Educación ambiental
El CEIP Curros Enríquez de Ourense convierte el arte en herramienta de sostenibilidad
Más de un centenar de escolares participaron en la iniciativa «Plantando árboles con pinceles» de Afundación, una propuesta que cuida el entorno con talleres y murales

Los escolares de sexto curso coloreando el mural en el comedor del CEIP Curros Enríquez. | IÑAKI OSORIO
La lluvia obligó a cambiar los planes, pero no consiguió apagar el color. En el comedor del CEIP Curros Enríquez de Ourense, donde habitualmente el ruido de las bandejas marca el ritmo del día, en la mañana de ayer el protagonismo fue para los pinceles, las brochas, los colores y una idea que crece con fuerza: educar en sostenibilidad también puede ser una experiencia artística y compartida. Para hacerlo posible Afundación, la Obra Social de ABANCA, llevó hasta el centro su proyecto «Plantando árboles con pinceles», una iniciativa que, más allá de su nombre evocador, propone una reflexión activa sobre el cuidado del medio ambiente desde una fórmula poco habitual: la creación colectiva.
De esta forma, un total de 125 alumnos y alumnas de los cursos desde segundo de Primaria hasta sexto participaron en una jornada que combinó tres talleres: la elaboración de un mural con pinturas fotocatalíticas, la decoración de bolsas de tela con tintas ecológicas y, como novedad este curso, la estampación con mensaje ambiental. Tres maneras distintas de aprender, todas ellas con un mismo hilo conductor: entender que cada gesto cuenta siempre y más cuando se habla de protección ambiental.
En el caso del mural —la pieza central de la actividad, que se encuentra en el comedor—, el arte se convierte también en acción medioambiental directa. Las pinturas empleadas tienen propiedades fotocatalíticas, lo que significa que, en contacto con la luz, contribuyen a reducir la contaminación del aire. Un detalle que sorprende al alumnado y que transforma una simple pared en un pequeño pulmón urbano.
«Es una actividad que nos permite trabajar valores ambientales empleando materiales respetuosos con el entorno», explica el director del centro, Carlos Cruz, mientras observa cómo el dibujo va cogiendo forma «cadradiño a cadradiño». Porque esa es otra de las claves del proyecto: cada estudiante pinta una pequeña parte para que «el resultado final sea de todos».
Organizados en filas, los jóvenes artistas van pasando las brochas con cuidado, evitando las manchas porque, como advierte la monitora, «la composición de estas pinturas hace que tengan una textura mantequillosa, muy difícil de lavar una vez que se seca en la ropa». Por la dificultad de la tarea, los cursos que se encargan del mural son los alumnos de quinto y sexto, todas las clases colorean un paisaje natural que partió de sus propias ideas. «Hace un tiempo hicimos una lluvia de ideas entre los estudiantes del ciclo y las reemitimos a la Afundación para que realizasen el boceto final que se expondría en la pared», relata Cruz.
El resultado es un conjunto de las versiones de los dibujos del centro. Son montañas, árboles, un zorro, un pájaro y un ciervo, pero también un recuerdo compartido y «una lección ambiental que sirve a la vez para darle vidilla a un espacio soso y para que los chavales cuiden el entorno, porque como lo han hecho ellos lo respetarán más», valora el director.
Imaginación ecológica
La creatividad toma otras formas un par de pisos por encima. En la segunda planta del centro escolar fueron los estudiantes de tercero de Primaria los que abordaron la ecología y el buen trato al medio ambiente mediante la pintura, en su caso con el taller de bolsas de tela.

El taller de estampación de telas entretuvo y educó a los estudiantes de tercero de Primaria. | IÑAKI OSORIO
«Trabajamos siempre con la regla de las tres erres: reducir, reutilizar y reciclar», explica Marta Gafaell, técnico del área de cultura de Afundación. «Incluso las esponjas que emplean se limpian y se reutilizan semana tras semana. Queremos que entiendan que la sostenibilidad está en los pequeños detalles». En este taller no hay plantillas, los niños dibujan con total libertad sobre unas bolsas que más tarde podrán llevarse a casa, el único requisito es utilizar la imaginación y que la temática encaje con el proyecto.
«¿Puedo pintar un dinosaurio?», preguntaba uno de los menores ante la paleta de «témperas ecológicas», mientras en otra mesa, Nuria, Candela, Carolina y Noa explicaban sus obras. «Yo voy a hacer un paisaje con un arco iris», trasladaba la primera, mientras que la segunda escribía nombres en su bolsa, «para dedicársela a mis mejores amigos». Las cuatro se perdían con esta actividad una de las horas de lengua castellana «que es importante, pero también esto y pintar», defendían.
La última de las actividades era la estampación con mensajes ambientales, el resumen de toda la iniciativa porque hoy, cuando los alumnos entren al colegio, no solo verán una pared de colores. Sentirán el aire más limpio y recordarán que ellos, con sus manos, tienen la capacidad de hacer que Ourense—la ciudad más contaminada de España según un estudio de la compañía suiza IQAir—, y el planeta, respiren un poco mejor.
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