Jorge Gil Pérez, el taxista y felo de Maceda que con 23 años apuesta por el rural como futuro y asegura el relevo generacional
El joven de 23 años toma el relevo de una de las cuatro licencias municipales para garantizar el servicio, principalmente a la tercera edad

David Alján
Jorge es, a priori, un joven de Maceda como cualquier otro. Celtista hasta la médula, hace sus pinitos en el rap, y cada año se viste con el típico traje de felo para celebrar el entroido por las montañas del Macizo Central ourensano. Sin embargo, la decisión que acaba de tomar lo convierte en protagonista de una de esas historias que no ganan premios, pero dejan huella en su zona: acaba de convertirse en uno de los taxistas de su pueblo con tan solo 23 años. Con ello, asegura el relevo generacional en un servicio indispensable para el concello y apuesta por hacer negocio en un rural que ama, y en el que quiere permanecer de por vida.
Jorge Gil Álvarez opera desde este miércoles la licencia número 1 de las cuatro que expide el Concello de Maceda, municipio de unos 2.800 habitantes distribuidos en 54 núcleos de población donde muchos mayores deben hacer uso del taxi para su rutina diaria. Según él, la historia de cómo llegó a ponerse al volante es «a cousa máis tonta do mundo», pues surgió prácticamente de la noche a la mañana: «Meu pai viu nun cartel que un dos veciños quería vender a súa licencia para xubilarse, e durante a cea propúxome que a collera eu». No se lo tuvo que pensar dos veces, pues aunque nunca se le había pasado por la cabeza, le apasiona conducir e ir de rutas desde poco después de sacarse el carnet, y afirma que ya era el «taxista oficial sen cobrar» cuando su familia o grupo de amigos hacían algún viaje. «De feito, hai pouco fumos uns colegas a Vigo e jodeume non levar o coche», confiesa.
Una larga espera burocrática para el sueño
Al día siguiente de ver la oportunidad, él y su padre comenzaron los trámites necesarios, pero la burocracia para conseguir la licencia no se concretó tan rápido como la decisión de Jorge. Las cuentas hablan por sí solas, pues vieron el anuncio de venta a mediados de octubre y hasta este 20 de mayo no ha podido dar el primer servicio. Aparte de los plazos de concurso público, encontrar los avales ha sido todo un reto, y finalmente ha tenido que ser representado por dos entidades, además de contar con su padre como autónomo colaborador. Eso sí, por ser un joven que ocupa la plaza de una persona para jubilarse disfrutará de una subvención por relevo generacional, que agradece entre el gran esfuerzo que ha tenido que hacer su familia para no desperdiciar esta ocasión.
Que, como dice el refrán, «las cosas de palacio vayan despacio», ha hecho también que Jorge comience su nuevo oficio con cierta desventaja. En el proceso de compra de licencia, tanto él como el taxista vendedor han estado dados de alta como autónomos durante tres meses con el vehículo sin operar, y parte de la cartera de clientes con la que contaban ha tenido que acudir al resto de taxistas para sus trámites. Además, compaginará su trabajo como taxista con el de operario de desbroce en el concello de Ourense al que se dedica por las tardes —tener dos oficios es algo común entre los taxistas de la zona—, pero a cambio será el único que ofrezca sus servicios el fin de semana, y está convencido de que con trabajo duro conseguirá posicionarse: «Botándolle horas a xente acabará vindo, e como é algo que disfruto facer, non terei problema», asegura.
A su convicción se le suma también el apoyo generalizado de sus vecinos. Porque a Jorge en Maceda no lo conocen como «el nuevo taxista», sino como «o fillo do Gil e o neto do Argimiro», gestor de hípica y tratante de ganado ampliamente conocidos en el concello, al igual que el tercero de la generación. Durante el café de la entrevista, no son pocos los que se paran en su mesa para interesarse sobre cómo le está yendo en los primeros días, y el resto de taxistas le han aportado sus consejos previos. Esta cercanía va a ser clave en el trabajo, pues la gran mayoría de sus clientes son personas de la tercera edad que dependen de otro conductor para acudir a una cita médica, hacer la compra en el supermercado o acercarse a la feria. Jorge ya está mentalizado de que ser taxista en el rural implica también cierta parte de trabajo como asistente social, algo que no le supone ningún inconveniente: «Eu pénsoo como se fora miña avoa, claro que lles vou axudar coas bolsas, a entrar e saír do coche ou a darlles conversa. Para min é unha cuestión básica de ser persoa», asevera.
Apuesta firme por vivir en el rural
Aunque cada vez son más los jóvenes que abandonan el rural ourensano (y la provincia en general) en busca de oportunidades, Jorge ha encontrado en el taxi la suya para quedarse en su tierra. «Xa llo dixen a meus pais, eu morro aquí en Maceda», asegura Gil. No se equivoquen, pues esta decisión no nace de ser cerrado de mente, sino de tener claro qué se valora en la vida tras tener la posibilidad de conocerlo todo: «A tranquilidade da aldea non a paga o diñeiro», cuenta. Su filosofía es el reflejo de una nueva generación que ve futuro en el rural, y sabe que lo moderno puede encajar en él. De hecho, el macedano se considera bastante cosmopolita. Pero su gusto por el rap, o por los tatuajes y pendientes que porta —que le han causado algún que otro rifirrafe con su padre—, no tiene por qué reñir con apreciar más el verde del campo o el saludo a sus vecinos que lo que pueda ofrecer una urbe enorme: «Coas redes sociais sempre te estás a comparar coas grandes cidades, por que non podemos presumir nós tamén do noso? En Madrid non teñen as paisaxes da Ribeira Sacra polas que podo pasar no coche cos meus amigos», ejemplifica.

Jorge Gil Pérez, el nuevo taxista de 23 años de Maceda, disfruta de la nieve con la que salió como felo en el Entroido de este año. / Brais Lorenzo
Un 'felo' bajo la nieve como portada
Como buen ourensano que se precie —de Maceda, para más inri— Jorge participa activamente en las celebraciones deEntroido en la Baixada da Marela, que tanto se ha popularizado en los últimos años, y se viste de felo, la máscara tradicional de la localidad, que recorre la sierra de San Mamede haciendo todas las gamberradas posibles a los vecinos. En este sentido, Gil protagonizó este 2026 una de las imágenes más icónicas tanto del carnaval como del tren de borrascas que azotó Galicia a inicios de año: los felos salieron de troula el 24 de enero bajo una nevada descomunal, y él se quitó su máscara para sentir el frío en el rostro. «Estaba desfrutando coma un neno, xa non lembrara a última vez que nevara por aquí. Cada vez que poño o traxe de felo, teño unha sensación por dentro que é imposible de imaxinar, e ese día multiplicouse por mil», explica sobre la instantánea.
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