El conservatorio de Ourense envía su primera expedición Erasmus+ a Turquía
La experiencia en Balikesir permitió a los alumnos ourensanos descubrir los 'semitonos' de la música turca y su particular acústica oriental

David Alján / Cedidos
La comitiva ourensana que el 6 de abril partió desde el aeropuerto de Barajas hasta la ciudad turca de Balikesir era un número más en las listas de las aeronáuticas. Una pequeña parte de los 1.000 españoles que de media viajan a diario al país otomano, y un mínimo porcentaje de más de 65.000 pasajeros que, como ellos, aterrizan cada jornada en el aeropuerto Sabiha Gökçen (Estambul). Pero para el lugar desde el que venían, la cifra que suponían era bien distinta en cuanto a importancia: los diez alumnos de música y los dos profesores que les acompañaron a Turquía hicieron historia como la primera expedición Erasmus+ que envía el conservatorio de Ourense. Cuatro semanas después de cruzar los tres kilómetros que separan ambas ciudades, los estudiantes ofrecieron una conferencia interactiva para compartir su experiencia con el resto del conservatorio.
Una experiencia que, como no podía ser de otro modo, giró en torno a la música, ya desde el inicio del viaje, y no de la manera de la que los ourensanos hubieran preferido, pues las llamadas a la oración musulmana que salían por el altavoz desde una mezquita próxima a su hotel los despertaron por la noche después de las largo trayecto de avión. Pocas horas después (y con alguna que otra cara somnolienta), les esperaba en el Ziraat Sanat Lisesi lo bautizaron como una «charanga turca», un ensemble de trompetas, clarinetes y tambores que, con melodías tradicionales turcas, recibieron a la comitiva de la ciudad termal en un ambiente de fiesta total.
La magia de los instrumentos tradicionales turcos
La tradición fue pieza clave de los seis días de intercambio, pues los ourensanos aprendieron todo lo que se podía saber en seis días sobre los instrumentos que componen el folclore turco, como el qanun, una cítara con más de 80 cuerdas agrupadas de tres en tres; o el saz, de la familia del laúd y que da nombre a un género musical propio.
Además, pudieron aprender varias canciones tradicionales o participar en un taller de composición en el que debían crear letras en turco y español hablando del olivo, el cual da nombre y sentido a este proyecto Erasmus (se busca unir lazos entre una de las principales productoras de aceite en Turquía con una ciudad de As Burgas que empieza a recuperar el cultivo del imperio romano).
Pero los momentos más recordados por los chavales fueron, sin duda, los momentos de descanso: espacios totalmente libres en los que no hacía falta idioma para entenderse, tan solo una guitarra y algo de percusión. «La verdad es que nos fuimos con el corazón lleno y un poco roto, pero sobre todo conocimos una forma nueva de entender la música», comentaba David Garrido en la conferencia.
No es para menos, pues la música turca le da mucha importancia a los que ellos conocen como «semitonos», sonidos entre la escala convencional que se enseña en España y que aprender de forma intuitiva, dándole la acústica oriental a sus piezas.
Además, al contrario del conservatorio ourensano, en el que las clases de música se deben compaginar con las responsabilidades del colegio, la enseñanza de música en Balikesir está integrada dentro del instituto, los horarios son más cortos que en España y el centro es internado para las mujeres: «Notábase que a xente que estaba alí tiña moita paixón pola música; aquí no conservatorio podes estar por decisión dos teus pais ou simplemente facer amigos, pero eles tomábano moi en serio», explicaba Brais Miranda, otro de los alumnos ourensanos.
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