Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Sanidad en las aldeas

La enfermería a domicilio en el rural de Galicia que ayuda a los pacientes y las cuidadoras

La atención de personas dependientes recae sobre todo en las mujeres: hijas o nueras que se vuelcan en la tarea, con el riesgo de verse superadas, sufrir problemas de salud y aislamiento social: «Es muy duro, una dedicación 24 horas». La información y el apoyo de las enfermeras del Sergas que se desplazan a las casas contribuyen al buen estado del paciente y fomentan la autoestima de las cuidadoras. En Ourense, cuna del envejecimiento, el recurso facilita la estancia en el hogar de enfermos crónicos y mayores

Enfermería a domicilio que educa en salud y apoya al cuidador en el rural.

Vídeo: J. Fraiz / Foto: I. Osorio

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

«Me siento muy arropada, me ha enseñado y me ha servido muchísimo para saber cómo atender a mi madre», expresa Carmen Sobrino, cuidadora a tiempo completo de su progenitora Rosa Marrero, una cubana de origen canario, que va camino de los 92 años. En su casa del municipio ourensano de Celanova recibe visitas periódicas del personal de enfermería, que le da pautas y consejos, además de comprobar el estado de la nonagenaria. «Esta es una dedicación 24 horas; me levanto a las 6 para tener todo listo», dice la hija. En su vivienda de la aldea de Fontelo, donde la familia reside desde hace dos años, ha acometido inversiones para hacer más cómoda la estancia de la anciana, que tiene la movilidad impedida, y para facilitar los cuidados. «Compramos una cama abatible, un sillón que se levanta, un colchón antiescaras y también una grúa», detalla la hija.

Su voluntad es la virtud esencial, pero la habilidad en las atenciones que presta a su madre ha mejorado gracias a las recomendaciones de los profesionales de enfermería de la red de soporte de atención domiciliaria (ESAD). La provincia de Ourense, uno de los territorios más envejecidos de Europa, con una media de edad de 51,3 años —casi tres puntos por encima del dato de Galicia—, cuenta con siete equipos que habían realizado hasta el pasado febrero, en conjunto, más de 49.000 consultas en tres años.

El objetivo de este servicio, que trabaja en coordinación con la enfermería de atención primaria, el área de Medicina Interna de los tres hospitales de la provincia, así como las unidades de Hospitalización a Domicilio (HADO) —en las comarcas donde hay esta prestación—, es dar una atención integral a la población mayor que vive en el rural. Para una parte de Galicia, los desplazamientos a los centros sanitarios son un escollo, por los problemas de salud y por las distancias, tiempos y costes de los trayectos, debido a la dispersión del rural y a que las comunicaciones son más precarias entre localidades pequeñas. La intención del ESAD es que el envejecimiento, más acusado en áreas del rural ourensano como la Baixa Limia, Terras de Celanova o el Macizo Central, no se convierta en un factor de desigualdad.

O perfil que máis vemos nas persoas coidadoras é o dunha muller, no 98% dos casos, con idades entre 50 e 60 anos

Navor Pereira (Lausanne, Suiza, 1985) es uno de los dos enfermeros del equipo de soporte de atención a domicilio de Celanova, una zona que sobresale a nivel mundial por su longevidad, con una de las concentraciones más altas de centenarios por número de habitantes. Todos los días laborables, el personal de enfermería de soporte acude a casas de personas que se encuentran en seguimiento. Son cerca de 300 en esta comarca.

«A media de idade é de 93 anos. O perfil habitual son deterioros cognitivos avanzados ou pacientes con secuelas de ictus. O perfil que máis vemos entre as persoas coidadoras é o de mulleres, no 98% dos casos, con idades entre 50 e 60 anos. Estas coidadoras chegan en moitas situacións a un illamento social, pola síndrome de coidador queimado», describe el profesional.

«Cada ingreso supón estrés mental»

Los enfermeros a domicilio aportan información básica sobre el manejo de personas que suelen estar encamadas. Dan pautas acerca de la manera más segura y efectiva para dar de comer, movilizar, lavar y cuidar la piel de estos pacientes, que son más propensos a sufrir afecciones dermatológicas por el uso de pañales y el estado de inmovilización en el que pasan la práctica totalidad del día. Los sanitarios explican cómo actuar para evitar atragantamientos y hospitalizaciones, «xa que cada ingreso supón estrés mental e un cambio na vida moi importante, porque os pacientes adoitan volver á casa en peor estado», dice el profesional.

