Patrimonio abandonado
El otro Ourense abandonado, en ruinas o «calcinado» por el olvido

La antigua prisión provincial, cerrada desde hace más de 40 años, y muy próxima a la Casa de Baños calcinada hace unos días / Iñaki Osorio
El incendio que arrasó la antigua Casa de Baños de Ourense, llevándose tras la voraz lametada del fuego, parte de la historia termal de la ciudad, fue solo el aviso del estado en que se encuentra un patrimonio de valor arquitectónico o dotacional. Un conjunto de inmuebles públicos o privados que hoy permanecen cerrados, en claro estado de ruina y sin proyectos a la vista para sacarlos a flote.
Desde la cárcel vieja —que lleva más de cuatro décadas sin uso, ha sido territorio okupa y no ha visto prosperar ninguna de las decenas de proyectos planteados— hasta el camping de Untes, un proyecto costoso de mantener y caro en su ejecución que suma ya 11 años cerrado y devorado por la maleza. En este último caso, el Concello de Ourense, su propietario, no ha podido ejecutar ninguno de los proyectos de «camping VIP» que había encargado a arquitectos locales.
Tampoco se ha conseguido reabrir, desde hace más de dos años, el Centro Municipal de Información a la Mujer (CIMM), cerrado por el Concello tras detectarse altos índices de gas radón perjudiciales para la salud. El gasto de 200.000 euros pareció excesivo al Concello para un edificio en régimen de cesión por parte de una fundación, por lo que el inmueble sigue sin uso.

Camping de Untes, él único municipal que había en la capital, cerrado desde 2015 / Iñaki Osorio
Otro de los inmuebles de propiedad municipal cerrado desde 2021 es el Museo Municipal, por orden del actual alcalde. Este argumentó que las exposiciones tendrían más fuerza y eco en el actual Centro Cultural José Ángel Valente (el antiguo edificio del Banco de España en el Paseo).
La oposición ha presentado propuestas plenarias para evitar que el edificio entre en estado de ruina debido a su desuso. Curiosamente, esta semana, con motivo del Día Internacional de los Museos, el Concello anunciaba un ciclo de visitas para escolares: más de 700 niños y niñas pasarán a ver un museo que fue, pero que ya no lo es. Mientras tanto, quedan sobre la mesa proyectos anunciados como su reconversión en Museo del Entroido o Museo del Vino.
Nunca más se supo qué hacer con la bouvette de aguas termales del entorno del Campo da Feira. Era un espacio del bipartito para la degustación de aguas termales terapéuticas que nunca llegó a funcionar como tal.
Asimismo, el Centro de Interpretación de As Burgas solo ha abierto ocasionalmente desde 2020. En esa misma zona, coincidiendo con el decreto de cierre por el COVID-19, la piscina termal de As Burgas lleva seis años clausurada; seis años sin un servicio público cuya mejora costó más de 500.000 euros.
El Espacio Lusquiños, cerrado desde hace tres años, es otra de las obras vitales en fase de deterioro. Concebido como un centro dinamizador del ocio juvenil en el barrio de A Ponte para grupos emergentes de música —contaba incluso con su propio estudio de grabación—, hoy permanece sin actividad.
De igual modo, en la orilla derecha del río Miño, sigue como una obra fracasada e inacabada el que iba a ser el Centro de Interpretación de Parques Naturales de Ourense, una infraestructura que quedó completamente paralizada y ahora está pendiente de derribo desde hace años por parte del Gobierno central. Algo que no acaba de realizarse.
Casa Taboada: arte en riesgo
Dentro de las propiedades privadas, pero de incalculable valor patrimonial, se encuentra la Casa Taboada (construida en 1918). Es uno de los más bellos y valiosos ejemplos del modernismo en Galicia, obra de Daniel Vázquez Gulías. A pesar de estar pendiente de una declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) que no llegó a tramitarse, expertos en la web de iriarquitectura la consideran «la fachada más insólita en la Galicia de la época, pues es de hormigón visto, en un tiempo en el que este se consideraba un material pobre».

