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Educación, innovación y futuro

De los ciberdelitos a los incendios: Galiciencia, la mayor feria científica educativa, combate desde Ourense los miedos de la era digital

La XXI edición de la cita, con temática de ciberseguridad, reúne a más de 3.500 participantes con 104 proyectos que demuestran que el talento juvenil no tiene límites

Galiciencia celebra a súa XXI edición con máis de 3500 participantes

Iñaki Osorio

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El Parque Tecnolóxico de Galicia, en San Cibrao das Viñas, es desde este miércoles y hasta este viernes un hervidero de ideas, un laboratorio gigante y, sobre todo, una declaración de intenciones. La XXI edición de Galiciencia, la mayor feria científica y educativa de la comunidad, ha arrancado batiendo récords de concienciación social, reuniendo a más de 3.500 participantes que heredarán la Galicia más digital, una generación que ha decidido que no quiere ser víctima pasiva de la red.

Así lo da a entender la temática elegida este año, la ciberseguridad. Un tema que según el director de la Tecnópole y uno de los responsables de la organización, Javier Taibo, responsable de la organización, «ha tenido una respuesta sorprendente, siendo sino el año con mayor volumen de proyectos presentados sobre el tema principal, uno de ellos». No es casualidad. Mientras los escolares— desde Primaria hasta FP pasando por Secundaria— defienden sus prototipos, a pocos metros se levanta el futuro Centro de Excelencia en Ciberseguridad de Galicia, la infraestructura que protegerá a la Xunta, diputaciones y concellos de ataques informáticos y que «fue el gran motor» para elegir la temática, según reconoce Taibo.

La feria la componen este año un total de 104 proyectos entre los que se pueden visitar presencialmente en la Tecnópole y los que se pueden consultar online y entre ellos hay representación de centros de toda Galicia con propuestas muy variadas.

Un semáforo contra el phishing

Desde el concello de A Rúa el proyecto del Colegio Pablo VI es uno de los que mejor resume la filosofía de esta edición. Silvia Fernández y Rodrigo García han identificado que «el eslabón más débil de la cadena de seguridad no es un el código o un ataque, sino el ser humano».

Así lo explica la estudiante de 4ºde la ESO que tras investigar junto a su compañero los usos de las redes sociales y, sobre todo, los avisos de los correos electrónicos descubrieron que sufrimos de «fatiga de alertas: recibimos tantos avisos de seguridad que acabamos ignorándolos por saturación, lo que nos lleva a que, aunque nos avisen de que algo es peligroso, lo ignoremos o lo pasemos por alto».

Su solución es tan brillante como pragmática y...offline: un semáforo físico impreso en 3D con filamento biodegradable. Así nació su proyecto, «Cibersemáforo: sacando el riesgo digital de la pantalla al mundo real». Ya con su título resumen sus funciones, controlado por una placa arduino, el dispositivo traduce el riesgo digital en un código visual universal. «Una persona de 80 años no va a leer una alerta técnica que, por encima, tiene la letra muy pequeña, pero si ve rojo, ya ve peligro», explica Silvia

El semáforo se encarga de avisar del peligro mediante el color, verde si no supone un problema, amarillo en un riesgo medio o rojo si hay que prestar atención, pero también emite un sonido que funciona como alerta. «Al enfocarse en corregir el error humano y la saturación de información, buscamos crear una herramienta educativa y escalable capaz de proteger a los usuarios frente a amenazas como el phishing en entornos domésticos, empresariales y escolares», resume Fernández que ya avanza que la intención es que el proyecto no se quede en Galiciencia.

Silvia y Rodrigo con el semáforo que salva de los ataques en la red

Silvia y Rodrigo con el semáforo que salva de los ataques en la red / Iñaki Osorio

«Creemos que puede ser útil en el día a día real, fomentando una conciencia preventiva que trascienda la simple recepción de datos técnicos», elabora asegurando que es «escalable pensado para entornos corporativos, empresariales o escolares» porque Rodrigo apunta que «da igual cuántas medidas de seguridad tenga nadie, es igual que un coche, por seguro que sea si el conductor quiere ir a lo loco, irá a lo loco, la diferencia está en la prevención de que eso ocurra».

Radiografía del descuido

La feria también ha servido para poner datos sobre la mesa. «Como podemos cos ciberataques?» es el título del trabajo de las estudiantes del CPI Poeta Uxío Novoneyra, Irene y Claudia. Las alumnas de primero de la ESO realizaron una encuesta entre su entorno para analizar los hábitos de consumo y seguridad online, con «resultados preocupantes: el 100% de los encuestados comete algún error grave en la creación de sus contraseñas», dicen.

Según sus cifras extraídas, su proyecto revela que « el 79% de los usuarios utiliza la misma clave para distintos servicios y el 64% apenas varía uno o dos números en sus credenciales, además el 51% tiene un patrón predecible, el 35% las guarda en el navegador o en el bloc de notas y un 11% emplea datos personales».

Para combatir esto han diseñado un sistema que calcula en tiempo real cuánto tardaría un hacker en descifrar una contraseña, descubriendo que muchas de las claves actuales se rompen «en un tiempo que va desde apenas un par de minutos hasta siglos si uno es creativo».