Intentamos que as coidadoras traten de ter un momento para elas ao longo do día, apoiándose no resto de familia, se existe, ou no servizo de axuda no fogar. É habitual que haxa unha dependencia do coidador cara á persoa coidada

«Es muy duro, yo estoy todo el día pendiente de mi madre, todo el día, por eso creo que se ha recuperado tanto», transmite Carmen, desde su experiencia personal. «Navor me ha enseñado mucho: cuando mi madre llegó del hospital, yo no sabía ni cambiar el pañal, que antes ella no tenía que llevar. Él me ha enseñado y me ha ayudado mucho, es una pasada», valora la hija y cuidadora.

La sobrecarga

La enfermería de soporte domiciliario introduce pequeños cambios que buscan mejorar las rutinas del día a día, inculcan el refuerzo positivo y fomentan el autocuidado de las personas que cuidan. «Intentamos que traten de ter un momento para elas ao longo do día, apoiándose no resto de familia, se existe, ou no servizo de axuda no fogar. É habitual que haxa unha dependencia do coidador cara á persoa coidada», describe Pereira.

«Moitas coidadoras abandonan un pouco a súa saúde. Nós incidimos para que tamén pensen nelas». Síntomas como la ansiedad, problemas para dormir y despreocupación con los cuidados propios —en contraste con la atención con el máximo esmero que ofrecen a la persona a la que atienden—, son algunos indicadores de una sobrecarga del familiar de apoyo. «Eses signos xa falan por si sós. Despois, cando empezas a facerlles preguntas sobre como se atopan, moitos choran», expresa el enfermero.

El trámite de declaración de dependencia es un proceso lento. La llegada de las ayudas va más despacio, en muchos casos, que el rápido empeoramiento que pueden presentar los pacientes frágiles. La enfermería de soporte desempeña una labor de enlace con el sistema: «Falamos coas traballadoras sociais, tratamos de adiantar cousas e informamos das axudas que existen para inversións en material específico, como as camas e colchóns antiúlceras», cita Navor como ejemplo.

Desde el centro de salud de Celanova, en el núcleo urbano de la capital de comarca, hay distancias de hasta 60 kilómetros y una hora de viaje hasta la localidad más lejana que cubre la red de enfermería a domicilio. «Azoreira é unha aldea situada a cen metros de Portugal», ilustra el enfermero, sobre este pueblo de Padrenda.

«Existe moita dispersión xeográfica e tamén inflúen as malas comunicacións por estrada. Moitas veces hai un taxi para dous ou tres concellos, e non é doado facer trámites». Este contexto de vida en las zonas del rural que se encuentran más alejadas de los centros de servicios dificulta la conciliación y la distracción, fundamentales para aliviar la carga del cuidador. «O illamento non axuda», opina Navor, y tampoco está al alcance de todos el acceso a servicios de ocio y deporte. «Aconsellamos pequenos cambios no día a día, como saír pasear un pouco máis», enlaza.

Hai casas nas que, trala revisión, están esperando a alguén para falar, sentar e tomar un café, porque ao mellor non poden falar con ninguén en toda a semana. Aquí hai moitas aldeas cunha soa casa ocupada

El agradecimiento que perciben en las personas de referencia en el domicilio motiva a los enfermeros que intervienen en esta tarea de educación sanitaria. «A moitas revisións vas para animar de que o están facendo ben. Cando ven que o seu pai ou nai non ten feridas, non precisa un ingreso e todo está ben, os coidadores senten unha sensación de relax», observa el profesional.

La frecuencia de las visitas, la presencia en el hogar de profesionales empáticos, que ofrecen soluciones y escuchan las inquietudes, así como una mayor disponibilidad de tiempo para que las estancias puedan prolongarse incluso más de una hora, son elementos que crean lazos y arropan desde el punto de vista emocional. «Hai casas nas que, trala revisión, están esperando a alguén para falar, sentar e tomar un café, porque ao mellor non poden falar con ninguén en toda a semana. Aquí hai moitas aldeas cunha soa casa ocupada», explica Navor.

Las personas cuidadoras, así como los pacientes que están solos pero conservan autonomía para permanecer en su domicilio, disponen de un número de teléfono directo para contactar con estos profesionales de enfermería del Sergas. «Atendemos mañá e tarde; poden enviarnos unha foto e achegar dúbidas. Somos un soporte en materia de saúde, actuando de enlace coas nosas compañeiras enfermeiras e médicos, e tamén en cuestións sociais. Cando vemos algunha necesidade, tratamos de arranxar o problema, ou ben que o equipo de atención primaria o faga, de ser necesario», valora este sanitario.

