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Ángeles sin alas

Robin, el «profe» canino que se cuela en las aulas o en las residencias de mayores... y consiguió volver hacer hablar a Inés

Este mestizo rescatado de una historia de abandono participa en un programa educativo de la Asociación de Propietarios de Mascotas de Ourense

Estuvo en una actividad con alumnos de Infantil en Salesianos para enseñarles las claves de la convivencia armónica entre mascotas y humanos

«Inés, una interna de una residencia, volvió a hablar tras meses de silencio, cuando Robin escogió acercase a ella», indican como ejemplo de la empatía que generan estos animales en centros de mayores

Una clase en Ourense para enseñar a los más pequeños cómo tratar a un perro

Roi Cruz / Edgar Melchor

Ourense

Robin no ladra, sino que escucha. No mira, pero acaricia y habla con la mirada, sin necesidad de palabras. Este perro mestizo con una historia de abandono, que fue adoptado hace 10 años por Luz Dacoba, secretaria de la Asociación de Propietarios de Mascotas de Ourense (Apmou), es ahora un perro mediador. Igual se cuela de «profe peludo» en las aulas escolares para enseñar a los niños cómo convivir de forma empática y en armonía con los canes, que visita residencias de mayores en las que despierta a menudo «recuerdos y sentimientos que hacen felices a los internos», explica Luz .

Esta semana, Robin, que ha sido evaluado por educadores profesionales para garantizar su equilibrio ante estímulos de estrés, ruidos o movimientos bruscos, lo que lo convierte en el «mediador» perfecto pera estas actividades, entró a las aulas de 5.º de Infantil del Colegio Salesianos de Ourense, con su paso tranquilo, acompañado por Manolo y la propia Luz, que fue la encargada de dirigir esta actividad, adaptada a la edad de los pequeños alumnos, curiosos y dispuestos a escuchar el cuento de «la niña que más sabía de perros» que les contaba Luz Dacoba.

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Robin, muy atento a la cámara durante su visita al aula de Infantil de Salesianos / Roi Cruz

«Antes de acariciar a un perro desconocido que os encontréis por la calle debéis preguntarle a su dueño si podéis hacerlo», explicaba la monitora. «No les suele gustar que les acaricien la cabeza; mejor en la barbilla o el lomo, porque pueden pensar que los váis a atacar», indicó Luz, que adapta la dinámica de estas actividades a la edad de los alumnos. Apmou lleva cinco años impartiendo este programa de educación y sensibilización dirigido a escolares que busca mejorar la relación entre personas y animales desde la infancia.

Les explicó la labor encomiable de los perros guías, los rescatadores de los servicios de emergenica, los canes con «chalecos azules» de la policía «Si véis un perro guía no debéis molestarle; están trabajando», indicó.

Flor, Pascual, Mateo, Adrián, Bruno, Elena... La sesion se convirtió en un abanico de manos levantadas en el que todos confesaban tener un perro en casa (también los que no), cuando Luz lanzó al aire la pregunta: «Hay que recoger siempre las caquitas que nuestro perro hace en la calle, ¿quien quiere aprender? Tranquilos que esta es marrón pero de plastilina».

«Son como esponjas», apunta Dacoba. Por eso Apmou considera fundamental trabajar desde edades tempranas hasta ciclos escolares más avanzados. El objetivo es siempre el mismo: construir una convivencia armónica y prevenir problemas futuros.

Para Dacoba, esta educación tiene recorrido a largo plazo. «Vas preparando a los niños, que son el futuro», explica. Cambiar determinadas mentalidades adultas resulta más difícil, especialmente aquellas que todavía entienden al perro como un animal destinado a estar atado, aislado o relegado a una finca. Por eso la asociación apuesta por sembrar ahora una mirada más respetuosa.

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Luz, la monitora de Apmou, con el cuento que utilizó en el aula de Salesianos / Roi Cruz

Hay una máxima que dice que los perros son seres protectores a los que no les han puesto alas para que nadie sepa que son ángeles. Como Robin.

Cuando Robin volvió a hacer hablar a Inés

Pone como ejemplo uno de los momentos más emotivos. La labor de este mestizo y mediador no se limita a los colegios, también visita residencias de mayores, en las que se convierte en una especie de puente emocional de esas personas con su pasado.

En una de esas visitas, Robin protagonizó un momento que la asociación no olvida. Ocurrió el año pasado en Pereiro. «El perro se acercó a una usuaria llamada Inés, se tumbó junto a ella y la mujer empezó a hablarle con cariño con palabras como 'a miña cadeliña' dirigidas a él». Para los voluntarios parecía una escena tierna más, hasta que la coordinadora del centro les explicó lo ocurrido: Inés llevaba tres meses ingresada sin pronunciar palabra. Aquel día, ante Robin, volvió a hablar». explican.

«No sabemos por qué lo hizo. Robin no es un perro de terapia, es un perro de apoyo», cuenta Dacoba, todavía emocionada al recordarlo. La experiencia confirmó algo que quienes conviven con animales conocen bien: su presencia puede abrir puertas que a veces permanecen cerradas para las palabras.

Apmou cumple ahora doce años de trayectoria, once desde su inscripción en el registro de asociaciones. En este tiempo, ha defendido una visión que va más allá del término «mascota». Aunque la palabra permanece en su nombre, la entidad prefiere hablar de animales de familia, porque son precisamente eso: seres que conviven, acompañan y forman parte del hogar.

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