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Llega la primavera

Ourense se llena de fe y explosiones coloridas por San Lázaro

La ciudad de As Burgas celebró las fiestas en honor al santo con sus celebraciones más tradicionales: la secular Queima das Madamitas, la alborada con gigantes y cabezudos y la feria en el Parque San Lázaro

Ourense

Se hizo breve la misa en la iglesia de Santo Domingo. Y es que la fe es una parte imprescindible de las fiestas en honor a San Lázaro que tenían lugar en la ciudad de As Burgas este fin de semana, pero con uno de los primeros domingos con sol radiante del año (prácticamente se alcanzaron los 25 ºC a lo largo de la tarde) apetecía pasar el menor tiempo posible en espacios interiores. En cuestión de media hora se acabó la liturgia, y la cuestión religiosa pasó a las calles con la correspondiente procesión, en un centro de Ourense que se volcaba con sus fiestas.

La estatuilla de San Lázaro partió de la calle de Santo Domingo escoltada por una banda de gaitas y una amplia comitiva de vecinos, y portada a hombros por unos pocos elegidos, llegó hasta la iglesia de los Franciscanos, frente al parque homónimo al santo. Apenas daban las 12.00 horas, quedaba todavía un rato largo para el evento central, y para aguardar la espera había dos opciones: recorrer los puestos de feria con productos artesanos, que por una ocasión al año se situaban en su antaño hueco a las escalinatas del parque San Lázaro; o quedarse por las calles del centro histórico que ya sonaban a alborada recorridas por un grupo de gaiteiros y, cómo no, los gigantes y cabezudos que llegaban con ganas de trasnadas entroideiras. Lobos, demonios o payasos intentaban robar copas en las terrazas, sacar a bailar un pasodoble a los presentes o trataban de ganarse los favores de los más pequeños, que los conocían por primera vez en una mezcla de miedo y asombro.

A queima das madamitas, o gran momento

Pero el momento que todos esperaban llegaba en la Subdelegación del Gobierno, cuyas calles estaban cercadas para un gran espetáculo de origen medieval: las madamitas, muñecos de alambre y papel elaborados desde el siglo XII, volvieron a arder para ahuyentar los «malos espíritus» del invierno, dar la bienvenida a la primavera y anunciar la llegada de la Semana Santa. Por turnos, pequeños afiladores o lustrabotas subidos en las alturas giraron sobre sí mismos a gran velocidad mientras lanzaban petardos, hasta llegar a romperse en mil pedazos con una importante explosión acompañada de lanzamiento de confeti y bombas de humo de colores, que dieron el toque más festivo posible. La primavera había llegado de facto a Ourense.

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