Historia y naturaleza
Memoria de la guerra y huella del fuego en la vieja mina de la Alemania nazi en una de las cumbres de Galicia
Una veintena de voluntarios emprende este fin de semana trabajos de limpieza y retirada de escombros, los pasos iniciales para salvar de la ruina Valborraz, en el municipio ourensano de Carballeda de Valdeorras. Este antiguo yacimiento minero fue un enclave estratégico en la Segunda Guerra Mundial por el volframio. También se utilizó como destacamento penal para cientos de presos republicanos. Tras décadas de abandono, uno de los incendios que arrasaron Valdeorras en 2025 agravó el daño en este lugar histórico, en la alta montaña de Galicia. «Las administraciones deben implicarse», demandan los participantes en esta campaña

Viaje a la mina de la Alemania nazi en el interior de Galicia / Brais Lorenzo

En una de las zonas de mayor altitud de Galicia, a más de 1.200 metros sobre el mar, la Alemania nazi explotaba un yacimiento de volframio que fue un lugar estratégico en la Segunda Guerra Mundial. La mina de Valborraz, en Casaio, cuya gestión inicial a principios del siglo XX estuvo en manos de los belgas, es conocida también como la mina de los alemanes, que la aprovecharon entre 1938 y 1945. Fue un enclave que se usó también como destacamento penal en los años cuarenta: allí fueron a parar cientos de combatientes republicanos apresados en la Guerra Civil. En este yacimiento de Carballeda de Valdeorras, cargado de historia entre sus muros y galerías bajo tierra —también albergó capítulos de estraperlo, en la posguerra—, en un territorio cuya orografía definen décadas de actividad pizarrera, un fuego del pasado verano, tras la ola de incendios que arrasó la comarca y mantuvo a la provincia de Ourense en situación de emergencia, causó estragos en viejas estructuras de la mina. Se destruyeron gran parte de los tejados de los edificios que aún se conservaban tras el paso del tiempo. El incendio de 2025 agravó décadas de abandono.
Una iniciativa de voluntariado lleva a cabo este fin de semana una campaña de limpieza impulsada por la asociación científica Sputnik Labrego, el albergue Eco dos Teixos y la comunidad de montes de Casaio y Lardeira. El objetivo es recuperar parte de las instalaciones del complejo de Valborraz, que diseminó decenas de edificios y estructuras por estos montes de Trevinca. Una veintena de personas de distintas procedencias en Galicia, algunas también de León, se unen para retirar los escombros en edificios del conjunto industrial del yacimiento: así comienza la recuperación de este enclave de relevancia histórica. Los incendios son la última huella en un paisaje muy alterado por la actividad humana.

Imagen aérea, de dron, en la que se aprecian las distintas construcciones del complejo minero de Valborraz. / BRAIS LORENZO
Tras la devastación del fuego, la panorámica de la naturaleza sigue dominada por el negro. Las técnicas de ‘mulching’, con el esparcimiento de paja para frenar la erosión, ayudaron a que surgiesen brotes verdes, pero la sucesión de intensas lluvias y nevadas, durante los meses de enero y febrero, supuso un peso añadido en un terreno que, entre agosto y septiembre de 2025, se convirtió en una vasta extensión de ceniza y de naturaleza muerta.
Unos días después del incendio forestal de mayor extensión de la historia de Galicia desde que existen registros —casi 32.000 hectáreas resultaron calcinadas por las llamas en varios municipios de Valdeorras, debido al paso de un frente que comenzó en Larouco—, un fuego posterior que entró desde la provincia de Zamora afectó a más de 5.000 hectáreas entre Carballeda y A Veiga, dañando varios parajes naturales de un elevado valor ambiental, como Pena Trevinca, el entorno del Teixadal de Casaio o el antiguo glaciar da Lagoa da Serpe.
En los primeros días de septiembre, una reactivación de este segundo frente, o bien un fuego de nuevo inicio —aquí difieren las impresiones—, afectó a Valborraz, zona de actuación de los voluntarios este fin de semana. La antigua mina era uno de los yacimientos de este mineral más importantes entre los que surgieron durante la denominada «Guerra del Volframio», en el contexto de la II Guerra Mundial. Este elemento era estratégico para la fabricación de material bélico. La de Casaio fue una de las docenas de explotaciones activas en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, pero la mina de Valborraz no solo sobresalía por la cantidad de material extraído de las montañas, sino que fue la única gestionada por la Alemania nazi.

