La Zona de Bajas Emisiones de Ourense sigue sin estar señalizada a mes y medio de que comiencen las multas
A pesar de la proximidad de la fecha límite, Ourense aún no ha señalizado la Zona de Bajas Emisiones, dificultando el cumplimiento de la norma

Un coche accede a la calle Pena Corneira, en la que empieza la Zona de Bajas Emisiones, sin que haya ninguna señal. / Brevebretema
A partir del 1 de julio de 2026, entrar en la Zona de Bajas Emisiones de Ourense con un coche sin etiqueta medioambiental ni autorización supondrá una multa automática de 200 euros. Sin embargo, a falta de menos de un mes y medio de que llegue esa fecha, es literalmente imposible saber dónde empieza el área restringrida cuando se está al volante. A fecha de 17 de julio, todavía no se puede ver en la ciudad de As Burgas ni una sola de las reconocibles señales con el coche soltando humo que ya pintan las calles de Barcelona y Madrid desde 2020 o en Pontevedra y A Coruña desde 2023. La problemática no es solo visual, pues la implementación de esta nueva regulación de tráfico conllevará considerables cambios respecto a la movilidad actual: siete de los trece puntos por los que se puede acceder a la ZBE no cuentan con ningún tipo de restricción de acceso a día de hoy. Esta situación contraste con las ciudades gallegas que implementaron esta medida antes que As Burgas, en las que la implementación modificó mínimamente la movilidad —en la capital coruñesa las zonas afectadas ya estaban limitadas a residentes, bus y carga y descarga, mientras que en Pontevedra se permite «el tráfico necesario y de servicios» independientemente de la etiqueta medioambiental).
Sin señales tras cinco meses de adaptación
Buscando explicaciones sobre qué puede causar esta parsimonia a la hora de señalizar las calles de más tráfico de la provincia, la falta de tiempo no parece ser una respuesta válida. Tras un laberinto de haceres y deshaceres, la ordenanza llegó a pleno en julio de 2025, y en octubre de ese mismo año se aprobó que se pusiera en funcionamiento para ese mismo 26 de diciembre. Eso sí, esta etapa inicial sería sin multas, con tan solo «avisos informativos aos vehículos que non teñan dereito de acceso» y, en definitiva, unos meses previos a las multas para hacerse a la nueva regulación. Sin embargo, ese panorama que se pintó en la web del concello y las casetas informativas a final de año dista mucho del actual: tras ya cinco meses de esta primera fase, las calles siguen igual que antes en cuanto a señalización, poco se ha escuchado sobre esos supuestos avisos informativos, a pesar de que decenas de vehículos deberían recibirlos, en teoría, a diario. De hecho, teniendo en cuenta que al mismo tiempo que esta fase se ha eliminado la zona azul, el coche contaminante tiene ahora más libertad de movimiento y estacionamiento que al principio de la normativa, que precisamente buscaba restringir su acceso para ahorrar al medio ambiente un total de 3.397 toneladas de CO2 anuales, según el proyecto publicado.

Infografía de los puntos de acceso a la ZBE / Simón Espinosa
De no solucionarse a tiempo, este contraste entre la información a pie de calle y la digital —la web municipal ofrece una infografía y preguntas frecuentes a la que no le falta ningún detalle— puede causar grandes problemas en aquellas calles en las que ahora no existe ningún tipo de restricción, pues la gran mayoría de ellas son frecuentadas para buscar estacionamiento, un gran reto en la ciudad. Este el caso, por ejemplo, de las calles Monte Seixo y Pena Corneira, pues a ninguna de ellas se podrá acceder desde Pena Trevinca sin autorización o sin un coche 'ecofriendly', cuando allí se concentran una gran parte de las plazas de 'parking' públicas más próximas al centro, y que suelen estar colmadas. Algo similar ocurre en la zona de la fuente termal de As Burgas, punto frecuente de aparcamiento para hacer trámites o comprar en la Plaza de Abastos: ahora, el recorrido habitual de subir la calle Desengaño para incorporarse a Progreso estará multado si no se cumplen los requisitos. Se reducen también las posibilidades de dejar el coche en la Avenida Buenos Aires para quien accedía a ella desde Bedoya, pues esta última calle está inmersa por completo en la ZBE, ya que se corta en la Juan XXIII a su acceso por Parque San Lázaro, y en la Avenida da Habana en su cruce con Ramón Cabanillas. Completan el catálogo de las entradas que pasarán del «nada al todo» las calles García Mosquera, Vilar y Xosé Ramón Fernández «Oxea», todas en la zona de Posío.
La zona peatonal, ya asegurada
Por otra parte, los puntos de acceso que ya cuentan con restricciones son aquellos en los que los límites de la ZBE coinciden con los de la zona peatonal, como es el caso de Doutor Marañón, Avenida de Pontevedra, Concordia, Parque San Lázaro y San Francisco. Esta zona recuerda otro caso de apalancamiento a la hora de poner medidas de tráfico, pues las cámaras de videovigilancia que monitorizan 24 horas las entradas al casco histórico se activaron el último 3 de marzo tras seis años sin un sistema automático —el 26 de febrero de 2020 se retiraron los bolardos físicos que corteaban la zona—. Sea como fuere, este dispositivo de control, que cruza las matrículas que detecta con la base de datos de las permitidas, se puede usar de la misma para la ZBE, y el concello ya ha anunciado que quien estea autorizado para la zona peatonal se consideraba también apto para esta otra medida. Por último está el callejón San Cosme, que no cuenta con señal ZBE ni cámaras de videovigilancia, pero se limita su entrada solo para garajes.
En resumen, quienes estarán a salvo a partir de julio de una multa por desinformación en la carretera son aquellos vehículos sin etiqueta medioambiental cuyos conductores estean empadronados en la ZBE, accedan a un garaje o gasolinera, tengan movilidad reducida o sean de carga y descarga, además de aquellos vehículos modernos. No son pocos los que escapan de esta regla: el parque automovilístico de Ourense tiene una media de edad de 17,8 años, uno de cada tres coches gallego no puede recibir la etiqueta medioambiental —según la Asociación Nacional de Fabricantes de Coches— y, en cuanto al empadronamiento, la capital genera en torno al 50% del empleo afiliado de la provincia de Ourense, por lo que muchos vecinos de otros concellos llegan cada día al centro para trabajar.
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