Sabor de casa
De la huerta al negocio: Mermelonia, el emprendimiento nacido en Ourense que revoluciona el consumo de kilómetro 0
Olga y Daniel, una pareja ourensana, ha logrado el primer registro sanitario en la provincia para fabricar mermeladas desde una cocina doméstica adaptada y con productos de su propio jardín

Roi Cruz
Un verano sin planes se convirtió en una oportunidad de negocio en el lugar ourensano de A Lonia. A la pregunta ¿qué hacemos estas vacaciones que no podemos viajar? La siguió un ¿y con todos estos tomates que son demasiados para que los comamos solos? La respuesta llegó en el mismo formato para ambas: hacer mermeladas y venderlas. Esa es la historia de nacimiento de Mermelonia, el pequeño emprendimiento que desde el pasado otoño regentan Olga Simón y Daniel Rodríguez desde su casa y con productos de su propio jardín, «más kilómetro 0 imposible», defiende Rodríguez.
La aventura emprendedora de convertir su pasión por la cocina y su excedente de huerta en una salida laboral les ha valido también un hito pionero: Mermelonia cuenta con el primer registro sanitario de Galicia en Ourense que permite la fabricación legal de mermeladas desde una cocina doméstica adaptada. Así, lo que comenzó con una pregunta al aire se transformó en un nuevo proyecto de vida con el que «nos liamos la manta a la cabeza», confiesa la pareja al recordar cómo decidieron apostar por esta idea para poder trabajar «en casita tranquilamente».
Kilómetro 0
Daniel hizo el ciclo de cocina de Vilamarín y trabajó tanto como cocinero como panadero, pero es Olga la que se pone detrás de los fogones para permitir que productos aparentemente sencillos alcancen un nivel de excelencia que los primeros clientes ya califican de «espectacular». Él se encarga del jardín: árboles, finca e invernadero constituyen el punto de partida y el reflejo fiel de las estaciones, aquí no hay productos de fuera de temporada. La pareja se limita a lo que su propia tierra y la de sus vecinos les ofrece.
«Si me salen 40 botes de fresa, son 40 botes y fuera; no voy a comprar fresa en ningún lado porque viene de fuera y no sé como ha sido tratada, la nuestra es solo nuestra», afirma con rotundidad Daniel. Es una apuesta radical por el kilómetro cero y lo natural en la que el cuidado de las plantas sigue la misma filosofía de respeto absoluto al medio ambiente. Para combatir plagas como el pulgón, utilizan «agua de ortigas macerada de un año para otro, evitando cualquier tipo de fumigante químico industrial». Solo de forma excepcional y controlada utilizan «algo de sulfato para ayudar a la planta a aguantar, pero el grueso del proceso es natural sin nada».
Esta forma de trabajar limita el volumen. El año pasado llegaron a recoger «700 kilos de tomates con apenas quince plantas, una productividad asombrosa», resalta Olga. «Tanto asombro» que en el que será su primer verano al frente de Mermelonia han decidido diversificar.
En su catálogo actual y futuro se encuentran sabores como el pimiento rojo, el pimiento italiano, el tomate y la mandarina, a los que pronto se sumarán la fresa, la ciruela y la pavía, aunque tampoco descartan el melocotón y la compota de uva, «porque tenemos solo cuatro cepas, pero nos dieron el año pasado más de 200 racimos, es imposible comer tanta uva», expresa Rodríguez, subrayando que «es todo lo que tenemos en el jardín».
La distribución
Uno de los aspectos más curiosos y, a la vez, complejos de Mermelonia ha sido su relación con la normativa de la Xunta de Galicia. La burocracia no siempre entiende de botánica o de tradición culinaria. Un ejemplo claro es su mermelada de pimiento, «un producto estrella» que, por imperativo legal, no puede lucir ese nombre en su etiqueta. Para la administración, al ser el pimiento una hortaliza y no una fruta, el término «mermelada» está vetado, obligándoles a rebautizarla como «crema dulce de pimiento». El productor defiende con pasión la naturaleza de su producto: «El pimiento da flor, germina y sale el fruto; botánicamente debería considerarse fruta, igual que el tomate». Sin embargo, la legislación es clara y, para evitar sanciones han tenido que adaptarse a nombres más largos y descriptivos
En el apartado sanitario, para poder tener el registro sanitario doméstico y elaborar productos con todas las garantías de Sanidad desde su propio domicilio, tuvieron que transformar su hogar: la cocina destinada a Mermelonia es «un espacio exclusivo y estanco, con su propia entrada independiente, donde no se permite ninguna otra actividad que no sea la elaboración de las conservas», dice Olga.
Con todo, a pesar de contar con el registro sanitario, se enfrentan a una paradoja administrativa la normativa actual solo les permite vender en un radio de 25 kilómetros desde la ciudad de Ourense, algo que esperan que cambie en un futuro próximo. Por el momento, el «boca a boca» está siendo su mejor aliado. «Ya hay mucha gente que nos conoce de toda Galicia y vienen a buscar sus botes», aseguran.
Para hacerlo posible han fijado una política de precios que huye del elitismo. Con botes de 200 gramos a 3,99 euros «el objetivo es que cualquier persona, independientemente de su capacidad económica, pueda disfrutar de un producto natural y artesano, de un sabor ourensano de calidad, sin químicos», sostiene la pareja que decidió que su futuro estaba en su propia casa, transformando la tradición de la huerta ourensana en una innovación empresarial que demuestra que, a veces, para llegar muy lejos, no es necesario moverse de casa.
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