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Cultura

Natasha Lelenco, la artista moldava afincada en Galicia que pinta en colores vivos y compite con la era de la IA

Su obra experimenta con distintos soportes y trata temas como la identidad, la botánica y la influencia del ámbito digital: «Pinto guiada polo propio impulso e o instinto, co reto de competir coa luminosidade e as cores do mundo virtual». Su estudio permanente está en Ourense

Pintura colorista en Ourense en la era de la IA

Vídeo: J. Fraiz / Foto: I. Osorio

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

Un torrente de luz inunda hasta en los días grises la sala principal del estudio permanente en Ourense de Natasha Lelenco (Chișinău, Moldavia, 1982). La claridad da de comer a las plantas situadas en fila cerca del ventanal, y además acentúa la intensidad de la paleta de colores de la artista. Los motivos botánicos, la identidad, la memoria y la influencia de la era digital en los procesos actuales —desde los productivos hasta los estados mentales— configuran varios de los temas de su obra, impregnada de iconografía, estética publicitaria o emojis.

Su taller, en uno de los edificios de los antiguos pabellones de los trabajadores de Renfe, mira a la estación intermodal de Ourense y al corazón del barrio de A Ponte. En ocasiones, dice Natasha, contempla a través del cristal escenas cotidianas que sirven de inspiración. «O espazo ten algo máxico. Estando no taller, son testemuña de moitísimas historias que suceden fóra. É un lugar con moito encanto». Pero a la hora de crear y producir, el entorno es sólo un telón de fondo y el proceso transcurre en soledad, entre las paredes del estudio.

«Traballo moi ensimismada, con música, a porta pechada», resume. El artista observa el mundo que lo rodea y después se asoma a su espacio interior, al lugar personalísimo en el que nace la obra. La de Natasha destaca por una propuesta colorista, un reclamo visual en una época condicionada por la comunicación digital, el lenguaje de las redes sociales y la inteligencia artificial.

«Fago sobre todo pintura, pero tamén experimento con diferentes soportes», introduce la artista, natural de Moldavia y afincada en Galicia desde 2008. Se licenció en Bellas Artes en Rumanía y se graduó recientemente en Historia del Arte por la UNED. Además, es cofundadora y comisaria del proyecto empresarial Casa das Peritas, una galería online y física, un espacio de producción artística en la Costa da Morte en el que se integra la obra de varios artistas.

«Emprego a cor sen complexos, sen prexuízos, sen someterme a ningunha regra preestablecida»

Desde hace una década, Natasha apuesta por una trayectoria profesional en el arte, por convertir esta disciplina en su modo de vida. Compagina los proyectos de colaboración y de curación con proyectos de creación individual. «En gran parte, atráeme representar unha mestura entre o dixital, a nosa identidade —centrada a través do dixital e da subxectividade contemporánea—, e tamén o botánico», enlaza sobre su propuesta conceptual, que combina técnicas tradicionales con lenguajes más modernas.

«A miña obra conecta moito coa miña biografía: todo o que represento ten algo de biográfico, pero ao mesmo tempo, tamén, da herdanza dixital e da nosa vida virtual. Ademais toda a influencia dos grandes mestres da historia da arte tamén me pesa e inspira. Pinto guiada polo propio impulso e instinto», describe.

Uno de sus proyectos, Monedas de cambio, sirve como definición de su dualidad personal y artística. «Trata sobre a migración e sobre a mobilidade, e así é como me sinto: máis como alguén en tránsito, ou que non é que nin de aquí nin de alí. Síntome máis así que moldava, porque marchei moi cedo do meu país», explica. «Nas miñas pezas está ese pasado, pero máis o cambio, como unha especie de nostalxia, desde un punto de vista que non é melancólico, senón psicolóxico», analiza.

La variedad e intensidad de los colores de su pintura contemporánea llama la atención del público y atrae las miradas a sus obras de inmediato. «Intento representar cousas que conectan co dixital, e supón un reto de competir coa luminosidade e as cores do mundo virtual, aínda que facendo todo con pinceis». Otra de las razones del estilo que ha elegido obedece al empleo del color «sen complexos, sen prexuízos, sen someterme a ningunha regra preestablecida», reivindica.

Sus soportes de pintura son diversos, desde lienzos tradicionales a otras líneas y materiales. Utiliza más acrílico que óleo, «porque son bastante impaciente por ver o resultado final», precisa. Su proceso parte de una idea, a veces vaga, continúa con bocetos, artesanales o digitales, en ocasiones con la ayuda de la IA. «O que teño na cabeza non é ríxido, deixo que o propio proceso inflúa», matiza Natasha.

«Gústame traballar en varios proxectos ao mesmo tempo, e ademais adoitan ser de varios anos», explica la artista. Monedas de cambio es una línea de trabajo que está escalando a una fase expandida, con propuesta audiovisual incluida. Una serie de entrevistas a personas migrantes se incorporará a este proyecto, para que componga una obra multidisciplinar.

En los últimos años, varias de sus series creativas se han exhibido en exposiciones individuales y colectivas en España y otros países. Una de las próximas citas de Lelenco será en la sala Arterarte, en el campus. El mundo digital, que condiciona su temática, abre mercados a su trabajo. Las posibilidades de la red, a la hora de encontrar clientes, divulgan por el mundo el arte que Natasha crea con esmero en su taller de Ourense.

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