Incendios forestales
El talento de la ingeniería ourensana se alía contra la herida de los grandes fuegos
Pelayo Busto, estudiante de aeroespacial, está detrás de Nova Terra, un proyecto que utiliza drones y satélites para impulsar la recuperación del monte tras los incendios

El ingeniero aerospacial Pelayo Busto, en el campus ourensano. | ROI CRUZ
La provincia de Ourense todavía guarda en su memoria las cicatrices del pasado verano, cuando los mayores incendios desde que hay registros calcinaron más de 101.000 hectáreas, arrasando a su paso no solo patrimonio natural sino también patrimonio material y personal, afectando gravemente a núcleos urbanos como San Vicente de Leira, en el concello de Vilamartín de Valdeorras— donde el fuego alcanzó a 120 de las 150 viviendas— o A Caridade, en Monterrei, donde no quedó nada. Para hacer frente a este escenario de desolación surgió una iniciativa de la Escuela de Ingeniería Aeroespacial de Ourense, que busca transformar radicalmente la gestión de los montes de la provincia: Nova Terra.
Al frente de este proyecto se encuentra Pelayo Busto, un joven de 21 años que, pese a ser natural de A Coruña, ha desarrollado su visión emprendedora vinculada al campus ourensano y sobre todo a la provincia, porque fue el impacto de ver los centenares de miles de hectáreas quemados lo que le llevó a buscar una solución técnica para un problema que considera «desatendido», la fase de recuperación postincendio.
«Me di cuenta de la necesidad de hacer algo frente a este problema porque las administraciones se centran en la prevención y en la extinción, pero considero que ahora hay una fase muy importante, que es la de recuperación tras el fuego, que está desatendida e incluso lo poco que está atendida tiene procedimientos tradicionales desfasados», valora el joven ingeniero.
Drones y satélites
Para él, el problema de fondo es estructural y generacional, «hace 40 o 50 años la gente vivía del monte, lo cuidaba y lo limpiaba. A día de hoy el monte está solo, abandonado y mayoritariamente en manos de personas mayores que, aunque les gustaría hacerlo mejor, no pueden y no tienen relevo generacional», lamenta apuntando que ese abandono es, a su juicio, «combustible» para los macroincendios actuales.
Frente a esto, su proyecto Nova Terra propone un cambio de paradigma mediante «un software que combina ciencia y datos. El sistema se nutre de imágenes satelitales y del empleo de drones para generar mapas de severidad, para conocer los daños reales sobre el territorio y realizar estudios topográficos» que permitan actuar con rapidez para evitar la erosión. «Nuestra intención es combinar ciencia, datos y tecnologías para lograr un perfil más tecnológico del ámbito forestal ante los procesos tradicionales, que al final pueden ser más subjetivos», defiende el estudiante.
Uno de los puntos que considera más crítico es la erosión inmediata tras el fuego, «esa película de ceniza que queda en la superficie es hidrófoba e impide que el agua filtre, si no se actúa en el momento idóneo y con rapidez la pérdida de nutrientes es mucho más grande», señala.
Con todo, el software no solo tiene un fin ecológico, sino también social, especialmente pensado para las comunidades de montes. Tanto a ellas como a los particulares les permitirá «tomar decisiones basadas en datos objetivos. En el ámbito forestal las magnitudes son tan grandes que lo más importante es optimizar los recursos lo mejor posible, nosotros buscamos trasladar las decisiones idóneas basándonos en datos, así que con nuestra tecnología no habría discusión ninguna sobre cuáles serían esas decisiones a tomar», expone Pelayo Busto.
ADN emprendedor
Nova Terra no es un esfuerzo individual, Busto comenzó el proyecto a solas, pero ya cuenta con el apoyo de Iago Lijó, otro estudiante de Ingeniería Aeroespacial del campus de Ourense, y de Martín Barros, un alumno de Inteligencia Artificial de A Coruña. Juntos forman un equipo que une lo tecnológico con la visión emprendedora y trabajan en la incorporación de técnicos forestales y desarrolladores para perfeccionar su producto. «Estamos en un periodo de test de mercado, haciendo encuestas y entrevistas para saber qué es lo que necesitan los clientes y cómo podremos financiarlo y financiarnos», detalla Busto sobre su estrategia a corto plazo.
Por el momento, el proyecto ya ha ganado visibilidad gracias a su paso por el programa Incuvi de la Universidad de Vigo, donde fue uno de los premiados, y más recientemente en la Feria Inspiro, en Expourense, donde Nova Terra fue de nuevo galardonado. Pero, para Busto, lo mejor fue la experiencia: «me permitió hablar con personas muy importantes y hacer networking, algo que es fundamental porque los jóvenes necesitamos nutrirnos de la experiencia de gente que conoce los sectores desde dentro y que creó sus propias empresas para poder hacer las nuestras», ensalza agradeciendo la formación recibida en ambos programas.
Así, pese a su juventud, el coruñés garantiza que esta aventura empresarial es una vocación clara. «Siempre he sabido que mi camino no era el de funcionariado o el de opositor, me gusta emprender, tirar por lo que creo y por lo que pienso y esto es lo que me mueve y lo que me apasiona», dice el creador de Nova Terra, quien, con todo, destaca que el motor del proyecto es humano; «necesito el apoyo de mi familia y de mis amigos que siempre han estado ahí. Uno a veces tiene altibajos o dudas de confianza y tenerlos a ellos detrás es fundamental». Un impulso personal que, en una provincia marcada por el fuego, busca convertir la recuperación del monte en un proceso guiado no solo por el paso del tiempo.
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