Cultura
El oboe conquista a los más pequeños en Ourense: un viaje musical entre cuentos
Profesores y alumnos del Conservatorio de Ourense protagonizan un cuentacuentos musical en la Librería Tanco para dar a conocer el instrumento a través de una experiencia interactiva

Conservatorio de Música de Ourense
Ourense, la Atenas de Galicia, siempre ha sido una ciudad que se esfuerza por latir al ritmo de la cultura. Pese a los escasos apoyos desde el consistorio en los últimos años, As Burgas sigue encontrando refugios culturales y uno de ellos es la Librería Tanco, donde este sábado hubo un sonido particular, el de un cuentacuentos musical: «Ramón, el oboe».
Diseñado por el profesorado del conservatorio, el objetivo principal de este libro en formato de actividad interactiva es tan claro como ambicioso, dar a conocer el oboe, que, aunque «es una pieza fundamental en cualquier orquesta sinfónica o banda, a nivel popular suele quedar a la sombra de otros instrumentos como el piano, el violín o la guitarra».
Así lo traslada el profesor del instrumento en el conservatorio, Esteban Vaquero, que se lanzó a esta experiencia creativa para que «la gente, en especial los niños, lo conozcan y lo vean como una opción factible y divertida», señala subrayando que los más pequeños son los «potenciales músicos».
Para lograrlo, la clave no ha sido una lección magistral teórica, sino la interactividad. El diseño pedagógico del cuento ha corrido a cargo de su compañera en el conservatorio, la pianista Marta Blanco Pascual. Juntos, Vaquero y ella, han elaborado una narrativa musical que conecta directamente con la sensibilidad infantil, convirtiendo el aprendizaje en una actividad de ocio.
Repertorio sin edad
Así, la magia de este cuentacuentos reside en su envoltorio sonoro. A diferencia de los recitales académicos convencionales, aquí los jóvenes asistentes —más de cincuenta niños y niñas— y sus padres pudieron disfrutar de piezas tradicionales gallegas como «A saia da Carolina», que invita a todo el público a cantar al unísono, pero también de éxitos actuales que arrasan en las redes sociales, como «Golden» de las estrellas de K-pop Huntrix. Todo ello entre las narraciones de Marta Blanco, quien ejerció de narradora del cuento «Ramón, el oboe».
Con todo, los verdaderos embajadores de esta iniciativa fueron Lara, David, Diego y Álvaro, los cuatro alumnos de la clase de conjunto instrumental de Esteban Vaquero, que con edades comprendidas entre los 13 y 14 años —pertenecientes a primero y segundo de Grado Profesional— fueron los encargados de interpretar piezas, canciones y escalas, para dar voz a Ramón, convirtiéndose en los maestros de los más pequeños.
Aunque están acostumbrados a las audiciones trimestrales en el conservatorio o a las actuaciones con la orquesta y la banda, salir a una librería supone un cambio radical de escenario. «En estos espacios íntimos, el público está a escasos centímetros, lo que genera una sensación de cercanía y un feedback inmediato que no se experimenta en los grandes auditorios Es importante que ellos sientan que lo que hacen llega al público, que puedan mostrar sus logros fuera de las paredes de la institución», destaca el profesor.

Algunos de los pequeños presenciaron un pequeño ensayo en el exterior del espacio cultural de la librería. / Iñaki Osorio
Arte sonoro
Uno de los momentos más divertidos para los pequeños fue cuando profesores y estudiantes desvelaron el «alma» del oboe: las cañas. Los niños descubrieron que, para que el instrumento suene, se necesita todo un proceso artesanal de construcción y «mucho músculo» al soplar.
De este modo se lo explicó Marta: «¿Vosotros sois capaces de hacer girar un molinillo de papel?», preguntó al público infantil, que respondió con un coral «síííí». La cuentacuentos les acercó varios para comprobar la veracidad de la afirmación y, tras evidenciarse que no había mentirosos en la sala, les dijo: «Pues no sería suficiente, hay que hacer aún más fuerza».
Con la sorpresa de los menores aún reciente se abrió un turno de preguntas donde la curiosidad se desbordó, permitiendo que los asistentes interrogasen tanto a Esteban Vaquero como a Marta Blanco o los propios alumnos, fomentando una vocación que podría llenar las aulas el próximo curso.
Apuesta de futuro
Este sábado fue la segunda vez que el público pudo escuchar «Ramón, el oboe», la primera fue hace días en otra librería, la Librería Nobel, y tras la experiencia en ambas desde el conservatorio tienen claro que esta no será la última.
«Ves que a los niños les ha gustado mucho, que han aplaudido y que se acercan a preguntar. La intención, viendo eso, es sin duda continuar haciendo estas actividades», asevera Varquero, quien no descarta «cambiar el repertorio y dar la oportunidad a más alumnos de participar en esta labor de divulgación», porque «si el oboe es un instrumento minoritario y poco conocido, la solución definitiva es seguir sacándolo a la calle». En Tanco encuentran aliado porque Moncho, el propietario, confiesa: «Nos encantaría seguir haciendo actividades para los más pequeños».
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