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Educación

Colegio Santo Ángel, cien años de solidaridad y formación desde el barrio de O Couto

El centro, ahora de formación reglada, que mandara poner en marcha la marquesa de Atalaya Bermeja en 1925 como orfanato o internado de niñas sin recursos, celebró un acto de confraternización con antiguas alumnas

Visita  de antiguas alumnas, dentro de los actos del centenario del colegio

Visita de antiguas alumnas, dentro de los actos del centenario del colegio / Iñaki Osorio

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Pocos proyectos empresariales duran un siglo, pero el Colegio Santo Ángel, en O Couto, puede presumir de ello: de haber cumplido cien años de formación. En sus inicios, su labor era estrictamente solidaria, funcionando como orfanato para niñas sin recursos por expreso deseo de su benefactora, la marquesa de Atalaya Bermeja —doña Angelita Varela—, propietaria del fabuloso palacio que era su residencia. Ella otorgó la gestión del centro a las Calasancias.

Ahora, y desde hace décadas, pese a seguir regido por la misma orden religiosa, es un centro concertado más, con educación reglada y mixta para niños y niñas, desde Infantil hasta 4.º de ESO.

Han sido muchas generaciones de ourensanos y ourensanas las que se han formado en el Santo Ángel. Ayer, dentro del programa de actos de celebración del centenario, se celebró un encuentro de confraternización en el centro «en el que participaron alumnas que estudiarn en el centro desde la década de los años 60 en adelante; fue un momento muy emotivo en el que hubo, además, una visita guiada, un ágape y un concierto que se suma a la gala que celebramos hace unas semanas en el Auditorio Municipal», explica Daniel de Luis Francisco, profesor y jefe de estudios del centro.

No faltó la visita guiada para los antiguos alumnos por ese antiguo palacio con aires de castillo que es símbolo del Colegio Santo Ángel; un edificio que Angelita Varela había mandado diseñar al arquitecto Daniel Vázquez-Gulías.

Todo un lujo estudiar allí y, sobre todo, recorrer ayer como antiguos alumnos parte de la historia de la ciudad que alberga ese edificio, en cuyo interior Asorey había mandado construir sepulcros destinados a guardar los restos de familiares de la marquesa de Atalaya Bermeja.

Mucho han cambiado las cosas, tanto en materia social como educativa. Aquellas niñas acogidas hace un siglo en régimen de internado tuvieron, al fin, la posibilidad de estudiar y recibir una formación, algo que estaba vetado a la mayoría de las mujeres de la época.

El colegio actual, acoge a niños y niñas, la mayoría del populoso barrio de O Couto. Son casi 500 matriculados con un crisol multicultural que, según el jefe de estudios, «nos encanta» y supone otra vía de enriquecimiento y aprendizaje para todos»· afirma.

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