Educación Inclusiva
Un colegio de Ourense integra a Coraima, alumna sorda, adaptando el aula y enseñando lengua de signos a sus compañeros
El CPI Terras de Maside ha adaptado su entorno con pictogramas y lengua de signos, y el profesorado recibe formación específica, logrando que Coraima pase de aislarse a comunicarse con sus compañeros

David Alján
En un aula de Educación Primaria del CPI Terras de Maside, los niños y niñas dan los buenos días besándose los dedos de la mano y deslizando su palma por detrás de la otra. En la pizarra, debajo de la tiza que escribe el día del año, unas fotografías expresan también las palabras en lengua de signos, al igual que en los pupitres, donde al lado del nombre de cada alumno una pequeña imagen muestra su signo dactilológico.
Lo mismo pasa con el abecedario en la puerta, los murales de los pasillos, los libros de texto... todo está planteado para que una persona sorda pueda sentirse lo más integrada posible. Y no es un proyecto o un juego lo que lo promueve: es el esfuerzo colectivo de un centro (y la «suerte» de contar con los recursos necesarios) por no dejar a nadie aislado, y que ha conseguido que una pequeña pase de no tener interés por comunicarse a recorrer los pasillos para tener conversación.
Coraima y el trabajo dentro del aula
La protagonista de este empeño por la inclusión es Coraima, alumna de 3º de Primaria y con una gran pasión por el baile que, desafortunadamente, sufre desde nacimiento una discapacidad auditiva que le impide escuchar. Tras una etapa difícil en Educación Infantil, en la que se le complicaba comprender su entorno y se comunicaba solamente por signos propios creados en su familia, estando ya en 1º de Primaria consiguió ser operada para tener implantes cocleares, lo que permitió que pudiera acudir a las aulas más a menudo. Fue entonces cuando el colegio solicitó a Educación un profesional de atención preferente para tratar la rehabilitación y el trabajo de fondo que se ha de hacer con este tipo de intervenciones.
Su demanda trajo al centro a Natalia, que desde el curso pasado atiende casi exclusivamente las necesidades de Coraima intentando que la mayoría de lo que se realice sea dentro del aula: «Fundamentalmente potenciamos a inclusión co seu grupo de referencia. Si que é certo que o ano pasado estivemos máis tempo fóra porque tivo que aprender practicamente de cero tanto a lingua de signos como traballar o implante, pero intentamos que pase todo o tempo que pode cos seus compañeiros».
Esta inclusión se logra adaptando las materias a sus necesidades, como en el caso de las lenguas, en las que en vez de aprender vocabularios por lectura silábica, trabaja la asociación palabra-imagen. Pero la adaptabilidad se trabaja también fuera del propio aula, pues el centro ha terminado hace poco un proyecto de accesibilidad visual con el que ha adaptado la cartelería de las dependencias del centro para que también aparezcan con pictogramas y en lengua de signos: «Ela comprende todo o que sexan imaxes, e ao ter o apoio visual dunha persoa signando á carón de cada nome, identifica claramente cada aula», explica Natalia. Para ampliar las facilidades a la zona de recreo, el centro plantea recibir una formación en patios inclusivos.

La clase de 3º de Primaria del CPI Terras de Maside / David Alján
La clase de signos como herramienta de convivencia
La inclusión no solo implica que Coraima pueda comprender su entorno, sino también que se pueda comunicar por él, y el Terras de Maside también ha trabajado este aspecto desde su llegada al centro. El colegio contactó con la Federación de Asocacións de Persoas Xordas de Galicia, quien comenzó a enviar a una especialista en lengua de signos semanalmente, y desde entonces, cada lunes se imparten dos sesiones para aprender a signar: una única para Coraima, y otra para enseñar al resto de su aula.
Dafne, Xavi, María Rosa o Natalia son algunas de las inspiradoras pequeñas almas que, con tan solo 8 o 9 años, están llevando a cabo sin saberlo una labor de alta humanidad que ellos interpretan como una simple clase divertida: «Ao principio foi un pouco difícil, pero logo xa foi fácil. A mestra fala pero é xorda, e cando está con nós fala en lingua de signos para que nos adiviñemos o que é», cuenta Lucía. Partieron de conceptos básicos, como dar los buenos días con el que ahora saludan a quien entra por clase, o adoptar un signo que represente su nombre en la lengua. Ahora, con menos de dos años de trabajo detrás, ya saben deletrear el alfabeto dactilológico con soltura, y tener un vocabulario base con el que poder comunicarse con Coraima: «Ao principio a algún máis que outro custáballe, como é lóxico ao ser algo novo, pero integráronse moi ben dende as primeiras clases e están moi ilusionados con todo o que facemos», explica Natalia. Esta misma destreza les ha animado a participar en el concurso «Cantamos coas Mans», en el que 15 centros de Galicia han interpretado una canción en lengua de signos en un vídeo de YouTube.
Si algo saca en claro Natalia de su experiencia en el Terras de Maside es que la buena voluntad que ha mostrado el centro para integrar a Coraima ha sido tan importante como los recursos disponibles para hacerlo. Esta predisposición se vio patente a la hora de signar, pues el profesorado participa en formaciones específicas para aprender la lengua: «O primeiro ano fixérono só os docentes que ía ter trato directo con ela, pero este curso foi máis alá e animáronse todos, dende infantil ata secundaria, pasando por primaria, a recibir esta formación». Un colegio volcado con Coraima, que ya empieza a dar satisfactorios resultados en el día a día, pues según cuentan sus profesores, «pasou de non ter ningún tipo de interese en comunicarse, porque non comprendía o entorno arredor, a percorrer os corredoiros para preguntarlle a toda a xente quen é e como se chama».
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