Entrevista | Alex Alguacil Pianista
«La música clásica puede ser un antídoto frente a la superficialidad que vivimos hoy en día»
El pianista internacional ofrecerá una 'masterclass' a los alumnos del Conservatorio y participará en la XIX edición del festival Pórtico do Paraíso

Alex Alguacil, durante la masterclass que impartió a a los pianistas del conservatorio de Ourense. / Iñaki Osorio
Como tantas veces pasó, el auditorio del Conservatorio de Ourense recogía en la mañana de este jueves, como si de una bombonera se tratase, una atmósfera musical de la que se disfrutaba incluso extramuros. Pero a diferencia de otros momentos en los que son decenas de músicos en conjunto los que crean dicho clima, era solo un intérprete, y ensayando, el protagonista de esta escena: Alex Alguacil uno de los pianistas más internacionales de España, se encuentra estos días en As Burgas para impartir una masterclass a los alumnos ourensanos y participar en la XIX edición del festival Pórtico do Paraíso.
A un pianista como usted, que ha recorrido medio mundo y ha tocado en salas enormes, ¿qué le inspira Ourense?
Tengo cierto vínculo, porque durante años vine a impartir un curso de interpretación, que también va a tener lugar estos días. La vinculación es sobre todo pedagógica, con el alumnado y el profesorado de aquí. El conocimiento que tienen sobre interpretación y el trabajo que llevan años haciendo me ha llevado a mantener una relación especial con ellos y con la ciudad.
El festival Pórtico de Paraíso, en el que participa, celebra casi veinte ediciones y está muy consolidado dentro de la música antigua en Galicia. ¿Qué conocía de él antes de ser invitado y cómo surgió la oportunidad de venir a tocar?
Lo conozco desde hace muchos años. Es un festival con renombre y trayectoria. Hace tiempo surgió la idea de poder hacer un concierto con un piano de cierta categoría, un instrumento histórico que tienen en el Liceo. En su día lo comenté con Juan Enrique Miguéns, el director del festival, y con el tiempo encajó la posibilidad de unir este concierto con un par de días en los que también aprovecho para trabajar con alumnos y con otros pianistas.
Tocar en el Liceo es hacerlo en un espacio con mucha nobleza, pero mucho más recogido, que a grandes auditorios como el Carnegie Hall o el Palau de la Música Catalana, en los que también has interpretado. ¿En qué tipo de espacios disfruta más como músico?
Disfruto de todo, pero sí es cierto que últimamente disfruto más en espacios íntimos, como este concierto. En salas muy grandes, el repertorio y el sonido que uno saca del piano están pensados para llegar a las últimas filas, a escenarios de mil butacas o más. Y a veces prefiero programas más cercanos, donde el público está más próximo y también percibe las expresiones. En una sala enorme, si estás sentado muy lejos, la sensación del concierto es otra.
El programa reúne mundos muy distintos. ¿Cómo se consigue que convivan en un solo concierto sin que suene disperso?
Los programas se conciben como un viaje, un trayecto. En este caso empieza con las Consolaciones de Liszt, que son obras tranquilas, poéticas y muy íntimas. Después vienen transcripciones de Schubert hechas por Liszt, y eso crea un puente natural. Y luego hay una selección de Goyescas, que también tiene algo muy teatral, muy de escena, y el concierto termina con El amor y la muerte, el momento más dramático, con la muerte del majo en brazos de la maja. De alguna manera queda todo unido por una atmósfera representativa, casi operística.
Esas Goyescas, compuestas por Enrique Granados, fueron las protagonistas de su último trabajo discográfico, y contó que pudo trabajar esta obra con Alicia de Larrocha, una de las leyendas del piano en el siglo XX. ¿Se notará ese poso en el concierto?
Mañana toco una selección, no el trabajo integral. Pero sí, tuve el privilegio de estudiar con ella varias piezas y precisamente algunas de las que interpreto. Sigo muchas de sus recomendaciones, sobre todo a nivel de pedalización y de ciertos aspectos de mano y pulsación. Ella era muy precisa apuntando estas cosas en la partitura y yo sigo esas indicaciones. También interpreto la versión que Larrocha recomendaba, porque hay pequeñas diferencias con otras lecturas de la obra.