Así está en la actualidad el entorno del enclave minero. / BRAIS LORENZO
En noviembre de 2025, los colectivos implicados en la puesta en valor de la memoria de este lugar impulsaron la campaña «Recuperemos Valborraz», con una recaudación de fondos para invertir en la conservación y la potencial mejora de este enclave, único. «Gracias a la generosidad de muchas personas, se materializa esta primera campaña de limpieza», dice Carlos Tejerizo, presidente de Sputnik Labrego.
Pedro Domínguez, vecino de Casaio, es el propietario del albergue Eco dos Teixos, uno de los principales recursos turísticos de Valdeorras y Trevinca. «Aquí únense a historia e o patrimonio natural. Perder isto sería unha catástrofe. No outono, tralo lume, non veu case ninguén. A neve en inverno xerou movemento e agora chega a primavera: a neve marcha e todo volve quedar negro. Son moi importantes as accións coma a desta fin de semana, para apoiar a recuperación deste lugar», dice.

Un hombre arroja escombro en una de las zonas de actuación de los voluntarios. / BRAIS LORENZO
«Este lugar non pode quedar en ruínas, senón converterse nun espazo de memoria»
«Los incendios del pasado verano fueron el último paso de una larga serie de afecciones registradas en esta mina desde su abandono definitivo», pone en contexto Tejerizo. El fuego resultó «especialmente perjudicial», añade. Los voluntarios cooperan en la limpieza de las dependencias de la antigua enfermería y la vieja cocina de los barracones de los trabajadores en las décadas de los cincuenta y sesenta, que antes ocuparon los presos republicanos. Este domingo seguirán en otras estancias, como el edificio de administración.
Las tareas de desescombro están ofreciendo sorpresas felices, como el hallazgo de antiguos objetos de la ocupación en el siglo pasado, rescatados de los residuos. El deseo de futuro es que puedan formar parte de un museo. «As administracións deben implicarse de forma activa para facer o lugar visitable. O ideal sería conservar as estruturas deste lugar con tanta historia. Por exemplo, o lavadoiro aínda contén maquinaria impresionante e achega contexto sobre as mulleres que alí traballaban. Este lugar non pode quedar en ruínas, senón converterse nun espazo de memoria, con paneis interpretativos e informativos, e zonas visitables, tamén para os centros escolares, para que así poidamos entender mellor a nosa historia. Queremos conservar a súa memoria», describe Pedro Domínguez.

Un voluntario retira una viga quemada de una construcción de la antigua explotación minera. / BRAIS LORENZO
Los edificios afectados por el fuego de 2025 son centrales para la comprensión del enclave, los primeros que se ven al llegar a la mina. La retirada de escombros, que ayuda a mejorar la seguridad, representa «un primer y humilde paso para revertir el estado de deterioro de la mina; la primera campaña de muchas, esperamos», dice Tejerizo. «El objetivo es dar pasos hacia adelante frente al estado de ruina del que pensamos es uno de los enclaves industriales más emblemáticos del noroeste peninsular», subraya.

Una visita en las galerías subterráneas. / BRAIS LORENZO
Los estudios de historiadores como Isidro García o Tomás Terrón, más los trabajos arqueológicos y antropológicos de recogida de memorias sobre la mina, por parte de Sputnik Labrego, «muestran su singularidad y la necesidad de protegerlo como un patrimonio único que no podemos perder».
La acción de voluntariado incluye una parte de divulgación, con un recorrido por el complejo y charlas sobre la historia del yacimiento. Uno de los objetivos es «hacer partícipe a la ciudadanía en las tareas de conservación del patrimonio», además de «llamar la atención» de las administraciones competentes, «para que actúen y no dejen morir este enclave histórico, donde tantas historias tuvieron lugar y pueden quedar quemadas y enterradas para siempre», avisa Tejerizo, para frenar la inacción, para restaurar la memoria histórica.
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