Voluntarios colaboran en la recuperación de un pulmón verde de Ourense arrasado por el fuego: «Era un dos refuxios climáticos da cidade»
Una veintena de personas convocadas por la asociación vecinal y la mancomunidad de montes de Seixalbo cooperó este sábado en la limpieza de caminos afectados por un incendio «explosivo» que, en agosto de 2025, calcinó un espacio natural de importante biodiversidad. «Un lume forestal é algo terrible, unha perda de riqueza». La acción de voluntariado incluyó la plantación de nuevos ejemplares de árboles autóctonos. «Coa colaboración de todos pódese axudar a rexenerar o monte»

Vídeo: Javier Fraiz / Foto: Roi Cruz

Los esqueletos carbonizados de decenas de miles de árboles cohabitan en un paisaje que todavía causa desolación, ocho meses después del incendio. La presencia de un manto de brotes verdes entre el conjunto ennegrecido, con la ciudad al fondo, encastrada en el valle del Miño, anima a contemplar el aspecto positivo, a volver a empezar hasta que, por desgracia pero probablemente, ocurra de nuevo. El 12 de agosto de 2025, una sucesión de focos de fuego, originados simultáneamente y de forma accidental tras el paso de un tren de mercancías, desencadenaron un incendio virulento que arrasó 108 hectáreas en los montes que delimitan Ourense con San Cibrao das Viñas, desencadenando situaciones de tensión y momentos de peligro en Seixalbo y O Cumial.
El fuego causó importantes daños ambientales en un espacio natural de pinos, madroños, robles, castaños y otras especies de arbolado y de monte bajo, un entorno forestal que funcionaba como «un dos refuxios climáticos de Ourense», en una de las ciudades con las temperaturas más extremas de la Península Ibérica, subraya Xosé Santos, un experimentado agente ambiental que colabora con los colectivos ecologistas Amigas da Terra y Amigas das Árbores. «Os montes son santuarios de biodiversidade». En el entorno inmediato de Ourense, esta zona era una de las más relevantes desde el punto de vista de regulación climática y de la biodiversidad.
«Desapareceu moita fauna, e moitos matorrais e árbores arderon. Un incendio forestal é algo terrible, supón unha perda de riqueza. Era un pulmón verde de Ourense, que para nós, ademais, ten o simbolismo de que foi o monte do que toda a vida, en tempos, a xente sacaba o estrume», enlaza Xosé Carballido, integrante de la Asociación Veciñal San Breixo, de Seixalbo.
«Había unha temperatura elevada, baixa humidade e ía vento. Aquel día, as condicións eran mois malas e, en cuestión de pouco máis dunha hora, arderon as 108 hectáreas entre os montes de Chao da Moa, Castro Floxo, Carqueixal e Gouzón», recuerda Santos. Este incendio fue uno de los primeros de la salvaje oleada de incendios que sufrió Galicia, y de forma mucho más acusada Ourense, en agosto de 2025. En la provincia, que registró en apenas unos días los tres mayores incendios de la historia de la comunidad, ardió el 86% de la superficie que resultó afectada en todo el territorio gallego por el fuego, el año pasado. En Seixalbo, numerosos medios aéreos reforzaron el operativo de extinción porque la situación era peligrosa, en un entorno de interfaz forestal y urbana. Hubo riesgo para casas y naves. Un cambio en la dirección del viento resultó crucial para frenar el avance y controlar finalmente la situación.
«Foi un lume explosivo, nun contexto de moitos días sen chover, con moi pouca humidade do solo. Avanzou moi rápido», resume Santos. Tras la emergencia, los efectos y secuelas de los incendios se prolongan en el tiempo. «Aínda podemos ver agora a intensidade do lume. Tiña un tío que dicía que, nas guerras e nos incendios, ata as pedras choran. E así foi, aquí rebentaron ata as pedras», resalta.
Pese a la anomalía de precipitaciones registrada a principios de este año, el terreno está completamente seco en las primeras capas del suelo. «Foi tal a intensidade do lume que a calor penetrou na terra. Aínda que no inverno caeu moita choiva, hai que afondar moito para atopar algo de humidade no solo. Cando vas a un monte que ardeu en condicións normais, chegas a atopar microfauna de formigas, miñocas, vermes..., pero aquí non hai nada», subraya Santos.