Ahora es usted quien imparte las 'masterclass'. ¿Su forma de enseñar viene de esa experiencia o es una síntesis de toda su trayectoria?
Hay que salvar las distancias. Larrocha era monumental y su manera de enseñar era única. En mi caso, lo que hago es una suma de influencias de diferentes profesores y, por último, de mi propia visión de cómo concibo la música y de cómo creo que se puede transmitir a alumnos de niveles distintos. Eso sí, a veces comento cosas que Alicia decía, sobre todo sobre el pedal y la pulsación, y hay detalles que ella transmitió y que nosotros intentamos pasar a las nuevas generaciones.
¿Cómo ve a esta nueva generación de pianistas en el Conservatorio de Ourense?
Veo alumnos muy interesados y muy entregados. Suelo venir en esta época, en mayo o abril, que es cuando ya tienen las obras trabajadas después de todo el curso, y se nota un gran trabajo del departamento de piano, que lleva años muy implicado. Antes de mí también venía María Jesús Crespo, a la que dedicaron el nombre de un aula aquí, y yo fui alumno de ella. Este año, además, ha habido muchísimas inscripciones y suele venir también gente de fuera del centro. A mí me parece magnífico que se mantenga la iniciativa y que se conozca, porque cada año hay masterclasses no solo mías, también de otros profesores. Y, además, incluso en Barcelona, desde donde vengo, se habla de Ourense y del centro por incentivar este tipo de actividades.
Muchos docentes hablan de una pérdida de cultura del esfuerzo y de perseverancia en las nuevas generaciones. ¿Lo percibe también?
Es un tema amplio y tiene que ver con el momento social que vivimos. La tecnología y las redes empujan a la inmediatez y hay una falta de concentración general, no solo en los alumnos de música. Pero la práctica de un instrumento exige asumir que las cosas de calidad requieren tiempo y que no hay atajos. Y eso, en sí mismo, es un aprendizaje valiosísimo: da conciencia de esfuerzo, perseverancia, lucha con la frustración cuando no sale, capacidad de concentración… Se habla mucho de cuidarse el cuerpo, del gimnasio, pero para mí un ejercicio muy potente para la mente es practicar un instrumento musical.
En la era de las redes se insiste en la comunicación más allá del instrumento, y en aprender «lo que no te enseñan en el conservatorio». ¿El músico clásico debe dominar también ese terreno?
Es importante comunicar, pero sobre todo desde el instrumento. Es cierto que hoy se pide cercanía y contenidos, y muchas veces el músico acaba haciendo autopromoción. Pero yo no soy partidario de dedicar demasiado tiempo a eso si va en detrimento de la calidad del trabajo. El producto del músico es lo que ofrece en el escenario. Lo ideal es poder rodearse de gente que ayude con la parte de relaciones públicas y comunicación para que el músico se centre en la interpretación. Lo que no me gusta es el músico hiperactivo en redes cuando luego vas al concierto y la calidad es baja.
La música clásica tiene el reto de atraer a nuevas generaciones, muy influenciadas por géneros urbanos. ¿Qué sigue teniendo la música clásica para engancharlas?
La música llamada «clásica», que en realidad es mucho más amplia que un periodo concreto, tiene cosas mucho más transgresoras de lo que la gente imagina. Muchas músicas posteriores, incluso del rock, beben de Bartók, Stravinsky o Prokófiev. La música de cine también está llena de esas influencias, y hay mucho Wagner ahí. Para mí, la música clásica puede ser un antídoto frente a la superficialidad que vivimos hoy en día del «usar y tirar». Ofrece otra puerta, otro mundo, más profundo, pero requiere esfuerzo de escucha y algo de pedagogía. Y esa pedagogía existe. Hay musicología, radio, prensa, personas que explican. Y cuando yo tengo ocasión de hablar con el público sobre las obras, la gente está interesada, quiere saber más. Creo que la música clásica tiene mucho que ofrecer todavía, pero en el mar de estímulos actual hay que entrar y dedicarle un poco de tiempo para descubrirla.
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