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Educación terapéutica

La música rompe barreras en el CEE Miño de Ourense: «Lo importante es que lo disfruten»

El Centro de Educación Especial acoge por segundo año consecutivo la iniciativa de Afundación «Música a flor de piel», un programa que hace de microconciertos y pequeñas piezas teatrales una herramienta pedagógica

«Música a flor de piel» en el CEE Miño de Ourense

Iñaki Osorio (Edición Eli RG)

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Ourense

El Centro de Educación Especial—CEE— Miño de Ourense convirtió este martes su patio de recreo en una revolución sensorial. Poco antes del mediodía los 47 estudiantes del centro abandonaron su rutina habitual para disfrutar de una sesión de «Música a flor de piel», el programa de la Obra Social de Afundación que utiliza los microconciertos como herramienta pedagógica y terapéutica.

A diferencia de un recital convencional, aquí el objetivo no es el silencio del público, sino su respuesta más sonora. Para hacerlo posible, Xoán Curiel, compositor y terapeuta Gestalt, junto a la actriz Diana González, desplegaron un repertorio que viaja por el reggae, el pop y el rock, hibridado con técnicas de narración oral y clown, derribando las barreras del lenguaje.

En un colegio como el CEE Miño no es tarea fácil. Es la directora del centro, Tania Cid, quien así lo señala, «las actividades que podemos realizar aquí trabajan con una realidad compleja, el público heterogéneo que tenemos, porque en el colegio abarcamos desde alumnos con trastornos del espectro autista o discapacidades motoras, hasta jóvenes con un grado alto de autonomía». Esta diversidad exige una flexibilidad absoluta en la ejecución del programa. No hay un guion rígido: si los artistas detectan cansancio, la sesión se acorta; si un alumno específico sufre una sobrecarga sensorial, el protocolo del centro permite cambiarlo de espacio de forma natural mientras el resto del grupo continúa con la actividad.

«La duración de la representación se adapta un poco en función de si los niños están más o menos participativos», señala Cid y corrobora Curiel, «si vemos que están cansados igual acortamos 20 o 25 minutos. Sabemos que lo importante es que lo disfruten, nada más que eso», dice. Precisamente por ello también tienen una versión opuesta, «si lo están pasando muy bien nos piden que alarguemos y nosotros lo hacemos encantados, así que estamos hablando de un espectáculo que puede ir desde los 35 minutos hasta más de una hora».

Para que la diversión fuese lo primordial en el centro ourensano los artistas remitieron días antes algunas de las canciones al colegio con el objetivo de que «las profes pudiesen ensayar con los niños y al llegar el momento de la actuación todos pudiesen cantar con los artistas», explica la directora, que se encargó de que las 22 docentes que componen el equipo educativo dispusiesen del material. En el CEE Miño funcionó porque los estudiantes estuvieron atentos y muy participativos: ¿cómo se toca el piano?, preguntó en un momento González para delicia de los menores que rápidamente extendieron los brazos simulando pulsar teclas imaginarias.

Xoán Curiel mostrando uno de los instrumentos a los menores.

Xoán Curiel mostrando uno de los instrumentos a los menores. / Iñaki Osorio

Así, mientras Diana actúa para el público, Xoán es el encargado de poner banda sonora a una actividad que también incluye baile y es, «para muchos su parte favorita, porque poder estar moviéndose lo eligen mucho antes que quedarse sentados escuchando», dice la directora.

La de este martes era la segunda incursión de los artistas en el Centro de Educación Especial ourensano, la primera fue en las mismas fechas del año pasado y ya entonces consiguieron cautivar a la audiencia. No lo dicen ellos, lo cuentan los propios estudiantes sin pretenderlo, porque al cruzarlos en los pasillos la frase «vosotros estuvisteis cantando aquí el año pasado» es la primera que les dirigieron, acompañada de una sonrisa.

Así, en el CEE Miño fueron 47 los alumnos que disfrutaron de una jornada que no solo atendió a las necesidades curriculares, sino que animó a la participación cultural como un pilar fundamental para su desarrollo, pero no fueron los únicos ourensanos. Horas antes los mismos profesionales comenzaron la mañana haciendo bailar a otros cuarenta estudiantes del CEE O Pino, donde la música y el teatro también rompieron barreras.

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