Tras la emergencia, los efectos en el medio ambiente, las secuelas del fuego, se prolongan en el tiempo, incluso durante generaciones. «Os edafólogos din que un centímetro de terra tarda unha media de 100 anos en formarse», ilustra el agente ambiental. Habían transcurrido dos décadas desde la última vez que se registraba un incendio en la zona. «O monte estaba a restaurarse de forma natural. Era un ecosistema que comezaba de novo a naturalizarse, é dicir, o momento no que o bosque é autosustentable e se reproduce por si mesmo», explica Santos.
En la zona abundaba una masa de madroños, de las más relevantes en la provincia de Ourense. «Estas árbores, os érbedos, son moi interesantes desde o punto de vista da biodiversidade dos ecosistemas, porque boa parte da fauna se alimentan delas, teñen moitos nutrientes e minerais», enlaza el experto. Ahora, los brotes de esta especie abren paso a la lenta recuperación de la zona, «para que de aquí a outros vinte anos poidamos ver o Chao da Moa, Castro Floxo e Gouzón igual que estaban».
Con el afán de mejorar el entorno tras las consecuencias del fuego, una veintena de personas se sumó este sábado a una acción de voluntariado convocada por la Asociación Veciñal San Breixo y la mancomunidad de montes de Seixalbo. Participaron varios activistas vinculados a Amigas das Árbores. Con herramientas domésticas y aperos de labranza —sachos, sierras, podadoras manuales, hoces y hachas—, estas 'brigadas verdes' trabajaron por una causa compartida y por el apego al medio ambiente. Rodrigo Cid, de 13 años, era el más joven del grupo. Andrés Rodríguez, un vecino de 90, el mayor.
En los montes de Gouzón y Chao da Moa, el grupo cooperó en la limpieza de caminos que resultaron afectados por el paso de las llamas y la acumulación de vegetación calcinada. Colocaron piedras caídas de muros perimetrales, cortaron ramas que invadían los tramos de paso, para hacerlos transitables —son lugares utilizados por senderistas y ciclistas de montaña—, y también aprovecharon la jornada de voluntariado para plantar, además, semillas y varios ejemplares de árboles autóctonos. Tras cuatro horas de dedicación, las 'brigadas verdes' finalizaron la mañana de intervención en la zona quemada con una comida de confraternización con empanada, callos, vino, agua y refrescos.
«O abandono do rural é evidente»
«Coa colaboración de todos pódese axudar a rexenerar o monte», valora Xosé Carballido. En septiembre de 2025, pocas semanas después del fuego de Seixalbo, se desarrolló una primera acción de voluntariado, para frenar la erosión del suelo y evitar los arrastres de ceniza, con la colocación de barreras naturales de protección. La intervención de este sábado supone un primer paso en el deseo de los vecinos de recuperar este espacio natural.
En opinión de Xosé Santos, las iniciativas de activismo ciudadano sirven como un «toque de atención ás administracións públicas» sobre el problema estructural de los incendios y los factores sociales que están relacionados. «O abandono do rural é evidente», subraya, y los poderes públicos deben asumir sus responsabilidades. «Estes son camiños públicos a carón da cidade de Ourense, que destaca precisamente pola súa falta de roteiros alternativos, para camiñar ou andar en bicicleta. É obriga dos concellos manter limpos os camiños», expone el experto forestal.
«Se só apostamos pola extinción dependeremos da variable meteorolóxica»
La mitigación de los efectos de los incendios del pasado verano casi se solapa con la llegada de la época del año en la que el peligro aumenta. El cambio climático desdibuja en el calendario los periodos de riesgo de incendio forestal. A principios de abril, un virulento frente calcinó más de 750 hectáreas entre Ponteareas, Mos y Pazos de Borbén. En las mismas fechas, otro incendio forestal importante, que se expandió entre Carballo y Caión, afectó a más de 186 hectáreas en esa franja atlántica de A Coruña.
«Einstein dicía que tolemia era seguir facendo o mesmo e agardar resultados diferentes, Galicia non está aprendendo e aposta claramente pola extinción», critica Santos. Él considera imprescindible «cambiar as pautas de comportamento» a nivel social, para atacar las conductas de intencionalidad que están detrás de la producción de una parte de los incendios, así como intensificar la labor de sensibilización ambiental, al igual que delimitar y eliminar otros factores que causan numerosos incendios forestales: las imprudencias. «Se só apostamos pola extinción dependeremos da variable meteorolóxica, e o cambio climático está aquí, cunhas condicións cada vez máis duras», finaliza el experto.
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