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Universidad

Marcos, Alejandro y Anxo: los universitarios de Ourense detrás de Loomi, la IA que revoluciona la enseñanza infantil

Tres estudiantes del campus desarrollan una herramienta pedagógica que personaliza relatos infantiles y que les ha valido un premio Incuvi de la Uvigo

Marcos Martinez , Anxo Lameiro y Alejandro Sirvent, los responsables del proyecto.

Marcos Martinez , Anxo Lameiro y Alejandro Sirvent, los responsables del proyecto. / Iñaki Osorio

Ourense

En un ecosistema donde la Inteligencia Artificial suele generar tanto fascinación como recelo, un grupo de estudiantes del Campus de Ourense ha decidido darle un propósito puramente pedagógico. Alejandro Sevant, Marcos Martínez y Anxo Lameiro están detrás de Loomi, una herramienta capaz de generar relatos infantiles personalizados en cuestión de segundos, diseñada específicamente para servir de apoyo a docentes de infantil y primaria, así como a familias que buscan una educación más dinámica y que a ellos les ha servido para alzarse como uno de los equipos ganadores de los premios Incuvi de la Uvigo.

«Al principio no esperábamos llegar tan lejos, pero una vez que fuimos superando fases la verdad es que confiábamos en ganar porque demostramos a los jueces qué intenciones teníamos y cómo pretendíamos llevarlas a cabo». Es Marcos quien habla y quien cuenta qué fue exactamente lo que presentaron: «La idea surgió en mi día a día en mi casa. Yo tengo un hermano pequeño y me fijaba que a la hora de hacer los deberes le costaba todo mucho más si no era ameno y entretenido, ahí pensé en lo fácil que podría ser enseñar a partir de cuentos».

Con esa idea habló con Alejandro, amigo personal y compañero del grado de biología, que aceptó de buen grado el reto de «ver si algo así sería viable». Sin conocimientos ni en pedagogía, ni en magisterio o informática, su primer paso fue aplicar el rigor científico y «comenzar a investigar en artículos y papers publicados si esta observación tenía base real».

Descubrieron que, efectivamente, el storytelling y la personalización de contenidos son herramientas clave para mejorar la retención de conocimientos en los menores. Sin embargo, para convertir esta evidencia científica en una herramienta tecnológica viable, el equipo necesitaba un perfil técnico. Fue entonces cuando incorporaron a Anxo, estudiante de Ingeniería Informática en el campus de Ourense, quien se encargó de evaluar la viabilidad del proyecto y seleccionar las herramientas adecuadas. «Me interesaba porque trataba un tema como las IA, que es muy actual, y me permitía aplicar mis conocimientos de la carrera en un proyecto personal», explica el futuro ingeniero.

Esta combinación multidisciplinar entre biólogos e ingenieros ha sido, según ellos mismos reconocen, la clave para cubrir todas las necesidades del proyecto, aunque también «la Facultad de Ingeniería Informática del campus, porque esto es totalmente tecnológico y sin sus espacios no sería posible», subrayan.

El producto

El funcionamiento de Loomi está siendo pulido minuciosamente por el equipo. «Actualmente utilizamos la tecnología de la IA de Google como base, pero trabajamos intensamente en el «prompteado» y la exploración de formatos para asegurar que la calidad de loas creaciones sea la óptima. No queremos ofrecer cuentos que en verdad no aporten nada», señala Anxo, quien se encarga de que el formato sea el correcto y la narrativa tenga un valor pedagógico real, porque el foco de las narraciones infantiles serán dos «cuentos centrados en entender las emociones y los sentimientos y otros planteados para comprender conocimientos de los ejercicios escolares a través de historias de fantasía, por ejemplo, que un pirata ayude a entender las fracciones».

Aunque el producto aún no está en el mercado, se encuentra «en una fase de desarrollo aceptable tras apenas unos meses de trabajo intenso que comenzaron a finales del pasado verano».

El gran salto de calidad se produjo con la entrada en el programa de emprendimiento Incuvi de la Universidad de Vigo. Tras resultar ganadores, el equipo ha sentido que el proyecto se «profesionalizaba» y «aceleraba». Según relata Marcos, el programa les ha aportado «a guía empresarial necesaria, con tutores y eventos que nos ayudan a gestionar tareas complejas y a cumplir plazos estrictos». Ejemplifica que «antes podíamos pensar que una tarea llevaba una semana y ahora tenemos a quién consultar para saber si realmente llevará un mes», explica, destacando la importancia de este seguimiento para que los recursos no se demoren.

A corto plazo

Dentro de esta estructura, los roles están bien definidos, pero funcionan de forma horizontal. Marcos asume la coordinación y los plazos; Anxo lidera el desarrollo técnico; y Alejandro se encarga de la dirección de producto, la gestión de la comunicación y la creación de la marca. A pesar de esta especialización, todas las decisiones importantes se toman por consenso tras un proceso de información individual.

Uno de los pilares que Alejandro está trabajando con más celo es la identidad de marca y la seguridad. Al dirigirse a un público infantil y escolar, la privacidad se ha convertido en una cuestión prioritaria «Estoy cribando información sobre aspectos de privacidad, ya que hablamos de escuelas y niños», apunta Servant, quien también diseña la estrategia para llegar a su público objetivo principalmente a través de las redes sociales. «El objetivo es atraer a profesores con ganas de enseñar de forma diferente y a padres que busquen alternativas menos tecnológicas —como un libro generado por ellos mismos frente al uso pasivo de la tecnología», sostienen los tres jóvenes.

Así, a la pregunta de por qué Loomi, la explicación del nombre recoge un resumen de todo el proyecto, «condensa toda esta filosofía pedagógica. Proviene del término inglés loom, que significa telar, y nosotros lo que queremos es tejer historias que allanen el proceso de aprendizaje de los más pequeños, por eso está en diminutivo, para que sonara más cercano e infantil, reforzando la idea de crear algo bonito para ellos», sostiene el equipo que, con el premio bajo el brazo, se propone un reto: «la puesta en marcha de un programa piloto en centros escolares para validar el uso de Loomi en las aulas».

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