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El desplante, la tradición de la Semana Santa en Ourense que recrea un antiguo enfrentamiento entre la Iglesia y el gobierno de la ciudad

El Domingo de Resurrección en Ourense reproduce una tradición local que recuerda un antiguo desencuentro entre el poder eclesiástico y civil. En el siglo XVIII, la falta de ayuda municipal para arreglar la escalinata de Santa María Nai enfadó a las autoridades católicas, que impidieron a los concejales acceder al templo tras la procesión. Aquel enfrentamiento se recrea con la ceremonia del desplante

Así es la tradición del desplante en Ourense: la recreación de un enfrentamiento en el siglo XVIII entre la Iglesia y el gobierno de la ciudad.

FOTO: Roi Cruz | VÍDEO: J. F.

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

Ourense celebra con una tradición propia el Domingo de Pascua, día de la Resurrección de Cristo, la última y principal fecha señalada de la Semana Santa. La ceremonia del desplante, cuya referencia histórica se remonta al siglo XVIII, evoca un antiguo conflicto entre las autoridades eclesiásticas y el poder municipal en la ciudad, cuando el gobierno local se negó a dar fondos a la Iglesia para la reparación de la escalinata de acceso al templo de Santa María Nai. Aquella fricción se pone en escena tras la misa del Domingo Santo y de la procesión de regreso de la imagen de Santa María Nai desde la Catedral —donde se oficia la eucaristía de Pascua—, hasta el templo que lleva el nombre de la Virgen. Varios miembros de la corporación —sin la presencia del alcalde, Gonzalo Jácome—, y la comitiva religiosa, liderada por el obispo Leonardo Lemos, recrearon un año más aquel desencuentro entre poderes de hace tres siglos.

Según el relato histórico de los hechos, los gobernantes municipales rehusaron contribuir con la Iglesia para acometer el arreglo de la escalinata del templo, y la respuesta del cabildo de la catedral fue impedir a los representantes del poder civil que acompañasen a la comitiva religiosa hasta el interior de Santa María Nai. En aquel desencuentro, los sacerdotes emprendieron una carrera para acceder al recinto e impedir el paso, y los políticos se quedaron plantados fuera. El desplante devolvía de esa manera el agravio que percibió el poder religioso al no haber contado con la ayuda pública. Salvo excepciones, la colaboración define en la actualidad la relación entre las instituciones eclesiástica y civil, sobre todo en la conservación del patrimonio histórico y cultural más relevante en manos de la Iglesia.

La ceremonia que escenifica el desplante de hace tres siglos, reproducida ahora sin prisas ni carreras, sino con un pequeño acto teatral que genera sobre todo curiosidad a los ourensanos y los turistas, pone el broche a la última celebración católica de la Semana Santa en la ciudad. Antes del desplante, el obispo Lemos ofició la eucaristía de Pascua en la catedral. Al templo de San Martiño se traslada para la ocasión la imagen de Santa María Nai, que es porteada en una manifestación religiosa que se llama Procesión del Encuentro, porque el sentido religioso es que la Virgen se reúna con Cristo Resucitado. Finalizada la misa llega la hora de la vuelta de la imagen a su iglesia titular.

La imagen de Santa María Nai se portó en procesión hasta la catedral, y de regreso a su iglesia tras la misa. | ROI CRUZ

La imagen de Santa María Nai se portó en procesión hasta la catedral, y de regreso a su iglesia tras la misa. | ROI CRUZ

La llamada Procesión del Regreso, acompañada por música tradicional del grupo Redegaita, partió de la Puerta Norte de la seo principal de Ourense y recorrió las calles Juan de Austria, Santa Eufemia, Lamas Carvajal y la Plaza Mayor. En ese momento, la comitiva religiosa subió los peldaños hacia la iglesia de Santa María Nai, tras la imagen de la Virgen, mientras los integrantes de la corporación se quedaron al pie de la escalinata.

Un grupo traslada la imagen de Santa María Nai por la escalinata de acceso al templo, mientras al fondo esperan los concejales.

Un grupo traslada la imagen de Santa María Nai por la escalinata de acceso al templo, mientras al fondo esperan los concejales. / ROI CRUZ

El obispo y miembros del cabildo saludaron a los políticos desde lo alto —el prelado se descubrió con la birreta—, para que los concejales asumiesen la despedida, y los dos bandos se dieron la espalda. La escalera de la discordia agrandó la distancia entre ellos, escenificando el desencuentro de antaño. Los religiosos entraron al templo y los ediles fueron testigos del desplante, como en el siglo XVIII, recreado ya sin enfados ni reproches, en una tradición que perdura de la Semana Santa en Ourense.

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