del prestigio del sector. «Es un motor de supervivencia para el interior de Galicia», sostuvo.

Gestal recordó que la mayoría de los balnearios gallegos se encuentran en el medio rural, por lo que su integración como centros de salud oficiales supondría «una herramienta fundamental de desarrollo» para muchas zonas amenazadas por la despoblación. «Al convertir estos complejos en parte de la receta médica se crearía una vía real para fijar población y combatir la Galicia vaciada aprovechando un recurso que sitúa a Ourense en una posición de referencia termal», señaló.

Beneficios para enfermedades

El principal argumento que sostiene esta petición es, según el director de la Cátedra, «la sólida evidencia científica acumulada» en las últimas décadas. «La medicina medicamentosa no lo cura todo», afirmó Gestal, quien aseguró que existen más de 70 patologías en las que la hidrología médica «ofrece mejoras sustanciales que la farmacología convencional no alcanza».

Uno de los grandes beneficios para el sistema público sería además el ahorro sanitario y farmacéutico. Según explicó, distintos estudios demuestran que «los pacientes que realizan curas balnearias de forma regular necesitan menos atención y reducen de forma notable el consumo de antiinflamatorios. Esto no solo disminuye el gasto farmacéutico, sino que también evita efectos secundarios derivados del uso continuado de determinados medicamentos», apuntó.

Las aplicaciones terapéuticas de las aguas mineromedicinales abarcan un amplio abanico de enfermedades. En el ámbito de la reumatología, Gestal destacó su eficacia frente a problemas como la artrosis, las lumbalgias, las cervicalgias crónicas o la fibromialgia.

También defendió sus beneficios en patologías respiratorias como el asma, la EPOC, la sinusitis o las bronquiectasias, donde «los pacientes experimentan mejoras en la función pulmonar y una reducción de la tos y la disnea».

En dermatología, añadió, enfermedades como la psoriasis o determinados eczemas encuentran alivio en tratamientos termales cuando no responden adecuadamente a terapias convencionales. Una valoración que compartió en el acto el dermatólogo Javier Labandeira.

«El spa es agua del grifo»

Para avanzar hacia este cambio de modelo, Gestal considera fundamental diferenciar entre un spa y un balneario, dos conceptos que todavía se confunden entre buena parte de la población. «Un spa es agua corriente del grifo. Uno puede relajarse o pasarlo bien, pero no tiene nada que ver con un balneario, donde las propiedades terapéuticas dependen de las aguas mineromedicinales y además existen equipos médicos, personal de enfermería y fisioterapeutas», explicó.

La clave, según detalló, está en la composición química de las aguas —sulfuradas, cloruradas o radioactivas—, cuyos efectos antioxidantes y terapéuticos «no pueden obtenerse con agua corriente». Esta capacidad «resulta especialmente relevante en una provincia como Ourense, que registra una de las mayores tasas de centenarios de Europa». En este contexto, Gestal defendió que el termalismo puede convertirse en «un gran aliado para fomentar un envejecimiento saludable y prevenir la dependencia», además de ayudar en procesos neurológicos crónicos como el Parkinson o las secuelas derivadas de accidentes cerebrovasculares.

El especialista concluyó que el gran reto sigue siendo cambiar la percepción social del termalismo para que deje de verse únicamente como una actividad de ocio y pase a considerarse «una herramienta terapéutica respaldada por la evidencia científica».

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