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Patrimonio municipal

Los kioscos del rianxo, resistencia ante el abandono: «Son patrimonio de Ourense y urge restaurarlos»

Los últimos placeros que mantienen la concesión en estas edificaciones singulares de mediados del siglo XX luchan por mantenerlos en pie

Senegal toma el relevo y Baye, un vendedor africano, ha alquilado varios cerrados como almacén y venta de productos de siembra

Natalia, Baye y María, tres de los últimos placeros al frente de estos kioscos históricos.

Natalia, Baye y María, tres de los últimos placeros al frente de estos kioscos históricos. / Iñaki Osorio

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Ourense

Apenas media docena de placeros son ahora mismo la resistencia que sigue al frente de una de las estructuras arquitectónicas más icónicas de la degradada zona del rianxo de Ourense: los antiguos kioscos de mediados del pasado siglo. Son el testigo de una época en la que un mercado —como ocurrió con el edificio civil de la plaza, del año 1929, o sus edificaciones anexas— se levantaba pensando en la funcionalidad y la belleza del entorno.

Los actuales placeros que siguen como concesionarios al frente de estas pequeñas edificaciones, hoy abandonadas y de propiedad municipal, son también la resistencia del rianxo. Estos kioscos, diseñados en 1949 y construidos unos años después, se mantenían como piezas a conservar y restaurar dentro del ambicioso proyecto de reforma del mercado y del rianxo del año 2008. No se tocaban estos kioscos pese a que aquel proyecto incluía el derribo de las estructuras obsoletas.

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Axel atiende a un cliente en uno de los kioscos que regenta Frutas Martínez / Iñaki Osorio

Sin embargo, ahora mismo estas pequeñas edificaciones, que serían mimadas en cualquier otro país europeo como signos de identidad, tienen matorrales brotando en los tejados y paredes deslucidas. La mayoría están cerrados y muchos de los que aún funcionan carecen de servicios básicos: «No tienen ni grifo —tenemos que utilizar uno comunal— ni lavabos propios», explica un placero.

Testimonios de resistencia

«Estamos muy orgullosos de tener la concesión de estos kioscos de la plaza; son históricos y me da pena que algo tan bonito esté tan abandonado», explica María Reboredo, una de las últimas placeras de la zona de Rianxo, que ocupó uno de estos kioscos durante 42 años y al que piensa volver.

Tanto María como Axel, trabajador de una conocida frutería con siete puestos —algunos cedidos solo para guardar mercancía—, lamentan la situación. «El mantenimiento no es bueno y no hacen mejoras, a pesar de que estos días nos está llegando mucha gente», indican. «Este mercado sigue teniendo muchos clientes».

Senegal toma el testigo

Baye e Ibrahim, inmigrantes senegaleses que ya forman parte del paisaje y el paisanaje local —manejando incluso un lenguaje cantarín y cómplice con el que Baye mezcla gallego y castellano—, se han convertido en los «salvadores» de estas casetas. Han asumido la concesión de varios kioscos cerrados en un momento en que la plaza, tanto en su zona superior provisional como en los escasos puestos del Rianxo, es un hervidero de clientes.

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Uno de lo kioscos alquilados, para vender planta de siembra / Iñaki Osorio

«Viene mucha gente a comprar productos para sembrar en la huerta. Muchos son mayores y por eso vienen a estos kioscos a pie de carretera. Aparcan rápido para que no los multen y se van porque no hay dónde aparcar», explica Baye. Lamenta, además, el cierre de la única cafetería que quedaba dentro de una de estas pequeñas casetas históricas.

En medio de la decadencia generalizada del entorno, uno de los puestos con más trajín es el de la panadería que atiende Natalia Alonso. La empleada de esta tienda de dulces y empanadas asegura que «no podemos quejarnos; pese a que no se preocupan mucho de mejorar el mantenimiento de la zona, no paran de llegar clientes».

«Estos kioscos son historia viva; si los reparan un poco, serán un atractivo más», explican. «Bien cuidados, podrían utilizarlos hasta para puestos de artesanía», indica otro placero. No faltan ideas; solo falta apoyo institucional.

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