Compartir piso sin dramas: la innovadora app de dos estudiantes gallegas para una convivencia ideal
Selenia Rivadulla y Daniela Borges, estudiantes de Ourense, idearon Roommate Match, una 'app' al estilo Tinder para encontrar compañeros de piso compatibles, buscando solucionar la problemática de vivienda y convivencia

David Alján / Iñaki Osorio
«Dani, la tapa del yogur lleva 3 días pegada en la mesa». «Gracias Miguel, por dejar todo el baño lleno de pelos». «Juan hace fiestas hasta las tantas mientras yo intento dormir». Si te ha tocado compartir piso en alguna etapa de tu vida, que ninguna de estas escenas te resulte familiar se podría llegar a considerar un milagro. Selenia Rivadulla y Daniela Borges, pontevedresa y cubana residentes en Ourense, lo saben bien, y por ello quieren ofrecer una solución para que el tener compañeros de apartamento sea lo menos incómodo posible: una app al estilo de Tinder para encontrar a la persona perfecta con la que convivir.
Ambas son estudiantes del ciclo superior de Administración y Finanzas en la Escola Profesional Santo Cristo, y en un principio desarrollaron la idea como un trabajo escolar para la asignatura de Comunicación. Bajo el nombre de Roommate Match, el proyecto pretende crear una aplicación en la que el usuario registre un perfil con sus hábitos y condiciones como tener mascota, fumar, salir mucho o poco de fiesta, cuánto de importancia le das a la limpieza. Al darse de alta, podrá encontrar otros perfiles que busquen compartir piso en la misma zona y con los que compartan afinidades, para que, si lo desean, se abra un chat entre ellos con el que concretar más allá. Aunque está pensada para contactar entre gente que busca una habitación, Rivadulla y Borges ambicionan poder llegar a colaborar con inmobiliarias, e incluir una opción en la aplicación para reservar una visita al piso en cuestión. Dentro de este espectro, el proyecto daría utilidad a todos los casos: «Nosotros nos centramos en el ejemplo de la persona que ya está conviviendo y está insatisfecha, para que pueda cambiar de piso ella o su compañero. Pero también nos centramos en la persona mayor que vive en soledad y busca alguien con quien convivir, o el estudiante que vaya a compartir piso por primera vez y busca a alguien que se adecúe a sus hábitos para buscar un piso que alquilar», explican las desarrolladoras del proyecto.
Del aula a los programas de emprendimiento
Aunque comenzó como una idea para las aulas, Selenia y Daniela quisieron llevarlo más allá, y buscan ahora bolsas o programas con los que poder convertir su idea en un producto real. El primero de estos intentos llegó en Inspiro, el encuentro de tejido empresarial celebrado cada año en Expourense que cuenta con un concurso de proyectos emprendedores. En él, estudiantes de Galicia y el norte de Portugal exponen sus ideas ante profesionales y empresas, que pueden llegar a prestar apoyo financiero para la implementación. El pasado 25 marzo tuvo lugar la edición de 2026 en la que participaron Rivadulla y Borges, y aunque no se pudieron hacer con ninguno de los tres premios a los que se aspiraba, reconocen que fue una «muy buena experiencia», y que les animó a seguir buscando proyectos con los que ganar premios e inversiones, convencidas de la labor social que puede hacer su idea si se convierte en producto.
Una solución que pretende dar un respiro a la gran problemática de vivienda que vive todo el país y a la que la ciudad de As Burgas no es ajena. Según el informe de Again (Asociación Galega de Inmobiliarias), en el primer trimestre de 2026, solo el 2% de la oferta de alquiler en Ourense se situó por debajo de los 600 euros mensuales, cuando este rango de precios suponía más del 75% de la oferta en 2022. Además, el catálogo de pisos disponibles era de tan solo 200 anuncios, 119 menos que cuatro años atrás. Los datos salariales permiten rematar de dibujar el panorama de un alquiler asequible: mientras que el ourensano medio cobra menos de 1.500 euros brutos al mes, los pisos por menos de 600 euros no llegan a la decena, por lo que se ven obligados a destinar prácticamente la mitad de su sueldo a tener un techo bajo el que vivir, y muchos recurren a compartir habitación incluso independizados como única forma de llegar a fin de mes. Este es el caso personal de Selenia Rivadulla, quien compagina sus estudios con un trabajo a media jornada en un supermercado el cual no le llega para vivir sola, y al tener una mascota, gran parte de los caseros e inmobiliarias la rechazan automáticamente.
Convivir con desconocidos en un mercado cada vez más difícil
Sin embargo, las técnicas para encontrar compañeros de piso no han avanzado al mismo ritmo que la necesidad de convivir con un extraño para poder pagar un alquiler. La técnica habitual sigue siendo compartir una publicación en redes sociales como Twitter o Instagram, que, con suerte, llegará al amigo del amigo que busca piso, o le aparecerá en el algoritmo a un extraño del que nada solemos saber antes de empezar a convivir con él, lo que puede causar situaciones incómodas que, como bien resumen las estudiantes, «hace que dejes de sentir tu casa como un hogar». Diferentes ritmos de actividad en el piso o, por decirlo ligeramente, distintos conceptos de lo que se considera un sitio limpio, derivan a menudo en esta sensación que Selenia vive en carne propia en el piso en el que reside en este momento. De hecho, en su presentación en el Inspiro, Rivadulla mostró imágenes de lo que se puede encontrar tras una larga jornada de trabajo y estudio, como por ejemplo, un filete que estuvo días en la encimera de la cocina. «No os podéis imaginar el olor y la sensación incómoda. Al final, tuve que tirarlo yo porque estaba a punto de que le salieran patas y de pagar el alquiler como uno más», bromea.
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