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Más de un tercio de las mujeres migrantes en Ourense nunca han asistido a una clase virtual online, según un estudio

Un estudio de la UVigo revela que las mujeres migrantes en Ourense presentan importantes desventajas en competencias digitales, como la participación en clases virtuales o el conocimiento de ciberseguridad.

Mujeres migrantes de Ourense en una jornada intercultural

Mujeres migrantes de Ourense en una jornada intercultural / Iñaki Osorio

Ourense

unque a veces parezca un concepto abstracto, la brecha digital de género tiene rostros y localización. Un estudio de la UVigo ha analizado las desventajas en cuanto a competencias tecnológicas que viven las personas extranjeras residentes en Ourense, y las conclusiones han sido esclarecedoras: un tercio de las mujeres del estudio nunca ha participado en una clase virtual online, y este mismo género solo presenta habilidades significantemente mayores a las de los hombres en el 7,4% de las cuestiones planteadas.

Esto son los principales resultados del artículo Brecha digital de género en migrantes: las excluidas dentro de las excluidas, del investigador Claudio Muñoz Rojas, que actualmente cursa el doctorado en Ciencias Sociales en el campus de Ourense. Su investigación consistió en una encuesta cualitativa con 27 preguntas sobre competencias digitales, desde las cuestiones más básicas hasta conocer si la comunidad extranjera de la ciudad crea contenidos audiovisuales o se protege ante posibles ataques cibernéticos. De una población objeto de alrededor de 800 personas, un total de 121 respondieron a la encuesta de las cuales 114 respuestas, todas de personas mayores de 18 años, fueron válidas para el análisis. Al difundirse a través de grupos de WhatsApp de una fundación ourensana dedicada a la población extranjera, por lo que la gran mayoría de los encuestados viven en la propia ciudad de As Burgas.

El objetivo era determinar la incidencia de la brecha digital entre hombres y mujeres, y entender cómo les afecta esta desventaja en la vida real mediante una escala Likert, es decir, que daba a los encuestados a elegir una puntuación cerrada entre cinco niveles de hábitos, donde el 1 es «nunca» y el 5 es «siempre». Los resultados revelaron que sí existen estas diferencias en el uso de Tics (tecnologías de la información y la comunicación) entre hombres y mujeres, las cuales «no se sitúan tanto en el acceso inicial a la tecnología (...) sino en la posibilidad real de transformar esos recursos en capital digital significativo», como explica el autor en su discusión. Las cifras avalan esa información: el porcentaje de logro (que mide cuánto se acerca cada grupo al nivel máximo de competencia en cada cuestión) revela que más del 80% de los encuestados, tanto en hombres como en mujeres, usan con frecuencia el correo electrónico o las redes sociales, comparan a menudo información de distintas fuentes o no tiene problemas a la hora de adjuntar un archivo en un e-mail, con apenas diferencias de hábitos entre géneros.

Ciberseguridad y creación digital, las mayores brechas

Sin embargo, los peores resultados llegan en ámbitos de ciberseguridad y creación digital, donde la frecuencia de respuesta (el promedio de puntuación, entre 1 y 5, que los encuestados pusieron en las preguntas) son las más bajas entre las mujeres: la mayoría no tiene información sobre Copyright o licencias de derechos de autor (1,86), experimenta dificultades para mejorar sus competencias digitales (3,3), instalan pocos o ningún antivirus en sus móviles y ordenadores (2,69 y 3,57, respectivamente) o han tenido limitadas experiencias con herramientas pedagógicas virtuales. Es este último apartado el que Muñoz Rojas considera «particularmente complejo saliendo de un escenario de pandemia Covid-19, donde la única posibilidad de estudiar era en formatos no presenciales», y, sin embargo, alrededor de un 30% de las encuestadas declararon no participar en una clase virtual online en plataforma como Zoom o Skype, mientras que la mayoría casi nunca (2,2 de promedio) ha utilizado plataformas digitales para clase como Moodle, pese a ser esta la herramienta utilizada por todo el sistema educativo público para sus aulas virtuales en Galicia.

En cuanto a la discrepancia de respuestas entre géneros, 13 de las 27 preguntas consiguieron frecuencias similares, en las que el promedio de puntuación entre hombres y mujeres varía menos de un 0,1. Sin embargo, la distribución en las cuestiones en la que sí hay una brecha indica a todas luces que queda trabajo por hacer, pues 12 de las 14 preguntas con una variación considerable de respuesta entre géneros deja a los hombres con puntajes más altos. La principal discordancia se encuentra justamente en la primera pregunta, del cuestionario «¿Buscas información de tus intereses en internet, más allá de las redes sociales?», donde la respuesta media masculina es de 4,5 y un porcentaje de logro del 90%, mientras que en el caso de las mujeres el éxito desciende al 82%, con un promedio de puntuación del 4,12. Le sigue de cerca en discrepancia los conocimientos y usos de copyright (una variación del 35%) y la capacidad para poder editar un vídeo (3,29 de hombres frente al 2,96 por ciento). En el caso contrario, los campos en los que las mujeres dominan no son precisamente los de más alto valor: tienen un 0,14 más de cuidado con sus datos personales en redes sociales, pero también es el género que más tiempo pasa delante de las pantallas, pues la media femenina sobrepasa a veces las 8 horas diarias (3,05 de puntuación), mientras que los hombres se quedan a medio camino del «casi nunca» en este aspecto, con un 2,76 de promedio. En conclusión, el autor determina en relación con estos datos que las mujeres migrantes ourensanas «están más expuestas a ser víctimas de violencia, como estafas, robos, amenazas y vulneraciones a todo tipo de derechos a través de formatos digitales».

A Muñoz Rojas no le preocupa únicamente la brecha de género en competencias digitales, sino la diferencia que pueda experimentar la comunidad migrante en su conjunto. Tras analizar los datos, califica los conocimientos de los extranjeros ourensanos de «en términos generales, limitado». «Aunque se observan niveles relativamente altos de desempeño en tareas básicas, las medias descienden de forma notable cuando se trata de usos más avanzados», lo que le lleva a calificar al internauta promedio de «usuario funcional básico: capaz de operar en entornos digitales cotidianos, pero con dificultades para transitar hacia un uso más crítico, creativo y productivo de las tecnologías».

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