Robo
Asalto nocturno en una emblemática juguetería ourensana: «Fue más el estropicio que lo que se llevó»
El comercio A Bufarda, en pleno Casco Viejo, fue víctima de un robo mediante el método de la alcantarilla
El botín ascendió a 80 euros

Carlos Rodríguez a las puertas de su tienda, A Bufarda, mostrando la arqueta empleada en el robo. / Iñaki Osorio
La tranquilidad del Casco Histórico de Ourense se vio truncada el pasado jueves, víspera de festivo, con un asalto en uno de los establecimientos más emblemáticos, la tradicional juguetería A Bufarda, que fue víctima de un robo exprés en el que el autor, tras reventar el cristal de la entrada con una alcantarilla, se llevó el cajón de la caja registradora, dejando tras de sí un reguero de destrozos.
El suceso ocurrió de madrugada y, según relata el propietario del comercio, Carlos Rodríguez, el asaltante actuó con rapidez. Tras fracturar la puerta, se dirigió directamente al mostrador para arrancar el cajón de la caja registradora que «apenas contenía un poco de cambio en billetes y algunas monedas». En total, el dueño calcula que el autor del delito se hizo con un botín máximo de «80 euros en billetes y alguna moneda que se llevó, porque no fueron todas». En su huida, el ladrón abandonó el cajón en una calle adyacente.
A pesar de que el valor económico del robo fue «escaso», los daños han sido considerables. Al tirar del cajón, el asaltante «arrampló con todo el sistema informático: cables, la pantalla del ordenador, la impresora de tickets, el lector de códigos y hasta el router». «Tuvo que subirse a un cajón para arrancarlo todo», explica el dueño, quien a día de hoy trabaja con «aparatos que tenía retirados por antiguos y por pequeñas averías como que al teclado le fallen el número 3 o el 7».
Afortunadamente, el autor del robo no se interesó por nada más, la mercancía está intacta. «No llevaron nada de material ni una sola marioneta», confirma Carlos, señalando que el delincuente solo buscaba dinero en efectivo y «con rapidez, no debió de estar más de cinco minutos y de hecho debió de tropezar con una de las estanterías al salir. Fue más el estropicio que lo que se llevó». De la parte de los desperfectos se encarga la compañía de seguros, pero el propietario también tiene tarea, «desde que pasó no he dejado de pasar el aspirador, ver no se ve nada, pero al final estos cristales estallan en miles y miles de pequeñas astillas y no quiero que nadie tenga un problema», sostiene.
Más allá de lo material, el incidente ha dejado una víctima colateral: Vimbio, el gato de la juguetería. El animal, muy querido por los clientes, «se asustó tanto por el estruendo que permaneció escondido debajo de un sofá durante dos días, negándose a salir», apunta el comerciante, quien, a pesar del mal trago, se queda con la parte positiva «la rápida respuesta de los servicios de reparación, que, pese a ser víspera de festivo, acudieron y me permitieron tener el cristal repuesto esa misma tarde, y el apoyo recibido a través de las redes sociales tras hacer público lo ocurrido porque ha sido un aluvión de mensajes de ánimo que sigue sin dejar de llegar».
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