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Lucha contra el fuego

Ourense se apoya en las quemas prescritas para frenar los grandes incendios: «No podemos renunciar a ninguna herramienta preventiva»

El operativo, enmarcado en el Pladiga, busca reducir combustible vegetal y evitar incendios de alta intensidad en verano mediante una técnica planificada y regulada

Vilor y Martínez en el Centro de Coordinación Provincial contra incendios forestales

Vilor y Martínez en el Centro de Coordinación Provincial contra incendios forestales / Iñaki Osorio

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Ourense

Ourense aprendió el pasado verano hasta dónde puede llegar el fuego. Más de 100.000 hectáreas arrasadas en la provincia, aldeas amenazadas, viviendas calcinadas en lugares como San Vicente de Leira, en Vilamartín de Valdeorras, o A Caridade, en Monterrei, y una sensación compartida entre técnicos y vecinos: los grandes incendios ya no son solo un problema forestal.

Con ese escenario todavía reciente, el Centro de Coordinación Provincial contra Incendios Forestales trabaja en una herramienta preventiva tan antigua como controvertida: las quemas prescritas. «No es quemar por quemar», subrayan los responsables del operativo. «Es una técnica planificada, regulada y ejecutada en unas condiciones meteorológicas muy concretas para reducir combustible vegetal y evitar incendios de alta intensidad en verano», resumen.

La jefa del Servizo de Prevención, Sandra Martínez, y el jefe de la unidad técnica, Horacio Vilor, explican que estas actuaciones forman parte de la estrategia preventiva del Pladiga— Plan de prevención y defensa contra los incendios forestales de Galicia— y que «nada tienen que ver con un incendio forestal». Aunque en ambos casos hay fuego, insisten en que la gran diferencia está en el control.

«Conciliación de intereses»

«Un incendio se produce cuando las condiciones son extremas y el comportamiento del fuego es imprevisible. Una quema prescrita se realiza en invierno o a inicios de primavera, dentro de unas ventanas de prescripción muy rigurosas, con humedad, temperatura y viento controlados», resume Vilor.

Los responsables del operativo sitúan el origen del problema en una realidad que afecta a buena parte del territorio gallego: el abandono del rural. El éxodo de población y la desaparición progresiva de usos tradicionales han generado paisajes con enormes cantidades de biomasa acumulada.

A ello se suman veranos más secos, olas de calor más frecuentes y largos periodos sin lluvias, factores que favorecen incendios de gran intensidad y comportamiento extremo. Por eso, defienden la importancia de las quemas prescritas junto a otras herramientas preventivas como los desbroces o la creación de áreas de discontinuidad vegetal.

Vilor pone el foco en que hay colectivos que «siguen usando el fuego «con fines tradicionales para gestionar vegetación, regenerar pastos o mejorar determinados terrenos». La estrategia de la administración pasa así por «conciliar intereses» con esos colectivos: comunidades de montes, ganaderos, sociedades de caza o propietarios particulares para «ofrecer una alternativa legal, planificada y segura».

La ejecución y sus motivos

Las quemas prescritas se ejecutan siempre con medios de extinción desplegados. Dependiendo de las necesidades acuden distintos efectivos: brigadas, motobombas y personal técnico especializado.

Cada actuación cuenta además con un plan específico, líneas de control y un protocolo de contingencia por si las condiciones meteorológicas cambian. Incluso el mismo día de la quema se realiza una prueba previa para comprobar que la meteorología coincide con lo previsto.

«Si el viento cambia o las condiciones no son las adecuadas, se suspende», explica la jefa del Servizo de Prevención, que destaca además que son un trabajo de «comunicación» entre los distintos efectivos, una prueba útil y necesaria para estar preparados para las situaciones de incendio.

En cifras, en la provincia está prevista la realización de 50 quemas prescritas sobre una superficie aproximada de 400 hectáreas. Sin embargo, las condiciones meteorológicas solo permitieron ejecutar hasta ahora 15 actuaciones en 100 hectáreas.

Entre los objetivos prioritarios de esta herramienta figuran la protección de masas forestales, la defensa de núcleos de población, la regeneración de pastos, la mejora de hábitats cinegéticos o la creación de franjas de seguridad en espacios protegidos.

Uno de los ejemplos recientes fue la quema realizada en la zona de Laza-Camba, «concebida para reforzar la protección del Parque Natural do Invernadoiro», según Martínez, quien expone que actualmente, se centran en aquellos distritos que fueron «menos afectados por los fuegos» del pasado verano.

Intervención de efectivos en una de las quemas prescritas

Intervención de efectivos en una de las quemas prescritas / FDV

De este modo, los responsables del servicio insisten en rebajar la polémica que suele rodear este tipo de actuaciones. «No existe un objetivo de quemar por quemar ni de alcanzar un porcentaje concreto del territorio», recalcan.

La clave, aseguran, es «utilizar la herramienta cuando las condiciones son adecuadas y donde realmente aporta valor». Para ello, detrás del proceso insisten en que hay mediciones científicas y, además, las quemas «se realizan cuando la vegetación está parada y el impacto sobre el suelo es mucho menor». Según explican los técnicos, estudios desarrollados en Galicia demuestran que el fuego apenas afecta al terreno en esas condiciones y permite una rápida regeneración vegetal.

«Dos o tres meses después ya existe vegetación nueva y además se elimina combustible fino que en verano podría alimentar incendios extremos», subraya Vilor, haciendo hincapié en que esta medida lo que quema es la vegetación superficial, sin afectar al terreno porque «no llega a calentarlo. Hemos comprobado en varias quemas que el suelo no pasaba de los 18 grados después de haber ardido con estas técnicas. Se apagaba y ya se podía caminar descalzo sin problemas», afirma para insistir en que no se daña la flora.

«Un entrenamiento real»

Por su parte, la jefa del Servizo de Prevención indica que, además del valor preventivo, las quemas prescritas funcionan como un entrenamiento real para el dispositivo antiincendios. «El personal trabaja con fuego real. Es una forma de practicar maniobras, coordinación y planificación fuera de la campaña de verano».

En algunas actuaciones participan brigadas de varios distritos forestales, personal de coordinación y diferentes organismos. El despliegue varía según la complejidad del terreno: desde dos brigadas y varias motobombas hasta operativos mucho mayores. «Todo el sistema se entrena: las brigadas de campo, los centros de coordinación y los mandos», apuntan.

En una provincia marcada por el aumento de los incendios extremos y el abandono del rural, el operativo provincial asume que «no podemos renunciar a ninguna herramienta preventiva» porque, «por desgracia, estos fuegos han venido para quedarse» y el reto es «hacer el territorio gallego más resistente».

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