Sociedad
Aixiña cumple 25 años sirviendo más de 240.000 menús anuales en Ourense
El servicio de restauración y catering de la entidad celebra este 2026 sus bodas de plata con 32 empleados —el 88% con discapacidad— y una cocina capaz de producir hasta 2.500 comidas diarias

Parte de la plantilla de trabajadores de la cocina de la asociación. | IÑAKI OSORIO
Lo que comenzó en el año 2001 como una apuesta decidida por la inserción laboral en la ciudad se ha convertido, veinticinco años después, en una maquinaria logística y social sin parangón en la provincia. Aixiña celebra el cuarto de siglo de vida de su servicio de restauración y catering presentando unas cifras que avalan su solvencia: 241.133 menús anuales servidos desde su cocina central según su última memoria. Este volumen de producción no solo alimenta a centros escolares y empresas, sino que sostiene un modelo de integración real donde el corazón del servicio, la cocina, está gestionado por 32 trabajadores, de los cuales el 88% son personas con discapacidad.
El éxito de Aixiña reside en la profesionalización de su plantilla. La entidad, que cuenta con 130 empleados en total, ha logrado que la dependencia de personal sin discapacidad para tareas de apoyo sea mínima. «Tener un 82% de personas con discapacidad en el cómputo global, y subir hasta el 88% en cocina, significa que ya no dependemos tanto de gente sin discapacidad para apoyar los servicios; hay una integración laboral real y efectiva», explica la educadora social de la entidad, Susana Álvarez, quien indica que, como Centro Especial de Empleo, «hay que mantener un mínimo de un 70% de personas con discapacidad contratadas».
Autonomía tras los fogones
En la cocina el ritmo de trabajo es maratoniano. Esta «fábrica» de alimentos comienza a funcionar cada día a las 07.30 horas de la mañana, cuando entra el primer turno de personal. El momento crítico, conocido internamente como «el gordo de la cocina», se produce sobre las 12.30 horas, ventana de tiempo en la que deben empezar a salir los caterings por estricto orden de ruta para garantizar la temperatura y el servicio, porque Aixiña lleva sus platos a residencias, empresas, guarderías, comedores escolares y particulares, entre otros.
Es por ello que una vez despachada la demanda externa, el equipo se vuelca en el servicio de sus propios centros de día y residencia, dejando la tarde para que el personal auxiliar realice una limpieza profunda de los contenedores de catering y las preparaciones previas para el día siguiente, una jornada que se extiende hasta las 18.00 horas
Así pues, la capacidad logística del servicio de restauración es su activo más complejo. Con una infraestructura capaz de producir hasta 2.500 comidas al día, la entidad ha diseñado un sistema de tres rutas de reparto que funcionan bajo «un estudio milimétrico de tiempos y distancias», dice Susana. La puntualidad es innegociable, ya que de ella dependen los repartos que se esperan a horas muy concretas, como los de los dos centros escolares Divino Maestro y el Cardenal Cisneros, además de diversas guarderías infantiles de la ciudad.
Además del personal de cocina, para garantizar que ningún imprevisto detenga el servicio, Aixiña cuenta con un equipo de conductores que, además de su labor al volante, están formados como manipuladores de alimentos. Esto permite que ante cualquier baja médica o incidencia, cualquier chófer de la organización pueda asumir el reparto con plenas garantías.

Pelar patatas no es labor menor en este servicio. | IÑAKI OSORIO
La entidad ha sabido ser un pulmón de los servicios sociales de la capital. «Cuando el programa municipal Xantar sobre Rodas del Concello de Ourense sufrió interrupciones, Aixiña actuó como una muleta necesaria para que decenas de mayores y dependientes no se quedaran desatendidos», recuerda a este respecto la educadora social.
Hoy, ese compromiso se traduce en 35 menús individuales diarios para particulares, sumados a los 18 servicios que viajan diariamente al Concello de A Merca —su punto de entrega más distante y el último en incorporarse a la lista— y en los 50 menús personalizados que se entregan en empresas del polígono industrial.
Los sabores «de toda la vida»
A pesar de la magnitud industrial, la apuesta por el «sabor de toda la vida» no está en juego. «A los mayores a los que les llevamos los menús individuales les gusta nuestra comida porque es hecha como siempre, es comida muy casera, muy rica y con los sabores de toda la vida, prácticamente no hay nada precocinado», ensalza Álvarez.
Los platos de cuchara como la fabada, el caldo gallego o el cocido son su garantía de éxito. Pablo Cachaldora, uno de los cocineros de la entidad, se encarga de subrayarlo: «se nos da tan bien y tiene tanta fama que los autobuses de turistas no falla, siempre piden el caldo, incluso en pleno mes de agosto, pese a estar a más de 40 grados». No obstante, la cocina ha sabido innovar para adaptarse a los nuevos tiempos, hay opciones para celíacos y menús veganos. «Hacemos incluso salchichas que no son salchichas, es tofú. También hamburguesas que tampoco llevan carne, pero lo que más nos piden son platos de ternera», arroja Cachaldora.
Efecto AVE
A lo largo de 25 años al sector de restauración de Aixiña le ha dado tiempo a innovar y a detectar cambios, pero el último y más notorio no llega al lustro: la llegada de la Alta Velocidad.
La conectividad ferroviaria ha transformado las oportunidades de negocio de la entidad porque ha permitido que productoras cinematográficas elijan Galicia como plató para sus rodajes y Aixiña como restaurante. La última ocasión fue «en Vigo a finales del 2025, una producción de tres meses que nos hizo desplazar equipos para dar servicios diarios», comentan desde la asociación sin dar el nombre de la película porque todavía no se ha estrenado.
Tras tantos años, no está todo hecho, la asociación guarda un reto pendiente, «en Allariz llevamos también el restaurante Acea da Costa, un antiguo molino rehabilitado que las restricciones de Patrimonio nos impiden que sea tan accesible como nos gustaría poder hacerlo» dicen desde una entidad que lleva 25 años defendiendo un modelo donde la inclusión ha dejado de ser un objetivo para convertirse, sencillamente, en la forma de trabajar.
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