Educación
Ourense suma un nuevo centro con sello Erasmus+: el colegio San José logra acreditación de excelencia
El reconocimiento permitirá al centro desarrollar proyectos de formación y movilidad para alumnos y profesores, con financiación de la Unión Europea

Los profesores que participaron en el programa Erasmus+. / IÑAKI OSORIO
El Erasmus no es solo para los universitarios. Y eso los centros educativos de Ourense lo saben bien. Son varios los que, como el CPR Padre Feijoo Zorelle, participan en intercambios de profesores en programas de observación para conocer otras formas de educar, y otros, como el conservatorio de Ourense, se inician ahora en este mundo con sus primeros estudiantes conociendo el continente. Pero lo que acaba de conseguir el colegio San José lleva a la ciudad de As Burgas a un nuevo nivel: ha obtenido la acreditación Erasmus+ en Educación Escolar, un reconocimiento de excelencia para el colegio que permitirá desarrollar proyectos de movilidad internacional hasta el curso 2028-2029 con financiación estable de la Unión Europea.
El colegio Josefinas se convierte así en el tercer centro ourensano en tener esta distinción, después del CEIP Mestre Vide y el EOI de Ourense. La diferencia que marcará este sello será más que notable para el porvenir de la institución: hasta ahora, si querían participar en un proyecto de intercambio de alumnado o profesorado debían rebuscar para encontrar un instituto de otro país que ofreciera un proyecto subvencionado que compartir con un centro español; ahora será el propio San José quien pueda proponer al resto de colegios este tipo de movilidades: «Tenemos como una especie de carta blanca a la hora de decidir dónde ir o cómo queremos cubrir nuestras carencias», explica Laura Conde profesora de inglés y coordinadora de los proyectos Erasmus+.
Un reconocimiento de excelencia para el colegio
El camino a seguir para conseguir dicha acreditación no fue precisamente sencillo. El colegio San José presentó su candidatura (para la cual se requería un extenso proceso de documentación) junto a más de un millar de otros centros con el mismo objetivo, y con una dificultad añadida. Las plazas a conceder se habían reestructurado respecto al año anterior para dar más cancha a la FP y la formación de personas adultas, y de las 275 acreditaciones que se ofrecían en 2025, se pasó a que solo 42 conseguirían la preciada acreditación. Pero el reto se superó con amplísimos honores: el San José logró una puntuación de 93 sobre 100 en los resultados, lo que lo posicionó como el quinto mejor expediente de los más de 5.000 presentados, y el mejor centro de toda Galicia en presentarse. «Cuando nos dijeron las plazas que iba a haber en esta convocatoria, no confiaba nada a pesar de que habíamos trabajado muchísimo», confiesa Conde, que ahora puede presumir de que su trabajo abrirá grandes puertas al centro. Formar al profesorado sobre digitalización en centros, permitir que 20 alumnos y alumnas conozcan dos destinos diferentes en los próximos 12 meses o compartir prácticas eficientes medioambientales aprovechando su sabiduría sobre aguas termales (nunca más apropiada al tener As Burgas a mirar desde el patio) están entre las nuevas posibilidades que se le abre al San José.

Alumnos que se fueron de intercambio o que acogieron a estudiantes extranjeros. | IÑAKI OSORIO
La experiencia previa de los alumnos
El certificado de excelencia llega también después de una considerable experencia en cuanto a movilidad. El centro lleva trabajando el Erasmus+ desde hace cuatro años, y ha conseguido ser invitado a cuatro proyectos por parte de otros países, en los que se movilizaron tanto profesores como alumnos de 4º de la ESO. A esa experiencia previa se sumó también la vivencia de los propios alumnos, que regresaron con un recuerdo bastante más profundo que el de una simple excursión escolar. Hugo, Lara, Sofía y Enia fueron algunos de los estudiantes de 4º de ESO que participaron en las movilidades a Polonia y Turquía, una oportunidad que recibieron con entusiasmo casi instantáneo al ver en ella la posibilidad de viajar, conocer gente nueva y poner a prueba su inglés en un contexto real. Una vez allí, la inmersión fue completa: convivieron con familias de acogida, compartieron rutinas con alumnado de su edad y descubrieron de primera mano pequeñas diferencias cotidianas que acabaron siendo, precisamente, lo que más les llamó la atención. Desde casas en las que era obligatorio descalzarse al entrar hasta horarios bastante más madrugadores que los españoles, pasando por bailes tradicionales o centros educativos de dimensiones y recursos muy distintos a los de aquí, la experiencia les sirvió para comprobar que Europa también se aprende en los detalles. Pero, más allá de la anécdota, todos coinciden en que el intercambio les ayudó sobre todo a soltarse con el idioma y a ganar confianza fuera del aula: al fin y al cabo, durante esos días hablar inglés no era una tarea de clase, sino la única manera de entenderse. La huella, en todo caso, fue también personal. Los cuatro destacan el vínculo creado con las familias y amistades que hicieron durante la estancia, hasta el punto de seguir en contacto con varios de ellos y fantasear ya con futuros reencuentros fuera del paraguas escolar. Tan satisfechos quedaron con lo vivido que ahora serán ellos quienes se encarguen de contárselo al alumnado que viene detrás, en una presentación con la que animarán a otros compañeros a lanzarse a una experiencia que, en su caso, terminó por desbordar con mucho las expectativas iniciales.
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