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Lucha contra el fuego

Ourense conciencia a sus escolares: la educación como arma contra los incendios forestales

Medio centenar de alumnos del CEIP Sacro e Arce de Toén conocieron la base de helicópteros de A Merca en el marco de una charla de formación y sensibilización de la Consellería de Medio Rural para explicar el trabajo que realiza el personal del Servizo de Prevención e Defensa contra os Incendios Forestais

Los escolares atendiendo las explicaciones del piloto, Borja García

Los escolares atendiendo las explicaciones del piloto, Borja García / Iñaki Osorio

Ourense

El sonido del Bell 412 rompe el ritmo de las conversaciones escolares en la base de helicópteros de A Merca. Cincuenta alumnos del CEIP Sacro e Arce de Toén se sobresaltan y observan con los ojos muy abiertos cómo el «Bambi», ese enorme cubo capaz de cargar entre 1.000 y 1.500 litros de agua —el peso de un coche—, se prepararía para la acción. Es la cara más visible de la prevención contra los incendios forestales, una batalla que este año cuenta con el presupuesto de la Xunta de Galicia más alto de la historia: 213 millones de euros destinados al Plan Pladiga.

A pie de pista, Sandra Martínez, jefa provincial del servicio de prevención y extinción de incendios forestales, supervisa la jornada educativa de divulgación y demostración para los estudiantes de tercero de Primaria: «Hemos organizado charlas, demostraciones y talleres para que los niños puedan conocer de primera mano la imagen real de un bombero forestal, cómo trabaja y los elementos que tiene», cuenta. El objetivo del proyecto es que la educación funcione como cortafuegos, porque los más pequeños «son esponjas» que llegan a casa y trasladan a sus mayores todo lo aprendido.

Martínez estuvo al frente del Centro de Coordinación Operativa (Cecopi) todo el pasado verano. El peor de la historia, desde que hay registros, en lo que a fuegos se refiere en la provincia. Ardieron más de 100.000 hectáreas con un elevado número de incendios provocados, tanto con dolo como por imprudencias como desbrozar a máquina cuando ya no se podía. Con ese bagaje, la jefa del servicio de prevención tiene un deseo que traslada clara y contundente «bajar en Ourense el porcentaje de fuegos intencionados que alcanza el 70%».

A los menores no se lo trasladó con cifras, pero todo el equipo —dos técnicos del Distrito Forestal, seis agentes forestales y diez componentes de la brigada helitransportada— se encargaron de hacerles llegar esos datos mediante otros medios porque «estos niños van a llegar a casa y van a contarlo todo, es muy importante enseñarles autoprotección y también todo aquello que está bien en casos de emergencia y todo lo que está mal. Por ejemplo, si los mayores aparcan mal un coche, obstruyendo el paso de una pick-up o de un camión, ellos ahora serán nuestra primera barrera, porque lo saben y lo reprocharán», indican desde la base.

Estas charlas, que en Ourense ya han alcanzado a 700 escolares en el plazo de un trimestre, cobran una especial relevancia este año después de la tragedia, porque según los datos de Medio Rural «el fuego estuvo muy cerca de 2.000 escolares». Niños y niñas, especialmente de zonas del rural, que vieron el peligro muy próximo y cómo su entorno cambiaba en cuestión de horas.

Por ello, y por la curiosidad infantil, no es de sorprender que las preguntas que este jueves más recibieron los técnicos se centraron en todo aquello que puede salir mal, por ejemplo, «¿qué pasa si no te apartas y te cae encima el agua del bambi?». Esa fue una de las cuestiones de los escolares tras escuchar el peso que podría soportar la bolsa del helicóptero, un «caballo de hierro» como describió su piloto, Borja García.

Él fue el encargado de explicar cómo se trabaja en la extinción desde el aire: «Es un aparato de doble motor por seguridad, si falla uno, el otro nos trae a casa», les dijo a los niños, a los que comentó que la función del aparato. «Solo no hace nada», pero «baja la intensidad del fuego para que los brigadistas en tierra puedan entrar a rematarlo». Las reacciones no se hicieron esperar: «¡Cómo mola!, yo quiero subir», «¿podemos entrar?» Pudieron.

El helicóptero bombardero fue lo que más captó las miradas, pero no lo único que conocieron de primera mano el medio centenar de alumnos del colegio de Toén: comunicaciones internas, tanque, camiones y vehículos todoterreno también fueron objeto de observación, debate y estudio para los pequeños.

De la base al monte

Mientras los niños aprendían a amar, cuidar y proteger el monte, el delegado territorial de la Xunta en Ourense, Manuel Pardo, tras acompañarlos, se desplazó a Cabeza de Vaca para supervisar una realidad más árida: las tareas de desbroce en las fajas secundarias.

En los 50 metros que rodean los núcleos de población se libra otra parte crucial de la estrategia. Con un convenio de gestión de biomasa que ha duplicado su presupuesto hasta los 25 millones de euros anuales, la Xunta busca blindar las viviendas ante la llegada del verano. Un convenio al que Pardo celebra que se han sumado 90 de los 92 concellos ourensanos y que permite limpiar parcelas en parroquias priorizadas a un precio cerrado de 420 euros por hectárea.

Prevención, limpieza y vigilancia son las claves de esta campaña, porque, con la sombra de la intencionalidad planeando sobre montes y recuerdos, la red de videovigilancia de la Consellería de Medio Rural «ha crecido un 30%» y los drones ya sobrevuelan los puntos críticos para detectar cualquier columna de humo de forma instantánea y facilitar la identificación de imprudentes y malhechores.

La campaña de 2026 se refuerza además con la incorporación de aviones de coordinación (ACO), que permitirán dirigir las intervenciones aéreas en perímetros extensos donde operan múltiples medios. Así, entre pedagogía y tecnología, Ourense se prepara para otro verano donde la prevención quiere tener la última palabra.

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