El padre César Mañueco, el joven monje que guía el Monasterio de Oseira: «Los que estamos aquí no venimos de Marte»
A pesar de ser un templo milenario, la comunidad de Oseira integra la modernidad utilizando teléfonos móviles, ordenadores e Internet para gestionar el monasterio y su hospedería, sustentados por la venta de chocolates, pastas o licores

El padre César Mañueco, monje de clausura en el monasterio de Oseira. / David Alján
En 2014, un joven de 27 años llegado de la capital española se plantó en el monasterio de Oseira para buscar un retiro espiritual. Ya había estado en su hospedería dos años y medio antes para conocer a su comunidad, y tras regresar a su vida habitual, decidió volver al corazón sacro de Cea a probar la vida de monje para saber si la clausura era su camino en la vida. Ahora, es ese mismo joven, ya con 39 años, quien recibe a visitas institucionales y a los clientes de la misma hospedería a la que él llegó, y quien les guía por los pasillos de un conjunto monástico en el que el patrimonio no parece tener fin.
A las puertas del templo que habita la única comunidad masculina de clausura en la provincia de Ourense recibe el padre César Mañueco. Palentino de origen, se mudó a Madrid para estudiar en la universidad. En una etapa en donde muchos se topan con la fiesta y la noche, él lo hizo con la religión de la mano de la Pastoral Universitaria de la ciudad: «Me encontré una iglesia joven que yo no conocía, y ahí fue cuando me surgieron las preguntas sobre quién era yo, qué es la vocación y qué es la relación personal con Dios».
En esa comunidad descubrió que la vida que quería llevar era una «cristiana, más de soledad, de oración y trabajo manual», y a través de algunos amigos, vio en Oseira el lugar idóneo en el que practicarla. Del monasterio cisterciense con poco menos de 900 años de antigüedad le produjo atracción su comunidad familiar y «no muy grande», en la que decidió quedarse tras varias pruebas de como sería allí su ciclo vital, una decisión de la que no se arrepiente para nada.
Siete monjes en el templo, pero varios jóvenes
El padre César es uno de los siete monjes de clausura que a día de hoy tienen Oseira como hogar. Y aunque sería fácil pensar viendo su juvenil rostro que es el monje de clausura de menos edad, o incluso el último ingresado, nada más lejos de la realidad: aunque el número actual nada tiene que ver con los 80 religiosos que se llegaron a documentar antes de la desamortización de Mendizábal—que vació de monjes el templo—, al monasterio suelen llegar cada año entre cuatro o cinco fieles dispuestos a probar la vida de clausura, y en estos momentos hay un hermano de 30 años ejerciendo sus votos temporales.
Esta juventud se traslada también a la práctica religiosa, pues incluso en un templo milenario la modernidad tiene cabida por una cuestión puramente lógica, que el padre César resume a la perfección en una frase: «Los que estamos aquí no venimos de Marte, seguimos las tradiciones pero adaptamos lo que traemos del mundo. Hay que tener en cuenta que los que entramos en los últimos años hemos viajado bastante, hemos estudiado... hemos hecho de todo», explica el religioso. Estas costumbres se plasman, por ejemplo en cuestiones de tecnología, pues los monjes cuentan con teléfono móvil, ordenador y conexión a Internet. Es necesario para gestionar las guías por el monasterio, las estancias en la hospedería o la venta de chocolates y licores, cuyos ingresos son los que sustentan el monasterio, pero se usan «con prudencia para poder vivir nuestra vida de soledad y silencio». También se refleja, aunque parezca detalle menor, en la higiene personal, con unos estándares y recursos del siglo XXI y estancias individuales.
Eso sí, la vida de soledad y silencio está totalmente patente en la rutina diaria, la cual sigue estando marcada en horas por la oración comunitaria. Son siete rezos los que realizan al día en el monasterio, que se distribuyen entre las 5.30 horas de la mañana hasta las 21.30 de la noche, con la Eucaristía como uno de los pilares a las 8.15 horas.
Entre liturgia y liturgia, llega el tiempo de trabajo con la labor asignada a cada uno —la licorería, la lavandería, la tienda de regalos...—, y también hay plazos marcados para la lectura y la oración personal. La comida tampoco puede faltar, y de hecho este momento es de los que más ritos ancestrales reúnen: los monjes no comen carne salvo fechas señaladas como Navidad o Pascua, y siempre se alimentan en silencio mientras uno de los hermanos recita versos sagrados.

Una imagen de la visita institucional. / David Alján
El aumento de peregrinos en Vía da Prata se hace notar en el monasterio
El padre César fue el encargado de recibir este martes al conselleiro de Cultura, Lingua e Xuventude, José López Campos, que quiso visitar el monasterio tras reunirse con el alcalde de San Cristovo de Cea, José Luis Valladares, para valorar posibles colaboraciones en programación e infraestructuras, con el próximo Ano Xacobeo 2027 a la vista.
No es para menos, pues aparte de todo el patrimonio eclesiástico a salvaguardar, el camino de Vía da Prata no para de ganar visitantes, y ha multiplicado por cinco el número de peregrinos que lo frecuentan en cuestión de veinte años. Este bum patente en las calles —este martes se podían ver a varios de estos andantes caminando bajo la lluvia— se ha reflejado también en el monasterio, pues parte de los peregrinos aprovechan el albergue público cercano a Oseira para visitar el monasterio, e incluso acompañar a los monjes en el rezo, que los reciben con puertas abiertas.
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