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Galicia avanza en el rescate de madera quemada para salvar el sector forestal

El plan de la Xunta para aislar madera comercial tras los incendios ya recupera 74.000 metros cúbicos en Monterrei, buscando la recuperación del sector.

Autoridades de la Xunta de Galicia revisan los trabajos de retirada de madera quemada en Monterrei

Autoridades de la Xunta de Galicia revisan los trabajos de retirada de madera quemada en Monterrei / FdV

Ourense

Tras la agónica lucha que batieron tanto brigadistas como vecinos contra los incendios que este veranos asolaron múltiples puntos de Galicia (la gran mayoría en Ourense), se disputa ahora una segunda batalla, de menor impacto pero no por ello menos urgente: la de conservar lo máximo posible aquello que quedó vivo entre hectáreas de calcinado. Para conseguirlo, a las múltiples iniciativas voluntarias que han surgido durante los últimos meses, se le suma el plan de la Xunta de Galicia para aislar la madera comercial en las zonas afectadas por incendios forestales, y que ahora está comenzando a ver sus frutos.

Eso es lo que está pasando en Monterrei, donde hasta ahora se han conseguido retirar unos 74.000 metros cúbicos de madera en una superficie de cerca de 1.500 hectáreas. Así lo han anunciado en su visita al concello verinés la conselleira de Medio Rural, María José Gómez, y la directora xeral de Planificación e Ordenación Forestal Luisa Piñeiro. Allí, el incendio iniciado el 12 de agosto en Oímbra se acabó uniendo a otro originado en Xinzo de Limia, y acabó extendiéndose, aparte de a estos tres concellos, a Cualedro, Verín, Laza, Trasmirás, Castrelo do Val y Baltar. El fuego acabó arrasando con 23.763 hectáreas frente a las 17.000 que se estimaban afectadas, de las cuales 9.273 fueron de arbolado. Tres bomberos resultaron gravemente quemados mientras trabajaban en las labores de extinción, que no se completaron hasta el 30 de agosto, y el resultado final fue el segundo mayor incendio de Galicia, solo superado por el de Larouco, originado ese mismo verano. En números globales, el plan de aislamiento de la Xunta de Galicia cubre más de 6.200 hectáreas, con un volumen global superior a los 930.000 metros cúbicos de madera, y acabó con un precio de adjudicación de casi 13,5 millones de euros.

Imágenes del incendio forestal en Vilaza (Monterrei).

Imágenes del incendio forestal en Vilaza (Monterrei). / Brais Lorenzo

El sector acordó mantener los precios de la madera

Estas acciones suponen una recuperación vital para el sector maderero de Galicia. Los expertos de la industria calculan que durante los incendios del pasado verano llegaron a arder un millón y medio de toneladas de madera. De hecho, teniendo en cuenta que la mayoría de los incendios se produjeron en Ourense y que en esta provincia las plantaciones son principalmente de pino, esta cifra representa casi la mitad de las cortas de coníferas que se hacen al año en toda la comunidad. En este sentido, fue también importante la decisión tomada en septiembre por la Fundación Arume —que conforman más de 50 entidades públicas y privadas, tanto propietarios forestales como de la cadena de transformación—, en la que se comprometieron a mantener los precios de la madera comercial en el caso de las superficies quemadas durante la vaga de incendios. Considerada «dada a gravidade da situación e en apoio ás comunidades de montes veciñais e propietarios afectados», esta medida permitió reducir considerablemente las pérdidas, aunque no reducirlas, pues los árboles calcinados pesan menos en un sector en el que se paga por tonelada.

Aparte, ya en el momento de la decisión se incidía en la importancia crucial de retirar la madera quemada de los montes lo antes posible. Como explicaba a FARO en septiembre el presidente de la Fundación Arume, Xosé Mera, e incidía la Xunta este sábado, de no ser movilizada con rapidez, la madera quedaría inutilizable, además de convertirse en un problema fitosanitario y un posible vector de plagas. En esa misma información, Mera aclaraba que el plazo límite para poder recoger la madera de mayor calidad —la más urgente de enviar a los aserraderos— era de seis meses, es decir, hasta este marzo. Eso sí, el presidente también aclaraba que en caso de fuertes lluvias y nevadas, como las que se acabaron producieron con el tren de borrascas de enero y febrero, muchas zonas afectadas serían completamente inaccesible durante las etapas de más frío, reduciendo el número de madera posible a recuperar.

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