Casa Taboada, otra joya modernista de 1918, obra de Vázque-Gulías y de propiedad privada, cerrada y en riesgo / Iñaki Osorio
Actualmente, la casa está abandonada y deteriorándose cada vez más a pesar de ser un bien catalogado. «Si en algún momento alguien echa una cerilla dentro, ardería con facilidad», alertó en su momento Lucila Vázquez-Gulías, nieta del arquitecto y presidenta de la fundación que preserva su legado. Las intervenciones en el pleno para pedir que el Concello hiciera una oferta a la familia para adquirirla no prosperaron. Los actuales propietarios han desistido de restaurarla y el año pasado solo se sometió a un pequeño arreglo para evitar daños mayores, ya que no les otorgaron la licencia para el proyecto que pretendían, el cual incluía alguna altura más y ascensor.
A la larga lista de la propiedad privada hay que sumar el cenobio de Santa Comba de Naves (siglo IX), en estado ruinoso y ubicado en el núcleo rural de Palmés, en la capital. De hecho, este monasterio figura en la lista roja de la web de Hispania Nostra como uno de los trece que están en franco deterioro en la provincia.
Este complejo, que está catalogado por la Xunta, dejó de funcionar como tal en la primera mitad del siglo XIX y lleva quince años en dicha lista roja sin que su actual propietario ni la Xunta hayan hecho nada por frenar sus derrumbes. Asimismo, el colegio Santa María Goretti sigue en un bloqueo legal e institucional mientras sus paredes continúan en pie a duras penas en el entorno histórico de la Praza da Imprenta.
El fallido camping de Untes
El cartel de «cerrado temporalmente», instalado desde hace años en el recinto del Camping de Untes, encierra una gran ironía. Este espacio, llamado a ser el primer camping del municipio y promovido por el Concello, costó 20 años de gestiones para su consolidación. Sin embargo, lleva cerrado desde 2015; es decir, once largos años. En este tiempo, las instalaciones han sufrido un desmantelamiento total, con robos y saqueos en los bungalós que van desde grifos hasta sanitarios.
En 2018, el Concello encargó a un estudio de arquitectos de Ourense un proyecto costoso e ilusionante. Se trataba de rescatar la zona bajo el concepto de ‘glamping’ (camping con glamour), siguiendo la normativa de instalaciones de alto nivel similares a las de otras zonas de Europa. No obstante, el plan colisionó con la realidad: la excusa técnica posterior fue que la zona carecía de un complejo proyecto de canalización de aguas residuales.
El año pasado, el propio Concello dio por descartado este camping municipal tras años de inversiones de corporaciones anteriores. El concejal de Urbanismo, Francisco Lorenzo, justificó el abandono en un pleno afirmando que existía otro proyecto privado muy ambicioso en la zona de Regoalde, en Beiro.
A día de hoy, nada se sabe del camping municipal ya desahuciado, ni tampoco del de Regoalde. Según el Gobierno local, este último iba a ser promovido por un empresario originario de los Países Bajos, titular de una superficie de 5 hectáreas en la parroquia de Beiro. De aquel macrodiseño prometido por el inversor, quien se había comprometido a presentar el proyecto en tres meses (hacia junio o julio de 2025), no se ha vuelto a saber nada.
Pozas Maimón, irrecuperable
Hay dotaciones que son prácticamente irrecuperables, como el complejo de Pozas de Maimón, una cafetería de propiedad municipal que era uno de los reclamos dotacionales para el turismo termal. Es otro ejemplo de la desidia: fue inaugurada en 2011 y desde 2015 quedó en desuso, sufriendo también multitud de expolios. En 2019, un incendio la redujo a un esqueleto quemado. En el año 2025, el Concello de Ourense aprobó una partida de algo más de 140.000 euros para limpiar y demoler la zona con la intención de poner en marcha alguna otra dotación hostelera, según señalaron en un pleno. Por ahora, la zona sigue igual.
Otra de las dotaciones municipales que tampoco avista un futuro es la pequeña cafetería de Finca Méndez. Desde hace más de 11 años nadie puja para reabrirla, y esa zona verde con parque infantil no ha tenido candidatos en los sucesivos concursos.
También sigue cerrado el bajo de la antigua oficina municipal de turismo, en los jardinillos de Padre Feijóo. La idea del alcalde, según dijo, era abrir una cafetería de concesión municipal. Sin embargo, tendrá que solucionar primero uno de los problemas de muchas dependencias: el alto nivel de gas radón que aconsejó su cierre.
El deterioro afecta a buena parte del patrimonio inmobiliario de Ourense. Cada mes se suma alguna declaración de edificio en ruinas desde el Concello. Solo en el casco histórico hay más de 200 viviendas declaradas en estado de ruina.
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