Violencia de género
Oyó los gritos de una víctima de violencia machista en O Barco de Valdeorras y llamó a la policía: el testimonio del vecino, una de las claves para condenar
La perjudicada cambió de versión en el juicio, celebrado en Ourense, pero la magistrada se basa en el parte de lesiones, la declaración del alertante y el relato inicial de la mujer para sentenciar al acusado. Él se presentó en el domicilio tras una noche de fiesta con la intención de ver al hijo en común

El hecho sucedió en O Barco. | I. OSORIO

La magistrada de la Plaza 2 de la Sección de lo Penal de Ourense condena a un hombre de 43 años por malos tratos, por una agresión machista a su expareja en O Barco de Valdeorras. Según la sentencia, que no es firme y admite recurso de apelación a la Audiencia Provincial, el varón acudió al domicilio de la víctima el 20 de enero de este año, a las 11 horas, tras haber pasado la noche anterior de fiesta, y con la intención de ver al hijo de ambos. La conversación inicial dio paso a una discusión. La magistrada considera acreditado que el acusado propinó un bofetón a la mujer y la tiró al suelo. Con ella tendida, le dio otro bofetón y patadas en la espalda. Un vecino, alertado por los gritos, llamó a la Guardia Civil. A causa de la agresión, la mujer sufrió policontusiones y dolor. La magistrada impone al varón 60 días de trabajos en beneficio de la comunidad, que se convertirán en 9 meses de prisión si no presta su consentimiento a esas labores. Si se produjese esa negativa, la pena de prohibición de comunicación y aproximación a la perjudicada pasaría de 1 a 2 años de duración.
En el juicio, él negó la agresión y culpó a su expareja de empezar a tirar cosas. Según la versión del varón, se limitó a agarrarla para que no lo golpease. La mujer cambió de versión en la vista. Admitió que hubo una discusión, por celos, pero matizó que él no llegó a agredirla ni la tiró al suelo. Ante la contradicción con respecto a lo que había manifestado en el juzgado instructor, la fiscal solicitó la reproducción de su declaración de aquel momento. Entonces ella relató que el varón se presentó en su casa pidiendo ver al niño y ella le dijo que volviese cuando estuviese bien y no hubiese consumido. Tras esas palabras, él se alteró, llegó a romper un plato, le quitó el teléfono y la empujó. Según la versión en instrucción de la mujer, ella entonces se cayó al suelo y, al levantarse, lo agarró por la pierna, pero el agresor le dio patadas en la espalda y el cuello, sin parar. La mujer empezó a gritar y él le tapó la cara y le dijo que se callara o aparecería la policía. Además, la golpeó en el rostro. Su impresión fue que, de tanto gritar, los vecinos avisaron a las autoridades. El acusado fue detrás de incluso cuando llegaron los agentes, añadió ella en la instrucción.
La víctima ha llegado a presentar once denuncias por malos tratos contra este acusado
En el juicio, alegó que la Guardia Civil la había «presionado» para que denunciara, y reiteró ante la magistrada que él no la agredió. Pero un vecino testificó que escuchó los gritos de ella y alertó a la policía. La oyó pedir socorro y, cuando llegaron los agentes, la vio tirada en el suelo, nerviosa y agitada. No era la primera vez que ocurrían hechos similares, añadió.
Para la jueza también supone un elemento clave el parte de lesiones y condena por malos tratos. En cambio, la versión exculpatoria de la mujer en el juicio y la del propio acusado no son compatibles «en absoluto con los datos objetivos». La víctima ha llegado a presentar once denuncias por malos tratos contra este acusado, acciones iniciales que luego fueron retiradas o en las que la perjudicada se retracta después, como en este caso en el juicio. Una situación «nada infrecuente» en el ámbito de la violencia de género, lamenta la jueza. Esa dependencia tóxica es una de las características de la situación de violencia en la que se ven atrapadas las perjudicadas hasta que consiguen salir del bucle. Las autoridades animan a denunciar.
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