Fiestas populares
Los Maios en Ourense, la tradición que celebra la primavera con conciencia social y una mirada local a los problemas del mundo
Obras con materiales de la naturaleza y coplas reivindicativas denuncian problemas sociales: las guerras, el trumpismo, la opresión de pueblos como Palestina y el Sáhara, el cambio climático y los incendios forestales. También hay espacio para la crítica con retranca —el alcalde, uno de los destinatarios— y para representar, con arte y a base de elementos recogidos del monte, monumentos y costumbres de Galicia. La lluvia no puede con una de las celebraciones más arraigadas de Ourense

En el Maio pola Paz, elaborado por la Marcha Mundial das Mulleres, una figura femenina, que emerge de una estructura de madera recubierta con elementos vegetales que capturan los colores de la primavera —sobre una capa de musgo, cosida en sacos de café, se disponen los carrabouxos y distintas flores silvestres: pampillos, uces, xestas, carqueixas y tremorsos, en sus denominaciones en gallego— enarbola una escopeta rendida, con flores dentro de los cañones, como en la Revolución de los Claveles. Es un gesto para reivindicar el pacifismo en los tiempos actuales, frente al conflicto y las guerras que agitan el mundo.
Al lado, en la Plaza Maior de Ourense, una figura sin el mínimo rastro de verde, con la naturaleza destrozada por el fuego, pone el dedo en la llaga sobre los incendios forestales, un problema de máxima gravedad en Galicia, en especial en esta provincia. El fuego arrasó el pasado verano, en territorio ourensano, el 86% de las más de 118.000 hectáreas calcinadas por las llamas en la comunidad.
«Todo o maio está composto por monte queimado: a codia é de eucalipto e os troncos, de piñeiro. Todo vén de Soutelo de Laza, afectado polo lume que comezou en Oímbra. Se vas de Laza a Verín, toda a marxe dereita está totalmente carbonizada. Temos un problema con estes monocultivos e, un ano despois de que ardera a provincia, non hai prevención», defiende Lucía Cedrón, del colectivo feminista. «Baixo o maio colocamos un pouco de esperanza, como a palla, que se pon nos montes para que a choiva non arrastre». Las mujeres de la Marcha Mundial han cooperado en esta edición «durante unha semana e media, traballando case 12 horas diarias entre dez persoas».

El maio de la Marcha Mundial das Mulleres que pone el foco en el grave problema de los incendios forestales. / CEDIDA
Los Maios son una fiesta cultural muy arraigada en Ourense y Pontevedra, donde se preserva esta manifestación de profunda raíz histórica, con la que se exalta la época de la floración y de los cultivos, del fulgor que alcanza el paisaje con la llegada del buen tiempo, tras el invierno.
La lluvia, que caracterizó la pasada estación de frío, hizo acto de presencia este domingo, dificultando el disfrute de la tradición, que resistió pese a todo. Bajo las carpas de las plazas Maior y Santa Eufemia, los grupos exhibieron sus trabajos, y los ciudadanos y turistas contemplaron las distintas propuestas y escucharon las coplas a viva voz, a mediodía, tras el pasacalles de gigantes y cabezudos.
Los Maios, una costumbre ancestral de origen pagano —algunas fuentes sitúan el punto de partida en los antiguos castros—, están declarados de interés turístico en Galicia. Es un rito alegre que, en su adaptación popular actual, combina varias expresiones artísticas: música y coplas además de la elaboración de las esculturas vegetales, que pueden ser artísticas o enxebres. Los Maios permiten expresar una visión del mundo y dar voz —a través de las coplas y del enfoque de las obras ideadas— a las reivindicaciones sociales que laten en cada momento.
Varios maios aludían a asuntos de relevancia como la guerra, el intervencionismo beligerante de Trump, la subida del petróleo o la opresión que sufren pueblos como Palestina y el Sáhara. La crítica con una mirada más local y varias dosis de retranca también tiene cabida.
Una de la estructuras en exposición, señalizada con una cinta de precintar, se llamaba irónicamente «Ourense en obras». Desde la agrupación municipal del PSdeG, que lleva cuatro años consecutivos participando en la tradición, aprovecharon su pieza y su copla para criticar al gobierno de Jácome. «Temos un alcalde artista, / mestre da televisión, / que che monta un escenario / no medio dunha función», rimaba una de las estrofas. «Gasta os cartos en orquestras / e en festas de moita tralla / mentres os barrios se afunden / e o Concello xa non traballa», señalaba otra.
Asociaciones vecinales y culturales conciben los Maios como un trabajo en colectivo, que se extiende durante varias semanas de preparativos. Supone una tarea de cooperación, hasta llegar al día grande con la exhibición del resultado y la participación en el concurso organizado por el Concello de Ourense.
Los grupos suelen optar por la representación de paisajes, costumbres etnográficas, monumentos y muestras de la arquitectura popular de Ourense y Galicia. 'Ratos de Biblioteca', de Cudeiro, recreó este año la estatua del ángel caído del Parque de San Lázaro. Ha ganado el premio al mejor mayo artístico, en la categoría de adultos. «Nós gardamos o maio ata a noite de San Xoán, cando o queimamos nunha cea de celebración entre todos», cuenta Milucho, uno de los vecinos más implicados, y desde hace más tiempo, en la tradición.
'Os Lolailos' construyeron un maio que representa el Puente Romano, uno de los símbolos de la ciudad. Recibió el segundo premio de la modalidad artística. «Despois do Entroido comezamos co proceso. Os elementos vexetais que empregamos son da contorna de Ourense: o musgo branco, que semella a auga do Miño, o musgo verde, os carrabouxos, e mais todo tipo de plantas silvestres, como uces, carqueixas ou xestas. A calzada da ponte fixémola coa casca dun carballo. Colaboramos no maio entre dez e quince persoas», detalla Toni, uno de los integrantes de la asociación cultural.
El destino final de los maios varía, según los grupos participantes. Hay quienes los conservan y exhiben en sus locales sociales, mientras los materiales naturales resisten, y otros lo queman de manera controlada, como un rito purificador, o arrojan al río los elementos de la propia naturaleza, con los que dieron forma y aspecto a la obra. «Nós reciclamos todo o que podemos», dice Toni.
La tradición es intergeneracional. En el concurso hay una categoría para las propuestas elaboradas por el público infantil, y varios centros educativos participan en la fiesta.
La jornada comenzó con un taller de confección de coronas y peinados. La exposición de los maios a concurso se abrió a las 11 horas de este domingo, bajo las carpas de Santa Eufemia y la Praza Maior. En varios momentos de la mañana, la lluvia fue intensa y obligó a buscar cobijo en esos lugares y los soportales. En parte, el mal tiempo resultó positivo, porque facilitó la interacción y el contacto estrecho entre el público y los participantes.
Premios
El jurado tomó nota de las propuestas y escuchó el canto de las coplas de los participantes. Antes del concierto de Amancio Prada, que puso el broche al día festivo, se entregaron los premios. Los primeros recayeron en 'Ratos de Biblioteca', por el mejor maio artístico, y en Amigos da Pita, distinguidos en la modalidad enxebre. El colegio Sagrado Corazón de Celanova y la asociación Andén Primeiro triunfan en las categorías del maio infantil y creativo, respectivamente. Las distinciones a las mejores coplas recaen en esta misma entidad cultural y en la asociación de familias del colegio de As Mercedes, en las modalidades de adultos e infantil, respectivamente.
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