Luisa Dorado es una de las protagonistas del secreto de la longevidad en la comarca ourensana de Celanova. A sus 97 años, vive sola en una casa del municipio de A Bola, su tierra natal. Mantiene un estado cognitivo óptimo —obtuvo la máxima puntuación en un test específico—, es capaz de manejar un teléfono móvil y conserva una memoria que regresa enseguida a detalles transcurridos hace varias décadas, como por ejemplo cuando trabajó como auxiliar en una clínica sanitaria y un hospital durante la emigración en Venezuela, en la década de los sesenta.

Ahora, la nonagenaria conserva autonomía en su propio entorno. Un sobrino es su principal apoyo familiar. Trabajadoras de ayuda en el hogar se ocupan de la limpieza, la preparación de la comida y otras tareas en su vivienda, donde también recibe las visitas de los enfermeros. «Pórtanse mal, mal, mal», dice bromeando, delante del profesional. «Tómame a tensión e cando ten que curarme as pernas, faino, dá tranquilidad», expresa la señora. Con 83 años fue intervenida para la implantación de un marcapasos. Luisa vive sola desde entonces, cuando enviudó.

Luisa, una mujer de 97 años de A Bola, elogia el servicio de enfermería a domicilio: «Gústame a maneira que teñen de tratarme e de facer as cousas. Son marabillosos»

Suele presentar úlceras de repetición, debido al envejecimiento de la piel, con pequeños hematomas a veces. Aunque no se trata de una labor concreta de la enfermería de soporte, cuando estos profesionales llegan a una casa y ven una afección que pueden resolver en el momento, se encargan de la cura y dejan la información anotada para que estén al tanto los compañeros de atención primaria, para optimizar las visitas y no tener que duplicar recursos.

«A nivel de coidados tamén revisamos a medicación. Nalgúns casos hai pacientes con medicacións prescritas que xa non están tomando, así que facemos o labor administrativo de eliminar eses fármacos e evitar que, no caso dunha atención no hospital, lle administren todo o que aparece aínda que a persoa xa non o estea tomando. Nas visitas tamén damos unha volta polas casas, para comprobar e intentar mellorar algunha cuestión de accesibilidade, se é necesario», interviene el enfermero. Los informes del ESAD quedan reflejados en la historia clínica del Sergas.

«Gústame a maneira que teñen de tratarme e de facer as cousas. Son marabillosos», elogia la nonagenaria. Con su experiencia en el pasado como auxiliar sanitaria, Luisa observa el desempeño de Navor, mientras el enfermero revisa su estado, le da conversación y la trata con el cariño propio de alguien cercano. «Está aprobado», dice la mujer, con retranca. Los dos se ríen, antes de despedirse con una sintonía especial, con agradecimiento mutuo, hasta la próxima visita.

«As pequenas axudas que lles damos serven para que fagan mellores coidados»

«A enfermería de soporte en atención a domicilio pódese resumir en tres palabras: cercanía, porque imos ao fogar das persoas, que sempre teñen unha liña directa con nós; soporte e educación», subraya el enfermero Navor Pereira. «As persoas que coidan outras persoas precisan soporte. A educación, moitas veces dáse por sobreentendida, pero as pequenas axudas que lles damos serven para que fagan mellores coidados», completa este profesional sanitario.

Hace unas semanas, en Lugo, durante las XXIX Jornadas Nacionales y las XXII Jornadas Internacionales de Enfermería, la directora xeral de Planificación e Reforma Sanitaria de la Consellería de Sanidade, Sofía López, reinvidicó el papel sociosanitario del personal de enfermería que componen los 35 equipos de soporte de atención domiciliaria de atención primaria en el conjunto de Galicia, que atienden en especial a pacientes con patologías crónicas que viven en el rural.

Desde su puesta en marcha, de forma innovadora, en 2023, los profesionales de enfermería de estos equipos han realizado más de 214.000 consultas y han atendido a más de 177.000 pacientes en sus casas, en toda la comunidad, según el balance de la Xunta.

En esas jornadas en Lugo, Sofía López incidió en la necesidad de una enfermería fuerte, para atender una población cada vez más longeva. «Hace falta ofrecer respuestas eficaces a pacientes con edades avanzadas, pluripatológicos y que, muchas veces, viven solos», explicó la directora xeral.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents