Inclusión y educación social
Ourense juega contra el edadismo: 23 años uniendo generaciones
Las XXIII Jornadas Intergeneracionales de Ourense, organizadas por Ategal y estudiantes del campus ourensano de la Universidad de Vigo, fomentaron el intercambio de experiencias y combatieron los prejuicios asociados a la edad, con juegos y actividades inclusivas

Los juegos tradicionales ocuparon la jornada vespertina / Iñaki Osorio
Jóvenes y mayores compartiendo ocio y aprendizajes. Esa imagen, cada vez menos habitual en el día a día, volvió a repetirse este jueves en Ourense con motivo de las XXIII Jornadas Intergeneracionales. Una iniciativa, organizada por la Asociación Cultural Galega de Formación Permanente de Persoas Adultas (Ategal) de la mano del alumnado de la Facultade de Educación e Traballo Social del Campus de Ourense, que reúne desde hace más de dos décadas a distintas generaciones con un objetivo claro: fomentar el intercambio de experiencias y combatir los prejuicios asociados a la edad.
Detrás de esta propuesta está el profesor Millán Brea, uno de sus impulsores desde hace 23 años. «Yo estudiaba Educación Social aquí y estábamos muy cansados de que todo fueran charlas, algo aburrido. Entonces conocí a Marisa, que formaba parte de la asociación Aixiña. Pensando con ella qué podríamos hacer para dar un paso más en la educación de una forma menos teórica se nos ocurrió decir ‘vamos a jugar’ y aquí estamos», recuerda sobre el origen de una actividad que ha crecido sin perder su esencia. «Se trata de intercambiar experiencias a través del juego», resume.
Con el paso del tiempo, las jornadas han evolucionado hasta convertirse en un proyecto de aprendizaje y servicio. Ahora el alumnado analiza, planifica y ejecuta toda la actividad que, aunque solía celebrarse en el Xardín do Posío, a causa de las obras se trasladó aún más cerca para los estudiantes: al propio campus.
Es ahí a donde se desplazaron jóvenes y mayores tras leer en la Plaza Mayor un manifiesto, elaborado por el estudiantado de Educación Social, que puso el foco en la «invisibilización» por cuestión de edad: «Las personas mayores no son pasado: son presente activo y memoria viva», reivindicaron.
Aprender haciendo
Para que no se quedase solo en palabras, emprendieron el camino hasta el recinto universitario, donde el polideportivo se convirtió en epicentro de la diversión que rompe barreras y corrobora un presente muy activo para la tercera edad. Allí, durante la mañana, todos los presentes disfrutaron de nueve juegos diseñados por los alumnos del grado de la Uvigo. Las actividades, adaptadas a distintos niveles de participación, combinaron dinámicas para conocerse con propuestas más activas y otras más pausadas.
«Es el primer contacto que tenemos con la realidad. Estamos poniendo la teoría en práctica y la verdad es que llena mucho», señalaba Zaira Graña, delegada del primer curso, el organizador tras el evento que reunió a decenas de personas.
Con solo un par de meses en la carrera, Graña celebra que este tipo de dinámicas sirven para «aterrizar lo que se da en el aula, para descubrir lo que es realmente la educación social y para poner a prueba los conocimientos». Todo ello en cuanto a la parte académica, ya que realizar estas jornadas les puntúa en el aula, pero más allá de las paredes de la universidad asegura que es «enriquecedor ver lo que nos podemos proporcionar unos a otros».

Un señor guiando a los nativos digitales en una de las pruebas / Iñaki Osorio
Para hacer posible el engranaje de la iniciativa cuenta la delegada que hubo un trabajo coral previo: «Nos dividimos en grupos y diseñamos los juegos para que todo el mundo pudiese participar tuviese o no algún tipo de diversidad, porque las jornadas también cuentan con la participación de entidades como Down Ourense y Aspanas, ya que tienen un carácter inclusivo y diverso», comenta Graña.
Entre las propuestas hubo juegos para romper el hielo, mucha dinámica en grupo y versiones adaptadas de grandes clásicos. Así, uno de los éxitos fue el juego de las sillas musicales, pero en lugar de correr para no quedarse sin sitio, los participantes debían agruparse según las instrucciones de la música. También hubo espacio para jugar al 'quién es quién', para aquellos que preferían un ocio menos físico, en el lado opuesto de la balanza, también hubo un tres en raya gigante que obligaba a correr o caminar deprisa para colocar las fichas en un tablero gigante dibujado en el suelo, para los interesados en el deporte.
«Estamos muy contentos con la acogida, además contamos con la ayuda de los compañeros de los ciclos del Centro Integrado de Formación Profesional Portovello, de Animación Sociocultural e Integración Social», resumía la estudiante del campus a media mañana.
Inclusión y diversión
Si la jornada matinal fue de los jóvenes como guías, la de la tarde supuso un cambio de papeles. Los roles se invirtieron, las personas mayores de Ategal tomaron el mando para rescatar del olvido juegos que forman parte del ADN de las infancias vividas antes de la llegada de las pantallas digitales. La comba, el truco, los zancos y la rana convirtieron los jardines del Campus Auga en una herramienta pedagógica del siglo XX.
Los mayores no solo enseñaron las reglas, sino que compartieron las anécdotas vinculadas a esos juegos, transformando el patio en un aula de historia viva que resumió el objetivo de las jornadas: intercambiar experiencias a través del juego porque compartir espacio y ocio rompe cualquier prejuicio edadista.
Rompiendo prejuicios y barreras, desde Down Ourense su educadora social, Cristina Díaz, valoraba muy positivamente la cita y el trabajo realizado por el estudiantado «que el día de mañana trabajará directamente con el colectivo de la discapacidad». «Esta es una buena oportunidad para romper mitos y acercarlos de una forma normalizada», apuntaba.
Para esta entidad la experiencia es un grado y llevan formando parte de las Jornadas Intergeneracionales prácticamente desde el inicio, cada año con el mismo interés que el anterior porque «nos reciben muy bien y es una buena forma de estar en contacto con otras personas y de disfrutar en sociedad. Siempre se van de aquí encantados», comentaba Díaz.
Dentro de las entidades participantes, Aspanas fue la debutante, «nos habían invitado otros años, pero por unos motivos u otros nunca habíamos podido venir hasta ahora, que pese a ser la vigésima tercera edición para nosotros es la primera», manifestaba la educadora de la asociación, Belén González, quien resaltaba la respuesta «muy positiva» de sus participantes. «Los chicos se integraron enseguida, algunos son tímidos, pero los estudiantes los incluyeron muy rápido, tanto que ya están diciendo que quieren volver el año que viene. Veremos si es posible porque somos muchos en la asociación y este año solo hemos podido traer 14 integrantes y todos van a querer venir».
Como colofón, la música tomó el relevo. Milena Plata, profesora de baile en las aulas sénior de Ategal Ourense, dirigió una clase abierta de baile y movimiento que puso a prueba la coordinación de todos los presentes con una coreografía final con la que recordar que el paso del tiempo no es más que una cifra en el carné de identidad.
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