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Envejecimiento activo

Teresa, la mujer de 92 años que calceta en la residencia para ocupar los días con la destreza que adquirió de joven: «Paso o tempo e non se me acordan moitas cousas»

Esta nonagenaria, natural de Xinzo de Limia, conserva la habilidad en el manejo de las agujas y el punto, que aprovecha para sobrellevar las horas en el geriátrico de Lobios, donde vive desde finales de 2024: «Fixen calcetíns para todas as traballadoras». La tarea beneficia su buen estado cognitivo, le aporta tranquilidad y la distrae

El arte con las agujas que no envejece: Teresa Rodríguez mantiene, con 92 años, la destreza con la calceta

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

La ourensana Teresa Pérez Fernández, natural de Xinzo de Limia, cumplió a principios de abril 92 años de una vida que evoca con una memoria notable. Desde la Navidad de 2024, la nonagenaria reside en el geriátrico Virxe do Xurés, en el municipio de Lobios, un centro sociosanitario gestionado por la Fundación San Rosendo. Los días transcurren mejor gracias a la ocupación de parte de su tiempo en la residencia con la calceta, una actividad que aprendió «cando era unha rapaza», hace varias décadas. La destreza con las manos, la frescura mental y la paciencia son imprescindibles para que los puntos avancen y la lana se entrecruce en el esquema adecuado, para que el patrón mental se traduzca en en el mejor resultado final, mientras el proceso transcurre, mediante un ejercicio de soledad que reporta tranquilidad y calma, favorece las habilidades motoras, mejora la concentración, ayuda a la estimulación cognitiva y alimenta la creatividad.

«Antes non había tantas cousas feitas, como agora, e desde que era rapaza tiña que facer as chaquetas, os calcetíns, os xerseis», rememora Teresa. Su habilidad con la calceta le valió para llenar con más facilidad el armario de casa —tuvo un hijo y una hija—, gracias a un arte adquirido que también resultó de utilidad a sus amistades y a las hijas de un médico y una maestra, en cuya casa trabajó durante 22 años. «Fíxenlles bragas, xerseis, de todo». También trenzó punto para su nieto. «Fíxenlle chaquetas antes incluso de nacer», comparte.

Calceta desde siempre y, en su fase actual de la vida, en la edad avanzada, su diestro manejo de las agujas para entretejer le vale como una distracción, cuando el tiempo parece pesar. «Aquí, que fago?», sentencia con una pregunta retórica. «As traballadoras dixéronme: 'Ai, tes que me facer un calcetín...xa non sei cantos fixen; fixen para todas», detalla Teresa. Una de sus tareas más recientes la mantiene ocupada en la elaboración de una braga de lana para la nieta de una compañera del geriátrico. «Quérolle regalar esa roupiña», cuenta, satisfecha.

«Se me poño, fago a peza de roupa no día», responde la señora. Pero hay otra actividad creativa que la ayuda a sobrellevar el tiempo: «Agora tamén pinto». Algunos días que se levanta temprano, empieza a calcetar en su habitación, antes de bajar al desayuno y de las franjas de las actividades comunes. «Para pasar o tempo, para non acordarse de moitas cousas. Mentres estou traballando non se me acordan», añade esta ourensana, que valora el beneficio de distracción que le aporta esta actividad manual y cognitiva.

Teresa fue una de las decenas de miles de personas que en Ourense, una cuna de emigrantes en el siglo XX, buscaron mejores oportunidades en el extranjero, como ansían ahora las personas que llegan a España con el deseo de un porvenir venturoso. «Estiven en Alemaña tres anos. Viñen de vacacións, a miña nai —que en paz descanse— encontrouse mal e xa quedei aquí», recuerda. Su progenitora le ayudó a encontrar un trabajo como asistenta en el domicilio de un médico y una maestra. «Querían unha persoa de confianza, aínda que fose só para un mes. Pero despois quedei, facía todo o do casa: a comida, limpaba, atendía as nenas. Aínda me queren hoxe», añade en su relato.

La habilidad de la calceta la adquirió de otra mujer que ejercía de modista, especializada sobre todo en confeccionar chaquetas, y que enseñó su habilidad a varias vecinas. «Así aprendín. A vida miña foi así», concluye esta mujer, mientras sostiene las agujas, sin desviar el curso del tejido.

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