En una línea similar, sus vecinos lucenses del Colegio San Lorenzo de Lugo han puesto el foco en la manipulación en redes sociales, analizando específicamente la red X—antes Twitter— para saber qué tipo de personalidad es más propensa a aceptar como válido ciertos bulos y cuál es el grado de imparcialidad y neutralidad de la red de Elon Musk para evitar que eso suceda.

Para ello, utilizaron inteligencias artificiales que clasificaron miles de publicaciones en categorías como política, cultura o violencia. «El hallazgo fue inquietante: mientras que plataformas como TikTok o Instagram aplican filtros severos, X apenas censura contenidos violentos», dice Lucas, quien explica que para demostrarlo, realizaron un experimento: «generamos un vídeo simulando un atentado terrorista mediante la versión de pago de la IA Gemini. Mientras el resto de redes bloquearon el contenido casi al instante, en X el vídeo permaneció impune».

Además, aplicaron diagramas para clasificar a los usuarios en cuatro cuadrantes de personalidad según su confianza e influenciabilidad. Sus resultados muestran «un perfil predominante de baja confianza y baja influenciabilidad en los jóvenes de 15 a 30 años, lo que se traduce en un escepticismo saludable ante los bulos, aunque con el riesgo de caer en una crítica excesiva», expone su compañera Yara.

Volviendo a la provincia de Ourense, el colegio Miraflores se presentó con dos proyectos, aunque solo uno de ellos puso el foco en la ciberseguridad: Nudo de Meiga. Fernanda y Carlota, alumnas del centro, diseñaron un auténtico «filtro de conciencia» digital que ataca la raíz de la sobreexposición en internet: la falta de percepción del riesgo.

Su propuesta nace de una hipótesis tan sencilla como potente, «la mayoría de los usuarios no comprometen su privacidad de forma voluntaria, sino por el puro desconocimiento de lo que sus imágenes revelan en segundo plano», cuenta Fernanda. Para luchar contra ello crearon una herramienta web, que busca frenar el impulso de publicar sin antes evaluar si se está entregando, sin darse uno cuenta, datos de la vida privada al ecosistema global.

El alumnado de Miraflores ante sus stands

El alumnado de Miraflores ante sus stands / Iñaki Osorio

El sistema se apoya en un binomio de códigos de programación que diseccionan cada fotografía en busca de amenazas invisibles para el ojo despreocupado. Se encargan de «leer» y detectar textos sensibles como números de DNI o matrículas y analizar el contexto visual para identificar rostros y nombres de calles, lanzando una alerta inmediata antes de que el usuario haga clic en el botón de compartir porque «la mejor meiga contra los peligros de la red es aquella que nos ayuda a identificar el riesgo antes de que sea demasiado tarde».

Ideas al margen de lo digital

La ciberseguridad era el tema principal de Galiciencia y es también uno de los miedos actuales en toda la sociedad ante unos delitos que, tan solo en la ciudad de Ourense, subieron un 12,5% en 2025. Pero no es el único.

«El miedo» es el motor de varios proyectos que también comparten temática sin estar elegida por la organización: los incendios. Cómo prevenirlos y cómo enfrentarse a la recuperación de los montes tras su paso son algunas de las preguntas que se hicieron escolares del IES Lagoa de Antela de Xinzo de Limia, del IES Pazo da Mercé de As Neves, del Centro Educativo Galén de Lugo y también desde las propias Aulas da Tecnópole, desde donde Lucía García y Juan Fernández mostraron IGNIS.

«La temática se nos ocurrió ya en verano porque todos tenemos pueblos y todos hemos vivido los incendios, yo soy de la zona de Verín, así que...», contextualizaba Lucía sobre los inicios de una propuesta que va desde bombas de semillas hasta ladrillos elaborados con ceniza en la fase de postincendio, pero comienza mucho antes, en la prevención.

«Diseñamos un sistema con sensores de monóxido de carbono que detectan el incendio mucho antes de que aparezca la llama, porque ahora mismo sabemos que se están empleando cámaras, pero eso graba el fuego, esto puede ayudar a prevenirlo y, con ello, a evitarlo», comentan. Esos sensores están además hechos de filamento de pino biodegradable y tienen forma de seta «para no distorsionar el entorno medioambiental y no contaminar».

Si no llegasen a tiempo para evitar el fuego, su propuesta incluye qué hacer tras la extinción: aprovechar los recursos. Han creado ladrillos fabricados con un 30% de ceniza y un 70% de cemento «tras meses de pruebas en las que buscamos las cantidades exactas y hubo muchos descartes hemos logrado una composición con una resistencia y dureza similares a un ladrillo convencional, reduciendo costes a las constructoras y reciclando un contaminante», defiende Juan.

Pero, además, pensaron en la reforestación y también idearon un plan, «la ceniza en grandes cantidades es un contaminante muy fuerte, que es lo que queremos evitar, pero en pocas cantidades es un fertilizante natural muy bueno, así que hemos elaborado papel reciclado y, con él, bombas de semillas que al contacto con el agua se desharía completamente, quedarían solo las semillas y estas germinarían». Con estos elementos concluyen su hipótesis: « si de verdad implantamos los sensores en los bosques y podemos utilizar los materiales y los recursos que producen para fabricar estos materiales, haríamos el mundo un lugar mejor».

Su objetivo es el mismo que persiguen los más de 3.500 participantes de Galiciencia que hoy continúan con otra jornada.

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