Cuatro de cada diez herencias en Ourense se gestionan sin testamento
El 41,5% de los trámites hereditarios en la provincia son abintestatos, el doble que en el resto de Galicia
Los expertos apuntan a que se debe a la longevidad y una menor conciencia sobre la evolución legal

Un hombre firma un documento. / Ricardo Grobas
Pocas cosas hay más difíciles de gestionar en una vida que el fallecimiento de un familiar cercano, pues lo emocional se da de bruces con lo administrativo: los múltiples trámites a realizar, no sencillos de por sí, se juntan con largos momentos de duelo. Esta carga burocrática, y en consecuencia, la psicológica, puede incrementar considerablemente si a la hora de administrar la herencia el fallecido no ha dejado un testamento en vida.
Una situación que, al menos en Galicia, no es para nada una excepción: según datos del Consejo Notarial de Galicia, más de 11.000 personas en la comunidad mueren cada año sin dejar escritas sus últimas voluntades. Este último año, fueron 11.090 los expedientes de abintestato —la declaración de herederos cuando no hay voluntad escrita— registrados en las notarías gallegas, frente a los 27.547 de adjudicación de herencia y 3.909 casos de renuncia.
Los casos de falta de testamento se reparten por provincias de manera desigual, en una variación de números que a priori parece responder a la diferencia de población entre regiones. Pero cotejando los datos aparece una anomalía que deja a Ourense en el centro de la imagen en cuanto a últimas voluntades: aquí, el porcentaje de herencias que empiezan sin testamento dobla prácticamente a las otras tres provincias.
El número de actas de abintestato levantadas el pasado 2025 en la región termal fue de 2.811, lejos de las 3.338 de Pontevedra o las 3.242 de A Coruña. Sin embargo, aún mayor es la diferencia del global de trámites relacionados con herencia, pues si sumamos los casos de adjudicación y renuncia, el total de expedientes registrados en Ourense (6.780) no llega ni a la mitad de los anotados en ambas provincias costeras. Esto quiere decir que, al menos, cuatro de cada diez herencias concedidas en Ourense (el 41,5%) tuvieron que gestionarse sin un testamento del fallecido, mientras que en las otras tres provincias el dato oscila entre el 20% y el 25%. ¿Las consecuencias? Un proceso hasta cuatro veces más caro —el testamento es de los trámites notariales más económicos—, y que pasa de lo que podría haber sido una simple formalidad a un laberinto de actas y testigos que puede llegar a ir a los tribunales en caso de disconformidad.
Ourense y la falta de testamento
Una diferencia tan abultada en regiones abre inevitablemente el debate: ¿qué pasa en Ourense para que tantas personas no decidan dejar testamento antes de su muerte? Zoraida Álvarez y Raquel Espinosa, abogadas que entre sus áreas abarcan el derecho hereditario y de sucesiones, apuntan como factor clave a tener costumbres jurídicas antiguas: «Hai moitísima xente que ten o seu patrimonio moi desordenado. Seguen a xestionalo do mesmo xeito que se facía hai 20 anos, e aínda que para eles pareza 'antonte', a dinámica xurídica evolucionou considerablemente nese tempo», explican.
Antaño, y para muchos aún ahora, era común hacer particiones o separar inmuebles en documentos privados, y no preocuparse de formalizar el patrimonio hasta que fuera necesario para algún trámite, la famosa frase de «ir a arranxar os papeles» que tantos profesionales del derecho han escuchado a lo largo de su vida. «No Rexistro, a xente nin tan sequera liquida», afirman desde el bufete.
Estas costumbres se mantenían también a la hora de repartir una herencia, donde en muchos casos prevalecía la fórmula tácita, es decir, presuponer que se aceptan los bienes y deudas del fallecido sin firmar ningún papel y actuar en consecuencia, como por ejemplo gestionar en el bando el dinero del familiar difunto sin firmar ningún acta notarial.
Son este tipo de situaciones las que explican el comportamiento jurídico: no es que hace 20 años se gestionara el patrimonimio de forma no correcta o ilegalmente, sino que la dinámica jurídica daba una cancha que ya no se permite. «Non supoñía un problema, a xente resolvía en documentos privados, en repartos máis ou menos consensuados, viñamos a avogados para poñerse de acordo... pero agora a xerencia é necesario liquidala, hai que xestionala correctamente, porque senón non lle estás a resolver o problema», cuentan Álvarez y Espinosa.
La falta de conciencia sobre cuánto ha evolucionado esta dinámica jurídica se mezcla con el factor longevidad para intentar dar respuesta al alto porcentaje de Ourense: la provincia ha sido candidata a la sexta «zona azul» de todo el mundo por su alta concentración de longevidad, y los hábitos de sus múltiples centenarios son objeto de estudio por parte de la comunidad científica internacional. Pero algunas de las costumbres, como la administrativa, son en este caso algo a mejorar y no a aprender: «A xente máis nova xa ven con outra cultura en canto aos trámites administrativos, pero como en Ourense hai unha idade media bastante elevada», acaban subiendo porcentajes como los de abintestatos.
Los motivos para no hacer testamento
Más allá de este contexto, Álvarez y Espinosa detectan cuatro motivos concretos que suelen llevar a no hacer un testamento. El primero es su relación con la proximidad a la muerte, pues se asocia su elaboración a tener una edad avanzada o una enfermedad grave, y no a ser un instrumento que permite ordenar cuestiones personales y patrimoniales para tener más derechos sobre el legado: «No momento no que se ten algún tipo de herdeiro, xa é aconsellable facer un testamento. É un dos trámites xurídicos máis económicos — rara vez supera los 50 € en España—, pódese refacer e evita un proceso de declaración de herdeiros moito maís longo e custoso», detallan.
El segundo ingrediente que lleva al abintestato es pensar que no será necesario por no tener un gran patrimonio. Otro de los casos que se suelen encontrar es el de aquella persona que no deja sus voluntades por escrito para no tener enfrentamientos en vida, «ter favoritismo por un fillo ou filla, non querer beneficiar a outro por unha cuestión ou outra... queren evitar que iso lles afecte», cuentan las abogadas. Como «ultimísimo caso», Álvarez se ha llegado a encontrar con casos que se niegan a testamentar por pura desidia o «certo egoísmo», un «que se fastidien cuando yo no esté» que deriva en muchas ocasiones en un laberinto administrativo.
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