Vida comunitaria activa
Laureano, el residente que cultiva el huerto y cuida el jardín del geriátrico: «Aquí sinto paz e pasa o tempo»
«Que fago mirando a televisión, botándome a durmir, ou coa boca aberta?», zanja uno de los usuarios de la residencia Santa Marta de Ourense. Laureano Soto, pontevedrés de 60 años, se ocupa a diario del mantenimiento del jardín y de la cosecha en un huerto del que salen varios productos que se aprovechan en el menú del centro. «Non me aburro», valora

Vídeo: J. Fraiz | Foto: I. Osorio

Encuentra bajo sus pies un hierbajo en un caminito de paso, se agacha y lo arranca. Acompaña hasta un estanque donde nadan los peces. Desplaza las ramas y muestra la abundancia de limones y cerezas que maduran en los frutales. Apunta a las hortensias y margaritas en flor que circundan el recinto. Exhibe con orgullo el aspecto apetecible de las lechugas, en una tierra labrada por sus manos. Laureano Soto (Combarro, Pontevedra, 1965) llegó hace cinco años a la residencia Santa Marta, un centro para personas mayores, de 125 plazas, que gestiona la Fundación San Rosendo en Santa Cruz de Arrabaldo, una parroquia rural del municipio de Ourense. El sexagenario ocupa sus días, con dedicación y vocación, en el cuidado minucioso del jardín y en el cultivo de un huerto.
Los productos que brotan de la tierra, y que Laureano siembra y recolecta —patatas, cebollas, pimientos, lechugas, tomates, entre otros comestibles— pasan a la despensa del geriátrico y se utilizan para la preparación del menú de los usuarios. Una agricultura de kilómetro cero, gracias al tiempo que él invierte de manera altruista. Una labor en soledad, mientras él se nutre, a la vez, de la calma y la satisfacción que le aporta el entorno. «Os compañeiros queren mellor isto ca o que vén de fóra no camión», se enorgullece sobre la aceptación de sus productos cuando llegan a la mesa.
«Gústame moito»
Laureano se guía por la paciencia y se sirve de los conocimientos de su etapa vital anterior, cuando se dedicaba a trabajar de jornalero. «Chamábame algún veciño para ir cavar, ou buscar unhas varas ao monte, apañar a herba, e cousas así. Traballaba ao xornal», describe. En el geriátrico reproduce aquellas labores, pero en Santa Marta las ejecuta a su ritmo y con su pauta. «Isto gústame moito, estou contento de facelo». En mitad de la conversación, Laureano interpela al periodista e indica: «Mira, as flores, todo cavadiño, as pedras postiñas, as árbores limpas arredor». Y sonríe.
Con independencia de qué día de la semana sea, el sexagenario se dedica a la actividad por las mañanas y las tardes. Sin jefes ni intermediarios, interrumpe la labor si necesita un descanso: la pausa la aprovecha en una silla de jardín, al cobijo de una sombra. «Baixo pola mañá ás dez, subo á unha para comer, volvo ás dúas e media, ata a merenda das catro, e logo baixo ata as sete».

Laureano Soto y la trabajadora social Lucía Ginzo. / IÑAKI OSORIO
Laureano planta los productos de temporada en el huerto, poda los árboles frutales, corta la hierba del jardín con una hoz, cava con un sacho, riega con mangueras, dispone con palos las estructuras para que las plantas prosperen en su crecimiento, también cuida las flores y mantiene casi al milímetro la disposición de las piedras decorativas del recinto, que realzan los espacios de los arbustos ornamentales. «Paso o tempo, aquí non me aburro, isto gústame», resume. «Que fago arriba mirando a televisión, botándome a durmir, ou coa boca aberta?», resuelve con la propia pregunta. «Aquí desfrutas», zanja.
La zona actual del huerto llevaba unos años sin aprovechamiento, antes de que Laureano llegase a Santa Marta. «Empecei nun cachiño pequeno, nun cadradiño, traballándoo co sacho. As primeiras colleitas foron unhas leitugas, uns pementos, un tomate». A base de trabajo, la superficie de cultivo fue creciendo y el jardín ganó esplendor. «Eu sinto paz aquí», confirma.
Un modelo residencial «cunha atención centrada na persoa»
La trabajadora social Lucía Ginzo ejerce como terapeuta ocupacional en Santa Marta, considerado un gran centro residencial por el número elevado de plazas que alberga. «Traballamos cunha atención centrada na persoa, que ten en conta os gustos e as preferencias de cada residente. Trala súa entrada no centro contan cunha persoa de referencia, que vai estar sempre pendente deles. Elabórase unha historia de vida, para coñecer a cada persoa e ter presente o seu pasado», explica esta profesional.
«Dentro das posibilidades» de cada usuario, la entidad intenta ofrecer actividades y ocupaciones que encajen con los gustos de las personas, para que puedan desarrollar sus inquietudes en la etapa de vida comunitaria, añade la especialista.
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